HOMO MENSURA Y LA CONDICIÓN HUMANA

Protágoras es el filósofo griego (siglo IV A.C) al que se le atribuye la afamada frase el hombre es la medida de todas las cosas, de la que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son. Se le considera uno de los mayores sofistas de la historia y en el divino arte de convencer a través de la palabra, según el de anchas espaldas, Platón, dejaba que desear porque lo importante para él era convencer para vencer, no buscando la sabiduría que llevase a la verdad suprema, que, para Platón, era el Reino de las Ideas. Este arte de la sofística, ya entonces, era bien remunerado porque la polis era para los antiguos griegos algo más que un espacio geográfico, era su razón de ser y no entendían la ciudad sin la participación del ciudadano, de los que tenían derecho a ello, obviamente. Y el sofista, con sus sofismas por bandera, pretendía llevar al máximo esplendor a todo aquel que pudiera pagar por sus cursos de oratoria. Pero, más allá de poder rastrear las esperpénticas formas que hoy tienen muchos políticos en su forma de hacer política y que no le llegarían ni a los talones al de Abdera, lo que nos interesa es rescatar esa frase conocida como HOMO MENSURA. Ella nos llevará a ese mundo de creencias fallidas que gobierna el mundo. Veamos.

El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son

LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS O EL PRISMA DE LAS CREENCIAS FALLIDAS

  ¿Cuál es la medida que representa, según Protágoras, al hombre mismo? Las creencias, ni más ni menos. La creencias no son entelequias, no son simples frases que se labran en nuestro cerebro y nos hace repetir cual cotorras lo aprendido. El ser humano comienza a recibir el bombardeo de mil y una creencias incluso antes nacer, desde el mismo momento de su concepción. En cierta medida podemos decir que tan importante es el acervo genético que hereda el hombre de sus padres y ancestros como ese caudal de creencias que recibe el neonato de primera mano nada más llegar al mundo. Igual que una genética “mala”, una mutación indeseable, puede ocasionar muchos problemas para el bienestar y la salud física y mental del individuo, hay creencias que pueden llevar al individuo a convertir su vida y la de los otros en una pesadilla en las mismas entrañas de los infiernos humanos.

Toda tradición traiciona la capacidad innovadora del ser humano

   Sí, la racionalidad, ese forma de entender la capacidad humana para razonar, para dar cierta lógica a sus palabras y sus actos, está preñada de creencias de todo tipo y no todas las creencias son caminos hacia el conocimiento del sí mismo, no todas te acercan a las demás conciencias que habitan en tu propia conciencia y que comparten contigo un mismo origen y un mismo fin. Todo lo contrario, las creencias comenzaron su andadura fijando su atención en lo externo, en el mundo de la naturaleza, en las relaciones entre esa mente individual y todo el “mundo” que le rodeaba. La primera creencia que surgió en aquel primer homínido que empezó a relatar el mundo desde su propia consciencia fue la de ver la vida desde la fragmentación, desde la división, donde él, con toda la perplejidad que se puedan imaginar, iba nombrando y haciendo del mundo un lugar fuera de él mismo. Ese camino que le llevaba a descubrir nuevas formas de “ver” lo iba relatando en forma de creencias. No camines por esta senda, hay animales peligrosos. No mires directamente el Sol, su poder dañará tus ojos. La caza siempre debe ser de mañana y antes debemos comer las raíces del árbol de la vida, que nos da fuerzas y valor. Cuando un animal caiga en nuestra trampa hay que golpearlo sin piedad  hasta estar seguro que está muerto. Como vemos, las creencias no solo son relatos de formas de ver el mundo, sino que además son pautas de comportamiento.

Frente a la cultura de la muerte, del odio, de la destrucción, se alza la cultura del Ser, de la vida, de la creación

TRADICIÓN Y COMPORTAMIENTOS IRRACIONALES

y creencias irracionales que los han vestido de tradiciones y verdades fallidas. Las creencias, positivas o fallidas, comportan pautas de comportamiento que serán las que definen las tradiciones sociales, lo que el conjunto familiar, grupal o colectivo irá transmitiendo de una generación a otra. Si un grupo cree que la población negra es una población más atrasada que la blanca y que no merecen el mismo trato, su comportamiento se regirá por mil actitudes que reflejarán esa creencia, desde poner aquellos letreritos que tuvieron que padecer no pocos seres humanos Se prohíbe la entrada a negros y a perros hasta poner en las playas zonas exclusivas para la población negra. Esto que, en ciertas latitudes, puede parecernos un horror se vive a diario en nuestro presente en muchos lugares del mundo y bajo iguales, parecidas o distintas creencias, pero su denominador común es que son creencias fallidas.

