LA ENFERMA SOCIEDAD HUMANA

Esta última humanidad nació mortalmente herida. Las diversas y dispares sociedades enfermas que se han formado en el periplo histórico hasta nuestros días, adolecen de un mismo virus, el odio.

EL ODIO EN LAS SOCIEDADES ENFERMAS

   En las sociedades enfermas el odio es el deseo consciente, premeditado, intencional, de hacer mal. Un deseo que puede emerger tanto en un individuo como en un grupo de individuos, incluso puede darse en un colectivo que abarque a un país completo.

El virus del odio
El odio se transmite de generación a generación

Cuando este deseo llega a un punto crítico, el mal se materializa de mil formas distintas hacia el sujeto u objeto odiado. Formas a cual más cruel y sanguinaria. No hace falta poner ejemplos de la capacidad que tiene el sujeto humano a la hora de ejecutar el odio hacia los demás. El deseo de hacer mal tiene mil motivaciones distintas pero ninguna es intrínseca al individuo como tal. Sí, el ser humano nace inocente, genuino, como un libro en blanco que debe ser escrito, aunque el tiempo lo convierta en un monstruo para sí mismo y para los demás. Sí, no olvidemos, quien causa el mal, primero se lo hace a sí mismo. Anulándose a sí mismo como Ser, los demás seres son pasto de su deshumanización. La envidia, los celos, la prepotencia y soberbia de creerse mejor y superior, la avaricia, la pereza y todo insano comportamiento se fragua no en los genes, ni en la mente y mucho menos en el espíritu, sino en la forma de organizarse, en la forma de engranar la sociedad. Las sociedades humanas organizadas son las grandes fábricas del odio. Muchas veces el ser humano, ante la impotencia de no comprender, ante la impotencia de no poder cambiar las cosas, tilda a los monstruos sociales, a tanto hombre fallido, como inhumanos, como demonios, pero tal actitud es esquivar el problema y poner al burro detrás de la carreta.

EL EGO EN LAS SOCIEDADES ENFERMAS Y EL DESPERTAR DEL SER

   ¿Qué nos hace humanos?   No son nuestros genes, ni el lenguaje, ni el desarrollo del lóbulo frontal, ni la persecución intelectual de conocer la naturaleza para explotarla y ponerla al servicio del mejor postor , mucho menos la cuenta bancaria, los títulos académicos, el nombre y apellidos o los datos de hacienda, lo que no hace humanos.

El odio visto desde una célula
Una vez encendido, el odio entra en una cascada bioquímica casi imparable

La humanidad la da el Ser que habita en el animal humano. Ese Ser nada tiene que ver con las inteligencias y capacidades mentales y físicas que el animal humano puede desarrollar para sobrevivir a un medio. El Ser tiene que ver con la emergencia misma del universo. Nada hay en el universo que sea ajeno a él como nada hay en el hombre que sea ajeno al Ser que es. Las corrientes materialista quisieron encarcelar al espíritu en una danza cósmica y verlo como un mero producto del caos que el tiempo iba organizando, pero el Ser, como tal, es quien permite que el caos, como la organización, puedan emerger y desarrollarse. Para un escéptico y extremista materialista, el Ser, podríamos intentar decirle, sería el antecedente singular del bosón de Highs. Negar el Ser que habita como conciencia humana, aún si la razón no está consciente de él, es negar la existencia misma del universo y de la fuerza que de él emerge como principio único.

El Ser es el universo en ti
El Ser lo es todo

A ese principio único algunos lo llaman Dios, otros leyes universales, no pocos lo tildan de principio causal inefable, otros prefieren ni nombrarlo, pero, llamen como lo llamen o como dejen de nombrarlo, eres tú mismo, es el Ser que habita en cada conciencia de este universo infinito.

QUÉ PASÓ EN LAS SOCIEDADES ENFERMAS PARA QUE EL ODIO SE APODERARA DE ELLAS

   ¿Por qué las sociedades enfermas de odio son prácticamente invencibles? ¿Hay algo que un ser humano pueda hacer para obtener algún antídoto para este mal social?

   Debemos dejar claro algo, lo más claro posible dentro de las limitaciones del lenguaje mismo. La conciencia de Ser, como principio organizativo del ser humano, como parte del universo entero, preña toda consciencia, independientemente que esta consciencia se percate o no de aquella, de la conciencia de Ser.

Enfermedad social
El odio es una enfermedad social

 No importa si crees o no en Dios, en las leyes universales, en como se quiera llamar a ese Principio, el hecho es que toda consciencia es parte ineludible de Él. Puedes no creer o no tener idea de la ley de gravedad, pero no se te ocurra dar un paso al frente en el borde de un precipicio porque verás las consecuencias de ese desconocimiento. El ego humano, la razón práctica que lleva a un comportamiento que tildamos de racional aunque se siembre de actos inhumanos, está preñado de mil y una creencias que son producto de la interacción de la consciencia con un medio. Ese ego, esa consciencia, esa racionalidad que va recreando y moldeando su realidad, va despertando a la conciencia de Ser a medida que interacciona con el medio. Ese despertar a la conciencia de Ser es el sentido de la misma encarnación humana. Toda experiencia a través de la consciencia, del ego, apunta a ese despertar.

