LOS TIEMPOS DEL ODIO EN LA GENERACION MILENIAL

Los tiempos del odio no nacieron con los tiempos de internet, pero sin duda la red está dejando palpable el verdadero rostro del ser humano. Sí, no se puede generalizar, pero tampoco se hace gran favor minimizando los graves problemas que tiene la especie humana en cuanto al odio que aflora en estas sociedades enfermas. Una sociedad enferma en esta generación milenial va mostrando un rostro completamente inhumano, donde el ser humano no es más que una pieza descartable en los intereses de ideologías de todo tipo, desde las políticas a las religiosas pasando por todo tipo de economías caníbales.

No se trata de pintar la cárcel que encierra al hombre, sino de derribarla

El hombre que navega va olvidando al hombre que es. No se trata de quejarse por quejarse ni de banalizar las tecnologías, sino de interiorizar que dentro de unas sociedades enfermas, es casi imposible que un individuo se desarrolle de una forma sana. La tecnología no debe ni puede servir para ocultar al sujeto que ha hecho posible llegar a ella, a saber, a la humanidad misma. Uno de los mecanismos que tiene el ser humano para enfrentar esa sensación de vacío que emergen de las sociedades enfermas es un mal menor, pero no menos dañino para el futuro de la especie humana, a saber, las zonas de confort.

La generación milenial tiene el poder de creer y construir otro mundo

En esta  esta era milenial, las zonas de confort se manifiestan en 5G y todo tipo de aplicaciones que hacen olvidar al hombre su responsabilidad consigo mismo y con las otras conciencias sometidas al imperio de las ideologías. El otro, los descartados de estos sistemas inhumanos, se van convirtiendo en una especie de video juego, una realidad virtual, que son olvidados, apagados, nada más pasar a otro juego. El juego del descarte debe continuar so pena de que caiga la red y nos veamos, cara a cara, con los descartados mismos. El juego del poder de hoy en día solo muestra el rostro de los descartados para seguir fomentando sus negocios ideológicos. Negocios, no se puede olvidar, que buscan siempre entrar al templo del dios moderno, a saber, el beneficio económico a cualquier precio. Todo el mal por un puñado de oro. El bienestar de unos pocos se nutre de la sangre y la ignorancia de la mayoría.

LOS TIEMPOS DEL ODIO BAJO SOSPECHA EN LA GENERACIÓN MILENIAL

En estos tiempos de internet el odio vive a sus anchas y las ideologías que fomentan y mantienen a ese terrible virus se baten entre sí con el único fin de sembrar la tierra de nuevas víctimas. No podemos pasar por alto que las ideologías no son más que ideas encerradas entre muros y que solo persiguen el control mental de quienes se dejan atrapar por ellas.

Las ideologías solo dialogan consigo mismas, son incapaces de llegar al otro

En última instancia, no se puede olvidar tampoco que las ideologías, por sí mismas, no pueden hacer daño, sino que el daño se produce por los hombres, de carne y hueso, con nombre propios y apellidos heredados, que sostienen una u otra  ideología. Uno de los problemas de esta enferma sociedad humana radica en el hecho de que sus instituciones, la forma que ha ido organizando los vínculos entre unos hombres y otros, a través de la historia, está regido por las ideologías y no por la ideas. Solemos pensar en las ideologías como un producto político moderno, pero su esencia, el hecho de encarcelar la realidad en unas creencias concretas y obligar a quienes las adoptan a vivir y morir por ellas, es un producto que emerge desde los mismos comienzos de la aparición de la conciencia en aquel homínido que dio el salto hacia el sí mismo, hacia la conciencia de sí mismo más allá de la consciencia de estar.

La generación milenial tiene el reto y el poder de salvarse a sí misma de las garras del odio

Las ideas, en cambio, buscan el conocimiento por sí mismas y no gustan de ser tapiadas o encadenadas a los muros de verdades obsoletas y perniciosas. Las ideas hacen libre al hombre desde el mismo momento que se convierten en un instrumento creador y esto muy a pesar del precio a pagar por ellas muchas veces cuando, como dije, se encarcelan en el mundo ideológico. Las alas de las ideas pueden convertir, y de hecho han convertido, al hombre en prisionero de sí mismo.