La era de la red y de la blockchain dejará al desnudo las culturas de la muerte

   Las creencias, cuando se comparten de una forma colectiva, forman culturas y, guste o no, sea políticamente correcto o no, la realidad es que no todas las culturas responden a la cultura de la vida y a la cultura del Ser. Las culturas de la muerte preñan la civilización humana desde casi sus mismos orígenes y tienen el denominador común, por muy distintas que sean sus manifestaciones, el desprecio a la vida y al espíritu que todo ser humano es. Hoy en día estas culturas de la muerte la vemos en todas las latitudes y se esconden en Estados tan distintos como pueden ser la nueva China imperial bajo la bandera del partido comunista chino hasta una Unión Europea que tras sus demagogias dice una cosa y hace otra, sin escatimar esfuerzos en prostituirse por un puñado de euros que alcen las cotizaciones de la bolsa, pasando por una Arabia Saudí que aún anda por un medievo en todas las facetas de su diario vivir. Ejemplos de comportamientos racionales preñados de una irracionalidad supina aderezada con una estupidez racional, los encontrarás en toda latitud. Esto es posible porque la civilización humana sigue basando su modelo de convivencia no en el conocimiento hacia dentro, hacia su espíritu, sino hacia fuera y, peor aún, sigue construyendo modelos sociales fundamentados  en un solo pilar de la organización humana, la economía. El ser humano, tanto a nivel individual como colectivo, es mucho más que un modelo económico, es mucho más que un puñado de dólares que cobran más vida que la vida de cualquier ser humano. Una sociedad de tal envergadura, no solo está enferma de diversas dolencias, sino que su mayor problema es que está ciega  a sí misma. Solo se ve a través de comportamientos

Las verdaderas cadenas están en aquellas ideologías que encierran el mundo de las ideas en cárceles

¿SE PUEDE SALIR DE LA DEBACLE DEL RELATIVISMO CULTURAL?

   El Homo Mensura de Protágoras suele caracterizar a todo ese movimiento social, político y cultural que apoya el denominado relativismo cultural, el respeto a toda cultura autóctona. Obviamente quien defiende esa posición pensará y se comportará, en el mejor de los casos, como si su cultura fuese la mejor pero habría que respetar a cualquier cultura por el simple fenómeno que toda evolución cultural lleva su propio ritmo y no se puede imponer. Quien defiende estas posiciones podría llamar a “dialogar” más que a combatir , por ejemplo,  con el fanatismo religioso del islam simple y llanamente aludiendo que en algún momento de su historia tendrán que pasar por su propia Reforma y reconvertir una religión medieval en una religión adaptada a los nuevos tiempos. Mientras, habrá que “tolerar” a aquellos otros musulmanes que no entienden la violencia como mecanismo para imponer su dios y su forma de vida (si a ese tipo de comportamientos se le puede llamar vida humana) al resto de la humanidad. Sin embargo, en este comienzo del siglo XXI, bajo el imperio de la comunicaciones en red, el relativismo cultural amenaza con saltar por los aires.

Las creencias fallidas llevan al hombre a construir sociedades fallidas

   Por encima de cualquier tradición, política y religiosa (que esconden, cada una a su manera, las verdaderas raíces de la esclavitud humana a las ideologías, a las tradiciones, de mil y una creencias fallidas), por encima de cualquier cultura, está la cultura del Ser, la cultura de la vida. El ser humano no nace libre porque lo manifieste una ideología que se quiere apropiar de esa condición humana, el ser humano ES libertad en estado puro por el simple hecho de ser conciencia y nacer vivo. Un ser humano no conquista su libertad a través de una ideología o cultura que dice hacerlo libre si abraza sus reglas y normas. Este sentirse humano por encima de cualquier ideología, política o religiosa, es algo que se está produciendo gracias al fenómeno de la red. Las culturas que llevaban al hombre a atarse a unas ideas, a encerrar a las ideas entre muros, convirtiendo el poder creador de las ideas en un instrumento inutilizado e inutilizable, está siendo desenmascarado, como digo, a través del poder de la red. El relativismo cultural, las alianzas de civilizaciones, hace aguas simple y llanamente porque el único futuro posible para la convivencia y desarrollo humano pasa por la muerte de las culturas del mal, las culturas del odio, y el resurgimiento, el renacer, de la cultura del Ser. No se trata, como pueden apreciar, de imponer una cultura sobre otra, sino de construir una nueva cultura, la cultura del Ser, sobre las cenizas de las culturas de la muerte y del odio.

Una creencia fallida es aquella que te aleja de tu espíritu empoderando a tu ego

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