LA CORRUPCIÓN DEL CONCEPTO DE JUSTICIA

Los conceptos humanos también se corrompen, evolucionan, mutan. El concepto de justicia no podía ser menos. Podríamos decir, sin miedo a equivocarse, que la lucha intestina del hombre por doblegar a sus semejantes se confunde con esta corrupción del concepto de justicia. Veamos.

EL NACIMIENTO DEL CONCEPTO DE JUSTICIA

   No descubriremos la cuadratura del círculo al decir que el concepto de justicia es cultural, aunque algunos les puedan sorprender que a continuación diga que, por tal naturaleza cultural, es inhumano. Por qué es inhumano, se preguntarán muchos, pues porque el Ser del ser humano, el sujeto trascendente,  es mucho más que su cultura y reducir o querer reducir el Ser al ambiente temporal de las culturas racionales que van poblando este planeta, es una barbarie contra el propio Ser, que es lo mismo (dentro de las licencias propias que permite el lenguaje simbólico humano) que decir que va contra la propia Conciencia de Ser.

Las culturas empobrecen al espíritu
La cultura no define al ser humano, lo esclaviza a su racionalidad

Simplifiquemos o quitemos, lo más que se pueda, las impurezas al lenguaje filosófico. La cultura (y poco importa cuál de las cientos de definiciones que los especialistas les dan) es un producto de la razón, de ese instrumento humano que ha ido evolucionando a largo de su periplo y, como tal, ha estado sujeta a los mismos vaivenes evolutivos. La ceguera cultural, por decirlo de un modo coloquial, es producto de la misma ceguera de la razón que, poco a poco, muy poco a poco, ha ido emergiendo de la oscuridad misma de sus orígenes. Cuando confundimos la Conciencia de Ser con la capacidad racional del cerebro humano, con esa capacidad de la que surge el yo estoy, frente al yo soy de la Conciencia,  y que irá escudriñando el mundo desde esa óptica, comienza el periplo cultural y, de ese modo, surgirán las distintas realidades humanas que no son más que la distorsión que cada grupo hacedor de cultura es capaz de alcanzar.

En las culturas racionales, los conceptos esclavizan al hombre

Todos comprendemos que el concepto que acompañaría al término  “agua” no sería lo mismo para un esquimal que para un habitante del desierto del Gobi o para alguien que no ha visto la inmensidad de un océano, por ejemplo.

 

 

EL CONCEPTO DE JUSTICIA COMO SUPERVIVENCIA

   El concepto de justicia que emerge de la cultura es producto de la supervivencia del individuo grupal en su medio, bien sea frente a la naturaleza misma, el hábitat natural, o su supervivencia frente a otros individuos de grupos culturales adyacentes.  Hay que ponerse en la piel de aquellos primeros pobladores racionales de este hermoso planeta cuando  se enfrentaban con nuevos retos, la erupción de un volcán, una sequía que se prolongaba por años, una inundación, una tormenta solar invisible a sus ojos o a la primera chispa producida por ellos mismos y que les hizo poder calentarse ante una hoguera o empezar a cocinar ciertos alimentos.

Miedo y violencia en el macho alfa
En el surgimiento de la racionalidad, el macho alfa nace del miedo

De las diversas formas de encarar aquellos problemas, sumados a la importante función del llamado, mal llamado, macho alfa de la tribu, fueron surgiendo culturas de todo tipo. Violentas, mejor dicho guerreras, sin duda. Por qué tal afirmación. Porque si algo debía producir la emergencia de la razón al escudriñar el mundo, tanto el natural como el de los otros grupos, era miedo y frente al miedo, cuando no se controla por el conocimiento, la fuerza es la salida “racional”. Distingo una actitud violenta frente a una guerrera por el hecho que la primera es la consecuencia de una actitud, una reacción, racional frente al miedo, mientas las segunda ya es una racionalidad del miedo mismo y frente a esta elaboración racional se llega a la respuesta guerrera, a la violencia programada como arte, un arte maligno, obviamente, para la supervivencia del grupo. El desconocimiento trae consigo la semilla de la violencia. No por gusto, los grandes Maestros, estelares y humanos, no se cansan de repetir aquello de conócete a ti mismo y que el conocimiento te hará libre.

