EL CORONAVIRUS T: LA MUTACIÓN DEL CAPITALISMO, UN CUENTO CHINO

Una de las ventajas de vivir y sobrevivir en La Habana es que todo lo que pasa fuera de sus fronteras se vive de otra manera, como si estuviéramos viviendo en otra galaxia, como si el infierno humano fuese una pesadilla que solo sufren los otros. El coronavirus no es menos. Se ha encontrado la forma de sacar partido a ese flagelo que trae de cabeza a medio planeta.

Por sacar partido, han anunciado un medicamento cubano que, al parecer, sirve para combatir a COV. Quizá sea una de las formas, cuando pase la pesadilla viral, de revitalizar la industria bioquímica de la isla, que vive horas bajas con tanto cambio de viento en estos mares caribeños. Sin duda lo lograrán si son capaces de encontrarse a sí mismos. Ahora bien, la pregunta es ¿pasará la pesadilla viral? Veamos qué podemos decir sobre este tinglado montado en torno a la familia más numerosa de este planeta, los virus.

   Debemos recordar, decía, que los virus parecen ser la entidad biológica más numerosa de este planeta y, desde su perspectiva, la raza humana podría representar solo una minoría digna de desprecio, pues no servirían ni siquiera para ellos duplicarse decentemente. También debemos recordar que esa entidad biológica no tiene un árbol genealógico como dios manda, pues no se sabe bien cómo narices pudieron aparecer en este planeta destinado a la excelsa raza humana. Así todo, hay teorías, como en tantas ramas del quehacer humano, que dan cuenta de la ignorancia de esos orígenes. Ninguna teoría de ellas muestra la posibilidad de que dichos “bichitos” quizá sean los “guardianes” de las especies animales, sobre todo de la humana, que ya se sabía venía con algunos desperfectos de fábrica. La libertad de ser, la verdadera esencia del ser humano, trae consigo esa capacidad de poder hacer el mal por el placer de sentirse superior o distinto a los demás.

De esto saben muchos las distintas ideologías, tanto políticas como religiosas, que han pululado y pululan por estos mundos de Dios, por estos espacios infinitos donde la vida viaja en asteroides o en cualquier nave de seres que ya han encontrado la forma de vencer a la muerte y, por consiguiente, el tiempo no es algo a padecer, sino algo a disfrutar, siempre en tiempo presente. Pero no nos desviemos. Este pequeño pasquín va de economía, quién lo diría a casi cuatrocientas palabras escritas.

¿PUEDE EL CORONAVIRUS TERMINAR CON EL CAPITALISMO?

Dicen los expertos, de varias ramas del saber humano, que esta crisis del coronavirus tiene algo de especial, algo huele a podrido. Se está viviendo como una de esas películas de Hollywood donde se despliegan infinidad de recursos para contener lo que por naturaleza no tiene fronteras. En comparación con otras pandemias que han podido sufrir los seres humanos, esta, nacida en China, en la China de un Estado y dos sistemas, fruto de un incesto contranatural entre capitalismo y comunismo como nunca antes se padeció, esta pandemia, decía, ha traído como consecuencia una paralización de la economía mundial. Sí.

La economía, en todas sus vertientes (de mercado, planificada, negra, etc., etc.), con todos sus actores (empresarios indolentes, banqueros podridos, políticos corruptos, trabajadores cansados, sindicatos de la muerte, mafiosos de toda condición, etc., etc.), no sabe bien qué futuro le depara. La Reserva Federal de EEUU y el Banco Central europeo han decidido reunirse, de momento por separado,para… ¿para decidir qué? Uno puede estar tentado a pensar que lo que buscan es salvar a la humanidad ¿de quién? ¿De ellos mismos?

CÓMO SOBREVIVIR A LA MUTACIÓN DEL CAPITALISMO

A nadie se le escapa de la mano que tanto el capitalismo salvaje de los últimos tiempos, como las insanas economías marxistas de toda índole y condición, por no hablar de las economías de la muerte (entiéndase drogas, armas, trata de blancas, de órganos, de niños, etc., etc.), están en descrédito entre la mayoría de los seres humanos en estos tiempos milenial. Ese descrédito estaba siendo combatido con mil y una zonas de confort-donde el ser humano aprende a mirar hacia otro lado y no a enfrentar sus problemas-, con un consumismo desmedido y con un sálvese quien pueda.

Pero los que manejan los hilos de la esclavitud moderna saben muy bien que el mañana existe y saben muy bien que una masa humana descontenta es peor que el más mortífero virus y aún no han sabido cómo salir ilesos de este planeta. El problema, cuando el pastel es pequeño y muchos los comensales, es que nadie quiere ser el último de la fila. Los banqueros del diablo, que manejan los asuntos de este infierno humano, no han podido controlar los desmanes de sus insanas economías y por algún lado debe comenzarse las terapias de choque. Y qué mejor que comenzar mandando a todo el mundo a la casa, por su propio bien, obviamente. Las hegemonías del poder siempre les han temido a las multitudes. Les da pavor caer en las manos de una turba sedienta de venganza y donde la cordura se viste de locura, aunque sea transitoria. El hecho es que el capitalismo, en cualquiera de sus versiones, incluida la comunista china, está mutando. Qué engendro saldrá, pues solo las huestes de Dios lo saben. Pues lo que está claro es que mientras las economías sean las que quieran dictaminar el desarrollo del espíritu humano, este no saldrá de su pequeña burbuja llamada esperanza. Cualquier mutación de las insanas economías humanas de estos albores del siglo XXI que no ponga el acento en el ser humano, en el hombre mismo, y siga creyendo que las instituciones humanas, incluidas, obviamente, las económicas, están por encima del ser humano, será una metamorfosis que llevará al hombre a su extinción.

   Pero soy optimista. Creo en el espíritu humano que se esconde entra tantas ideologías y creencias fallidas que gobiernan hoy las relaciones humanas. Creo que el ser humano no nació para perpetuar la maldad, sino para superarla. Creo que los tiempos del final de los tiempos de la maldad están dándose. Preguntarse por la hora o por el cómo de esos tiempos, no es hacerse la pregunta correcta, sino caer en miedos y paranoias, fieles aliados de las hegemonías del poder. La pregunta correcta es qué puedo hacer yo para no convertirme en un virus mortal para mis hermanos. Se aceptan todo tipo de derribos.

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