EL PERDÓN COMO CURACIÓN Y LIBERACIÓN

 INTRODUCCIÓN AL PERDÓN COMO CURACIÓN

   Sobran ejemplos en la historia humana para recrear la barbarie que el hombre puede cometer contra sus semejantes. Sin embargo, ejemplos de actos de perdón, públicos o privados, no suelen ser frecuentes y, los que hay, suelen ser poco vendibles, si acaso para rellenar alguna página de periódico o algún espacio televisivo. El ego humano gusta de la venganza. El perdón como curación no vende en los mercados del odio ni en los mass media y, de hacerlo ¿Qué se busca, la noticia, el beneficio económico de la noticia o crear conciencia de que el mal es connatural a la naturaleza humana e imposible de doblegar?

Odios sembrados
Las culturas del descarte siembran el odio

El odio es la gasolina de ideologías de todo tipo, políticas o religiosas, qué importa. Hay que mantener encendida la llama de nuestro bien, de nuestras ideas, de nuestras tradiciones. Quien ose ir contra ellas, quien no se doblegue a ellas, no es uno de los nuestros, no es un hombre. Es nuestro enemigo. Su castigo, la muerte. Estas líneas pueden resumir la historia de tantos y tantos como la que nos concierne hoy. La historia del contable de Auschwitz, Oskar Gröning y una de sus víctimas, Eva Kor. Una historia que vio la luz hace algunos años por el sorpresivo beso y abrazo del verdugo a la víctima en el juicio que se siguió contra el arrepentido nazi nonagenario. Un abrazo que muchos ni entendieron entonces ni quieren entender hoy ni entenderán mañana porque el perdón, deben pensar, es cosa de cobardes o infieles y, en cualquier caso y en última instancia, solo es cosa de Dios.

TRAS EL ODIO, EL PERDÓN COMO CURACIÓN ES UN ACTO DE LIBERACIÓN

   Negarse a perdonar es condenarse al más oscuro servilismo del propio ego. Las almas no sufren ni buscan venganza. El odio, la mal llamada sed de justicia, la venganza, no alientan el perdón como curación. Todo lo contrario, alimentan el sufrimiento y el dolor de por vida mientras exista esa llama que quiere aplicar la ley del talión a toda costa. El por qué un individuo o un grupo se siente superior a otro y encuentra la “justificación” para aniquilarlo no es difícil de comprender cuando enfocamos el problema desde la atalaya de los egos que son incapaces de conectar con el Ser que son. Su confusión, su falsa identidad, entre su yo y su cultura, tradición, hábitat, trae consigo el olvido del Ser que son. Si a esta falsa identidad cultural se le suma el carácter gregario de la naturaleza humana, propicia cualquier barbarie en nombre de lo “nuestro”. Olvidan estas culturas del descarte que no hay un “nuestro”, sino un nosotros y que no hay nosotros sin un vosotros.

El gas de la muerte
La cultura de la muerte

La cuestión no es ni mucho menos lingüística, ni conceptual, ni académica, sino de percepción interna, de desconexión o conexión con la base que sustenta al ego, con nuestra última naturaleza como seres humanos. Oskar Gröning necesitaba el perdón de su víctima como Eva Kor necesitaba perdonar la inhumana experiencia vivida cuando era una niña. No importa el cúmulo de experiencias vividas por ambos seres tras aquella época que marcaría sus vidas, pues todas ellas apuntaban a ese momento histórico en el que el perdón como curación liberaría sus almas esclavizadas por el peor de los verdugos, un ego aterrado de miedo e incapaz de salir de las arenas movedizas de sus creencias fallidas.

PERDÓN COMO CURACIÓN ¿ES POSIBLE EN EL SIGLO XXI?

   Puede dar la sensación, en un mundo tan mediático, donde la información nace y muere casi al unísono, donde el simple instante se difumina en la nada, donde el estertor de los que sufren se ahoga en el consumo de los que intentan olvidar el mundo en que viven a punta de tarjetas y clics, que el caso de Eva y Oskar no es ejemplo a repetir.

Sembrando odios antes de nacer
El odio se siembra en el recién nacido antes de que vea la luz

El odio no solo se está cebando en nuestros días con los más desprotegidos y olvidados, que son legión y están en toda latitud, desde el mal llamado primer mundo hasta el peor nombrado  tercer o cuarto mundo. Al odio solo se le combate hoy en día con mayores dosis de odio y mucha verborrea ideológica, que el pueblo necesita pan y circo, vienen a pensar. Sin embargo, si la especie, como tal, quiere lograr superar estos tiempos de incertidumbre y dolor, solo tiene por delante el camino de Eva y Oskar. No hay otra salida. No hay otro camino. No es nada nuevo tal solución, ni mucho menos. Maestros, como el propio Jesús de Nazaret, lo dejaron sembrado en el espíritu de sus épocas. No obstante, el gran reto a superar por las generaciones presentes no es tanto doblegar esa naturaleza gregaria que le hace comportarse de distinta manera cuando está acompañada que cuando está en la soledad de sus pensamientos, sino llegar a esa soledad sin temor y deseando Ser Uno con él mismo, con el Todo y con cada uno de sus semejantes.

Desnudando el odio
El odio al desnudo

El temor no nace de tal búsqueda, sino del hecho de que guardianes de todo tipo, políticos, religiosos y sus seguidores, alimentan el horno de las ideologías para que nadie despierte al Ser que es y siga dentro del carrusel del odio, el sufrimiento y la muerte. Pero, la gran desventaja de estos adalides del mal y para ventaja de quienes buscan un mundo distinto, equitativo, donde la paz sea la noma y no la excepción, el perdón es algo que solo tú puedes pedir y otorgar. No te dejes llevar por el odio porque, de hacerlo, terminarás consumido por sus llamas. Imita el gesto de Eva y  Oskar cuando en un abrazo se liberaron de todos sus miedos y dejaron que la paz se apoderara de sus almas y comenzaron a sentir la esencia de la libertad, la libertad de Ser.

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