Tú eres el conocimiento
El conocimiento siempre te llevará al origen

Obviamente no se trata del conocimiento al que te lleva la racionalidad, el yo estoy, sino el que surge de la Conciencia de Ser, del yo soy. Ante la violencia y actitud guerrera, solo el conocimiento de sí mismo, de su Conciencia de Ser, pueda llevar al hombre a trascender dicho flagelo. Las culturas, no importa del sesgo que sean, siempre intentan mantener los nichos culturales para seguir la inercia de una tradición que surgió de la oscuridad racional y de la que, generación a generación, civilización a civilización, van aprovechándose unos hombres para doblegar a la gran mayoría.

CUANDO LOS DIOSES SE APODERARON DEL CONCEPTO DE JUSTICIA

   Aún hoy, cuando la especie humana se jacta de estar saliendo de los tiempos del oscurantismo, resulta que se sigue negando las evidencias que surgen del mismo sentido común. La historia de la civilización humana, la que se limita a la transmisión de su cultura a partir de una escritura, es muy reciente. No va más allá de unos pocos milenios. Puede parecer mucho a una mente humana que la han limitado a no ver más allá de su horizonte vital, sobre los 80 años hoy en día y en las latitudes más prósperas, sin embargo la misma Tierra tiene miles de millones de años formada y en constante cambio.

Asiria y la última humanidad
Asiria ¿cuna de la única civilización humana o de la última civilización?

Pensar que esta última humanidad, la que surge de, pongamos por caso, los Sumerios, es la única que ha poblado este majestuoso planeta es una estupidez racional de tal envergadura como la que mira hacia las estrellas y afirma que el hombre está solo en el universo. Estas limitaciones a la hora de encontrarnos entre las estrellas no vinieron de adentro, sino de afuera, de las estrellas mismas.

   Los dioses que bajaron de las estrellas y  se mezclaron entre los hombres lo hicieron con un propósito concreto, guiar a los hombres por una senda determinada, frente a las otras miles y miles de especies que poblaban la Tierra y que seguían su curso evolutivo, y para tal fin se sirvieron del lenguaje simbólico-conceptual y entre ellos, como no, del concepto de justicia. La justicia que venía de las estrellas estaba destinada no al despertar de la mente humana hacia su entorno, escudriñando el mundo que veía y nombraba con asombro, sino  al despertar de la mente hacia su interior, hacia la Conciencia de la que emerge toda creación, toda energía, toda vibración.

La semilla de la vida
Las matemáticas de la biología

El despertar a la Conciencia que lo impregna todo, lo que el ojo ve y lo que el ojo humano no ve. La justicia de los dioses tenía el aroma a conocimiento. Sin embargo, los hijos de los hombres, por su misma ceguera racional, a través de la misma construcción de culturas, fueron desviando la mirada de su interior hacia el entorno. Fueron desviándose de la guía estelar para entrar en los laberintos de las luchas culturales. Esto que puede parecer una locura, fue el comienzo de la libertad para los hijos del hombre. Renegar de sus orígenes estelares fue el primer paso hacía una larga caminata que los devolviera a su fuerza y conocimiento interior. Desde el surgimiento de la cultura racional, con sus miles de conflictos, hasta la llegada de la cultura de la Conciencia, con el despertar del hombre al cosmos,  el hombre no ha dejado su sed de buscar y sus ansias de encontrar su cuna entre las estrellas.

CUANDO LAS RELIGIONES SE APODERARON DEL CONCEPTO DE JUSTICIA

   Uno de los factores que hizo que el concepto de justicia que venía de las estrellas, la búsqueda del conocimiento último de la Conciencia, fracasase fue cuando se apoderó de este concepto un grupo para formar lo que conocemos hoy como religiones.

