EL HASTÍO

   Comenzaba a llover. La lluvia había abortado mi deseo de caminar por el parque del Buen Retiro. Hacía tiempo que necesitaba estar a solas sin más compañía que el sonido de  árboles centenarios  y algún que otro silbido de aves que ni siquiera podría nombrar.

El Padre está en todo y en todos
El Padre permea todo el universo

Ese murmullo de sílabas entrecortadas que asolan las ciudades a veces se vuelve insoportable. Murmullos intraducibles, serpenteantes, a veces temerosos, a veces iracundos, las menos amorosos. Llovía, pero aún más poderosas tormentas asolaban mi mente, mis recuerdos. Sí, el pasado nos arrastra a precipicios presentes y la caída no es más benigna por pensar en el mañana. El único tiempo es el hoy y se nos escapa tantas veces, la vida misma, por conjugarlo en pasado, perfectos o imperfectos, o en futuros, siempre inciertos.

La Conciencia del Padre permea toda conciencia
El Reino de Dios está dentro de ti

Buscamos certezas en el tiempo cuando él mismo es una ilusión. El tiempo no nació para esclavizar al hombre. Ha sido el hombre quien se ha dejado esclavizar por unas manecillas hipnotizadas por el desaliento y la soledad de los desiertos. El mana no basta si no va acompañado de la esperanza de alcanzar la tierra prometida. Una esclavitud que ha obligado al humano vivir a encadenarse a mazmorras aún más solitarias, preñando de ilusiones a la misma soledad. Mientras tengas vida -qué tarde se aprende- tuyo es el tiempo, me decías. Eran otros sueños los que recorrían aquel pueblo hastiado de luchas y esperas.

El Amor eres tú
El Amor no es más que tu reflejo en la mirada de Dios

No habían aprendido porque no comprendieron que aprender es dejar de creer. Seguían los pasos de sus padres, de sus ancestros, de aquellos voces que escucharon la ira confundiéndola con la fe y el poder. Dios, el que habita en ti, me decías, no necesita mostrar su poder, sino su amor, su disposición a estar presente en un continuo presente porque el universo mismo solo es el eco de un latido eterno. Sí, el Mal parió al tiempo para doblegar al hombre a sus miedos. El miedo del hombre -aún recuerdo vivamente tus manos apoyadas en la higuera al decírmelo- nace en un corazón ciego y sordo a su propio latido. No sabe el hombre que el Reino de Dios no está fuera, sino dentro de él mismo.

pecado original
Los pecados no son más que espejismos de miedos ancestrales

El Reino de Dios permea todo lo que ves y lo que se oculta a tus sentidos, pero el hombre lo busca entre sus miedos, miedo a la vida, miedo a los otros, miedo a lo que juzga como desconocido. No es la ignorancia la que impide al hombre salir de sus infiernos, sino su desamor hacia sí mismo y hacia todo lo que le rodea. Cree que el egoísmo, la envidia, los celos, el creerse distinto y mejor lo hacen distinto y mejor y, peor aún, único. Nadie podría ser el primero en tirar la piedra a un hombre pecador sin que se devuelva hacia él mismo. El pecado no existe, tal y como contaron a los ancestros de este pueblo y que, ingenuamente, fueron transmitiendo generación a generación.

ceguera y sordera
Oirán y no comprenderán…mirarán y no verán…

El pecado es no reconocerse en Dios mismo y querer suplantarlo con creencias que nacieron de miedos y espejismos. No -me decías mientras te sentabas a la sombra de la higuera-, solo quien ha traspasado la frontera de su estrella puede reconocer el infinito de los cielos. Solo quien ha sido capaz de ver el alfa, puede comprende el omega. No hay vuelta para los días que han de llegar, pero el hombre solo comprenderá su final, en esta hermosa tierra, cuando no haya forma de volver atrás. Suerte tienen que el infierno no existe como ellos lo creen. Suerte tienen que la eternidad no se mide en el tiempo, ni tiene fronteras, sino se alimenta de amor y perdón, las dos únicas fuerzas del universo. Por una, toda consciencia se hace conciencia y es capaz de crear, como Dios mismo.

ser es ser en libertad
La libertad que no se marchita es la libertad de Ser

Por otra, la inconsciencia que te hace alejarte de Dios, te vuelve a traer a su seno y puedes volver a crear y Ser. El Ser te hará libre y la libertad de Ser jamás te esclavizará a más miedos que los que tú quieras experimentar. Pronto el hombre -me dijiste antes de salir del huerto de Getsemaní- despertará de su sueño y podrá ver a las estrellas como lo que son, los ojos del Padre que vela y guarda el bienestar de sus hijos. Pronto  tendré que volver para dar sentido a lo que hoy no son capaces de comprender. Pero la semilla ya fue sembrada. Volveré a recoger.

   Desperté con el trino estridente  de unos jilgueros que parecían enloquecidos. Había dejado la ventana abierta y una lluvia torrencial había inundado parte de la habitación. Sobre el suelo de parqué, al lado de una pequeña biblioteca, ya envejecida, yacía la biblia. No sé cómo pudo haber caído. Miré y ahí estaba, aguardando, el evangelio de Marcos. Marcos trece. No podía creerlo.

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