El apocalipsis llegará si el hombre no despierta a su conciencia de Ser

   En estos tiempos de internet en los que los tiempos del odio sumergen al hombre en mil problemas mentales, amén de mil obstáculos para alcanzar un modelo de convivencia armónica, la solución no pasa primordialmente por la red, sino en un viaje hacia dentro. El hombre enfermo que lucha por sobrevivir en estas sociedades enfermas de inhumanidad sabe, aunque no pueda entenderlo, que aquello que le ofrecen como solución, los mil y un terabytes de evasión, no son la solución.

Las utopías, el no lugar, darán paso a las eutopías, el buen lugar para convivir

Uno de los posibles caminos, de los infinitas posibilidades de ser, para poner bajo sospecha los tiempos del odio que nacen en los tiempos de internet pasa por ese viaje hacia el Ser que todo ser humano es sin importar que marca ideológica le inocularon al nacer. Todo ser humano es mucho más que la suma de todas las creencias que le inyectaron al nacer. Todo ser humano es mucho más que todas las aplicaciones que descarga para olvidarse de sí mismo y a su alter ego encadenado a la barbarie del descarte. Internet no es la solución, pero sí el catalizador de ese viaje hacia dentro. Hoy en día la comunicación puede ser C2C y no pasar por el filtro ideológico. El reto para la generación milenial es interiorizar que es necesaria la duda de todo aquello que han heredado y que le han mostrado como verdades absolutas. Aunque el reto puede parecer monumental, también tienen el poder de una comunicación en tiempo real y con un aliado vital, su propia conciencia de ser.

La red sirve de catalizador para dejar atrás las ideologías del odio y la muerte

LOS TIEMPOS DEL ODIO EN LA GENERACIÓN MILLENIAL

La generación milenial, aquellos nativos de los tiempos de internet, puede que sea la generación que tendrá en sus manos pasar de una sociedad ideológica, que buscaba el conocimiento para someter y esclavizar a unos hombres sobre otros, a una sociedad ideológica que buscará el conocimiento para rescatar del olvido al Ser que toda conciencia es. Y como consecuencia de una mayor armonía social, adentrarse en el conocimiento mismo del universo y todas sus maravillas.

No se puede llegar al conocimiento a través del odio

Los tiempos del odio, alentados por todo tipo de ideologías políticas, religiosas y económicas, darán paso a tiempos estelares, en los que los hombres brillarán en busca de su origen cósmico y donde el conocimiento será la búsqueda de esa realidad física cambiante que no se puede doblegar a unas leyes físicas inmutables. La salvación de la especie humana, y de este hermoso y maltratado planeta, pasa por encontrar el camino hacia dentro para llegar a las estrellas. La alternativa de querer seguir buscando un equilibrio entre las distintas ideologías, no solo es una estupidez racional, sino una pérdida de tiempo. Tiempo que no le sobra a la especie humana para encontrar la vía de la paz o enfrentar un cataclismo devastador.

En los tiempos de internet, los tiempos del odio agonizan

   Hay quienes siguen alentando las utopías sociales, basadas todas ellas en ideas encerradas en muros ideológicos, para seguir inyectando el odio de generación a generación. Sí, tras las aparentes  buenas intenciones que se esgrimen en utopías de todo tipo, solo se esconde la peor de las esclavitudes del hombre, a saber, la que lo ata a sus propios miedos. La solución a la convivencia y desarrollo humano no pasa por encontrar acuerdos ideológicos, sino por trascenderlos.

La opción de la generación milenial no pasa por resetear su futuro, sino desclasificar su pasado y transformarlo

No se trata de pintar la cárcel, sino de derribarla. No se trata de tolerar al enemigo, sino de amar al hombre que ideologías de todo tipo han señalado como enemigos. No se trata de ser mejores, sino de convivir para vivir de la mejor manera posible en base a la nueva era del conocimiento. No se trata de competir, sino de convivir bajo las reglas del conocimiento que llevarán al hombre a las estrellas.

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