Tras las diferencias, el Ser nos une
Tras las creencias que separan al hombre, el Ser los une

Ese despertar, que es una experiencia individual, ineludible, es alterado, socavado, entorpecido, por el hombre en sociedad. Como sociedad, el conjunto de consciencias se influyen mutuamente y se nutren de lo que llamamos creencias, que no son más que formas de entender la “realidad” y que “encerramos” en nuestros egos para convertirlas en dogmas, en “verdades absolutas”. “Nuestra realidad” se convierte en un mecanismo para que todo aquel que no entre dentro de ella, pueda ser tildado de “enemigo”, de “distinto”, de “diferente”.

   El odio no nace con el individuo como Ser, es parte de la consciencia, de ese ego que va construyendo y encerrando la “realidad” dentro de sus creencias y que es incapaz de salir de ellas. El ego no deja ver al Ser que todo hombre es simple y llanamente porque la consciencia, el ego, apunta siempre hacia fuera, mira siempre hacia fuera de sí mismo. El mundo, para el ego, está fuera de sí mismo. Esa mirada distorsionada del ego es una de las causas por las que las sociedades van transmitiendo, de generación en generación, las variopintas y antagónicas creencias que van acumulando a lo largo del camino humano. Para lograr revertir la mirada, tanto el ego como individualidad como la sociedad con tradiciones y creencias de un conjunto de individualidades, deben mirar hacia dentro de sí, hacia su corazón, hacia el sentido que el Ser les dicta en silencio.

Mirada multicolor
Si cambias la mirada, cambias la realidad

Ese acto de cambiar el foco de la mirada es el camino al despertar. Muchos ni lo entienden ni lo intentan en una vida, pero tendrán que volver para pasar de “nivel” en otra vida o en mil vidas más. En un ciclo eterno, el tiempo medido en vidas carece de significación. Lo importante no es lo que tarde una consciencia en despertar al Ser, sino el hecho mismo de despertar.

LAS SOCIEDADES ENFERMAS Y EL BÁLSAMO DE LA EUTOPÍA

   El hombre en sociedad es inseparable de los egos utópicos. En cualquier escenario de la barbarie humana, dentro de estas sociedades enfermas, siempre hay seres que sienten la necesidad de superar ese estado  y “ven”, “entienden”, “comprenden”, “interiorizan”, que es necesario otro mundo. Sin embargo, esa visión, por líneas generales, está cargada de utopías, de deseos e intenciones de orden ético más que de un orden espiritual.

obstáculos en la mente
La mente, el ego, la razón práctica es el mayor obstáculo a vencer

Buscar una moral de convivencia no está sujeto, necesariamente, a encontrar la espiritualidad. Las diversas éticas humanas, cuando buscan un orden más armónico de la sociedad, descansan en la racionalidad del mundo, no en la expresión genuina del Ser. El problema radica en cómo se busca esa sociedad. Si se sigue buscando solo a través de la razón, es imposible llegar a parte alguna, pues siempre habrá razones para desmontar lo alcanzado, cual Sísifo. Propongo otras formas.

   Utopía significa “no lugar”. Un término muy apropiado para algo que se puede idealizar pero con nulas posibilidades de ser alcanzado. Propongo un nuevo término “Eutopía”, el buen lugar.

maletas sin uso
El verdadero viaje hacia el Ser se hace sin equipaje

No se trata de construir una sociedad y un individuo ideal, pues el ego, la racionalidad, siempre puede desmontar lo que para alguien es lo ideal, sino buscar el mínimo común múltiplo de lo que hace humano al hombre, a saber, el Ser que es. Entiéndase bien, no es el hombre, la persona, sus creencias, su realidad, sus genes, su epigenética, etc., etc., lo que hace humano al individuo, al sujeto que está inmerso en el mundo,  sino su Ser. Este es el mínimo común múltiplo que serviría para lograr una “creencia común” sobre el humano vivir en comunidad. No se trata, como defienden muchos, ni de un choque de civilizaciones ni de una alianza de civilizaciones, a todas luces imposibles de llevar a la práctica, pues, entre otras cosas, las civilizaciones se defienden y mantienen por sus contrarias, opuestas o distintas. De lo que se trata con la Eutopía es de alcanzar un lenguaje común que no beba del pasado, de las tradiciones, sino que apunte a construir una tradición común en el horizonte, la tradición del Ser.

Somos más que el pasado
El tiempo histórico se construye a cada instante

Mirar el pasado para construir un mundo distinto no, necesariamente, sirve para aprender de los errores, sino, las más de las veces, para repetirlos.

   ¿Se puede alcanzar la Eutopía en estos tiempos de utopías fallidas y órdagos discursos que llaman a sumarse al imperio de la razón, cada cual la suya? Creo en el ser humano, pero no en la sociedad humana que nació con el virus del odio. El ser humano sobrevivirá, sin duda, pero la sociedad, repito, esta última sociedad humana nacida con el virus del odio en sus entrañas, deberá sucumbir. Cómo y cuándo, solo Dios lo sabe, pero de seguro no será un trance armónico, por más que nos pese y entristezca a todo aquel que abraza la paz desde el corazón y no desde la razón, pues el odio, ese deseo de hacer mal, cuando es contestado por otro odio, trae siempre sufrimiento, dolor y muerte.

el odio será vencido
Las sociedades del odio resurgirán como sociedades de amor

Mas, como el ave Fénix, el hombre surgirá de sus cenizas, más no bajo el yugo del ego, de su yo particular, sino bajo la brújula del Ser que es y no puede dejar de Ser. Quizá haga falta la ayuda de otros seres, provenientes de las estrellas, para lograr canalizar ese aprendizaje, ese despertar brusco al Ser que somos, y no volver al pasado. Solo Dios lo sabe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.