La religión olvidó al hombre
Las religiones comenzaron a alzar muros entre los hombres

Las religiones, que, no olvidemos, como concepto es algo que se forma en la mente concreta de alguien y se expande, no es una forma de controlar el miedo a través del conocimiento, sino de canalizar el miedo aludiendo, por parte de ese grupúsculo de individuos, al “conocimiento” que tienen de una supuesta divinidad o divinidades que le va deletreando cómo es el mundo y cómo deben actuar en él. Las religiones, algunos de esos individuos que surgían de los primeros grupos humanos  con el despertar racional, no crearon las divinidades para hallar el camino hacia sí mismos, sino que las crearon como forma de controlar el “conocimiento” mismo y con él, al hombre que caía bajo sus redes, bajo sus embrujos. Los hijos de los hombres cayeron en las redes de la manipulación y tergiversación de una forma de poder, el poder religioso. La historia de este tipo de poder es amplia y tan variopinta como grupos culturales fueron apareciendo por la estepa humana. La historia de las religiones es, sin duda alguna, la historia de la usurpación del concepto de justicia divina en detrimento del Conocimiento mismo. La justicia se convirtió en justicia divina para ir  apoderándose de los conceptos de “verdad”, “bien”, “mal”, “bueno”, “malo”, etc. Los pilares para el dominio de los hijos de los hombres estaban sembrados en la mente gregaria humana. La historia de las religiones, tan ligada al poder político de las sociedades, es, sin temor a equivocarse, la historia de la tragedia humana.

religión y mentira
El rostro inhumano de las religiones

Tanto el poder político como el religioso han doblegado el espíritu humano para encerrarlo en la cárcel de la razón y, de tal forma, limitar la libertad que representa el mundo de la conciencia, limitar, en suma, la libertad de Ser.

 

LA LIBERACIÓN HUMANA DEL CONCEPTO DE JUSTICIA

   ¿Puede el hombre volver a un concepto de justicia volcado a las estrellas? ¿Puede el hombre liberarse del yugo de la racionalidad como instrumento del conocimiento? Solo hay un camino hacia las estrellas, el despertar al Ser que fundamenta a toda razón, a todo ego, a toda forma de conocimiento hacia afuera. Este despertar al Ser es, justamente, el conocimiento hacia dentro, hacia la Conciencia de Ser que nada tiene que ver con la consciencia de sí mismo ni con éticas racionales, sino con la posibilidad de ser todo en el infinito.

Tú eres tu Conciencia
El despertar a la Conciencia de Ser es tu responsabilidad, nadie lo puede hacer por ti

No hay despertares colectivos, o no los ha habido hasta ahora, pero puede haber detonantes colectivos que lleven al hombre a un abrir los ojos en conjunto a ese nuevo mundo. Hasta hoy en día, por más que se dieran condiciones para el despertar colectivo, la propagación del hecho concreto, de la causa de dicho despertar, era mínima. No solo tecnológicamente se estaba mucho más atado, sino que los filtros del poder tenían mayor alcance. Hoy en día, el avance en el sector de la tecnología, en las comunicaciones vía internet, permite al ser humano una interacción inmediata con cualquier fenómeno. Este avance, que para nada es casual ni fruto de una lógica del desarrollo científico, puede ser la llave que lleve al hombre a mirar a las estrellas desde otra perspectiva y con otro ánimo. Sin duda, la espiritualidad, que no la religión ni la religiosidad que las preña, volverá a ser centro de la nueva sociedad. De las sociedades culturales, definidas por una racionalidad temerosa y violenta, el nuevo despertar llevará a las sociedades estelares, donde el conocimiento no será un camino más, sino el camino para construir las relaciones entre los individuos de una sociedad y entre unos mundos y otros.

El nuevo hogar
La nueva conciencia llevará al hombre hacia su origen, las estrellas

El despertar el hombre hacía su interior no es una perspectiva más, sino un cambio en el rumbo del ser humano que viaja en este hermoso planeta a través del infinito. Por ello el miedo que tienes los distintos sectores del poder en perder las riendas de esta raza de hombres que está llamada a encontrarse con sus orígenes y encontrar el verdadero rostro de Dios. El nuevo hombre no mirará las estrellas, se sentirá hijo de las estrellas. El nuevo hombre no temerá a Dios, sino habrá aprendido a conocer su rostro a través del Amor.

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