LA SEMANA SANTA Y LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Para el cristianismo primitivo la resurrección de Jesús representó el hecho que daba sentido a la vida de aquel ser excepcional que nadie pudo comprender, pero que tantos amaron, mientras predicaba por las tierras de Galilea. Un ser que hablaba de amor y perdón, de paz y de hermandad, de hombres y mujeres en igualdad ante los ojos de Dios.

Mirando hacia dentro
El Dios de Jesús señalaba los cielos y el conocimiento hacia dentro del alma como camino hacia la Casa del Padre.

Un ser que  fue seguido porque revolucionaba la forma de entender la relación misma entre el hombre y Dios y entre los hombres consigo mismos. Un ser que fue perseguido porque amenazaba tradiciones de todo tipo, políticas o religiosas y de todo orbe, judías o romanas. El Reino de Dios que proclamaba el nazareno iba mucho más allá de los miedos sembrados por la tradición judía y que obligaba al hombre judío a seguir los pasos de sus guardianes si no querían ser castigados por un colérico e inhumano Dios. El Dios de Jesús señalaba los cielos y el conocimiento hacia dentro del alma como camino hacia la Casa del Padre. El Dios al que Jesús oraba no sometía, amaba y dejaba al hombre aceptar todo el poder creador que tenía dentro de sí por su condición de ser libre, libre de Ser.

Caminos empedrados
El intelecto trata de comprender con las herramientas de los sentidos lo que está más allá de ellos.

La autoridad que manaba de los labios del nazareno provenía por su condición de Enviado. Enviado de los cielos, enviado para una tarea concreta. Sembrar en el hombre la certeza de que el Amor y el perdón son las únicas fuerzas para llegar al Padre, al Conocimiento Supremo. El camino a casa no pasa por la fuerza del odio, de la venganza, del sometimiento al otro, sino por su capacidad creadora, a semejanza de Dios mismo. Para sembrar esa semilla del conocimiento se necesitaba no tanto la muerte de Jesús, sino su resurrección y para qué. Para que sirviera de detonante en aquellos elegidos por Jesús para que creyesen en verdad, aunque no comprendieran, que Jesús, en verdad, no era de este mundo y que su mensaje, fuese como fuese, debería ser proclamado a todo hombre. Si Lázaro fue un milagro del Nazareno, la resurrección de Jesús fue un milagro del Dios de Jesús.

Vida tras la vida
La Resurrección de Jesús ha sido la semilla hacia el conocimiento de la inmortalidad

Una resurrección que, aún en aquellas mentes tradicionales, no podía ser entendida sino como un milagro de Dios mismo sobre su Enviado. Más tarde las iglesias y todo tipo de guardianes de la fe convertirían al nazareno en Dios, profanando no solo la esencia de su mensaje, sino frenando en sí misma el mensaje de amor y perdón como fuente para entrar al camino del Conocimiento de Dios mismo.

LA SEMANA SANTA DE JESÚS ANTE LA RESURRECCIÓN

 Abba, está llegando la hora de sembrar la semilla que vine a esparcir, tu amor. Por tu amor los hijos de los hombres tienen el poder de crear la realidad que quieran para sí. Aprenderán que todo aquello que son capaces de imaginar, puede hacerse realidad.

Trascendiendo
La espiritualidad del Ser no bebe de las aguas de su ego, de su consciencia, sino lo trasciende

Aprenderán que solo el amor les llevará a paraísos por ellos inconcebibles hasta hoy, cuando tú, me has enviado para cumplir tu voluntad. Mi Reino está a tus pies no para ser esclavizado por ti, sino para alabar tu nombre y el poder único de este universo infinito. Mi Reino no es de este mundo pero abrirá la puertas a los hijos de los hombres para que te conozcan, para que conozcan al verdadero Dios, el rostro del Conocimiento y del Amor. Aún deberán caminar por su prepotencia e ingenuidad, pero volveré, tal y como me has señalado,  para dar cuenta de tu voluntad y rescatar a todos aquellos que me has encomendado.

Expansión del mal
El Mal se esparció por todo el universo pero sin el Mal, la libertad no hubiera sido plena en cada conciencia por ti creada

El Mal se esparció por todo el universo pero sin el Mal, la libertad no hubiera sido plena en cada conciencia por ti creada. Gracias Abba. Gracias por permitir que mi Reino haya entrado en la Gloria de tu Conocimiento. Gracias por permitir que los hombres vean que la muerte no es el fin. No creerán como no han creído en mí y solo cuando vean que este cuerpo resucite de entre sus muertos, algunos comenzarán a sembrar la semilla del amor y del perdón que he esparcido en tu nombre. Será un tiempo de espera en el cual el conocimiento sobre el universo irá emergiendo en las mentes obtusas de quienes miran el universo y no comprenden tu grandeza. Pero los tiempos llegarán y los hijos de los hombres despertarán al universo y, sobre todo, a sí mismo, a su poder, a ti y el amor que todo lo alcanza y crea. Gracias Abba, estoy preparado para ser entregado al odio y la ignorancia. Que mis ángeles cuiden de este cuerpo que pronto tomará su verdadera forma: Luz.

 

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS A LOS OJOS DE LA IGNORANCIA

   La ignorancia no se emborracha de soberbia por no entender la resurrección de Jesús, sino por cegar sus sentidos a un intelecto que no puede salir de sí mismo sin caer preso de sí mismo. El intelecto trata de comprender con las herramientas de los sentidos lo que está más allá de ellos.

Expansión de la vida
La información que cada Conciencia de Ser acumula, hace expandir el universo mismo

El intelecto humano, con su gran maquinaria neuronal, es la suma de todas las posibilidades de ser de la luz encarnada, pero en el momento que se limita a un lenguaje, así sea el hermoso y magnífico lenguaje matemático, frena su poder creador y su capacidad para reconocerse como parte del Todo, como parte de Dios. La ignorancia de la resurrección de Jesús por parte de los hijos de los hombres bebe de la soberbia de creerse únicos y finitos, sin comprender que cada experiencia de ser que cada conciencia experimenta, es una forma más que “extiende” el Todo. Dios, o como quiera entenderse, es el infinito en pleno desarrollo. Cada conciencia es una posibilidad de ser de ese infinito y en ese infinito.

La vida escondida en la muerte
Si Lázaro fue un milagro del Nazareno, la resurrección de Jesús fue un milagro del Dios de Jesús

La resurrección de Jesús fue el comienzo hacia el Conocimiento del Padre, las “leyes” que gobiernan la conciencia y la consciencia, lo que se llama materia y lo que está más allá de ella. La resurrección de Jesús no es la continuación de una tradición humana que buscaba a Dios entre sus miedos, sino la trascendencia de una mente que dirige su mirada hacia las estrellas para buscar en el infinito universo el Conocimiento de Dios mismo. El Reino de Dios está dentro de cada hijo del hombre porque él es parte de ese conocimiento encarnado.

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