EFECTO PLACEBO, ELOGIO A UN INCREYENTE

   El efecto placebo es un concepto que se dirige principalmente al ámbito de la medicina, sin embargo, quizá la mayor función, conocida desde hace milenios, se dirija al espíritu. Todo aquello que seas capaz de creer, lo crearás. En otras palabras, el poder crear tu realidad dependerá de ti y nadie más. De tus pensamientos.

Tú creas tu propio cuenta de hadas
Los cuentos de hadas existen

Parece un cuento de hadas, una ficción que solo habita en las mentes que se niegan a aceptar la “realidad”, pero lo real, lo objetivo, es que funciona en la suficiente cantidad de veces que, racionalmente, no es posible objetar su eficacia. De hacerlo, de criticar sin más el efecto placebo simplemente porque no tiene una base científica, lo único que hace es caer en el saco de la militancia ciega y el fanatismo en ciernes. La ciencia clásica, o muchos que dicen defenderla, no admite lo que ellos denominan “pseudociencia”, sin embargo se quedan tan anchos al decir que en el futuro todo aquello que cae en el saco de la superstición, de la magia, del engaño de la mente, quedará subsanada cuando la ciencia encuentre una explicación. A la ciencia clásica hay que darle un voto de confianza ante lo que es incapaz de entender, explicar, aclarar hoy en día, pero a las explicaciones “místicas” que dan explicación a muchos fenómenos que tildan de inexplicables, hay que desecharlas de una vez.

El negocio de la salud
¿Quién es quién?

Me parece, en el mejor de los casos, un poco egocéntrica la posición de aquellos que escudándose en una actividad humana, como puede ser la científica, crean que todo aquello que no puede reducirse a una ecuación matemática, no es científico. De ser así, lo peor está por venir.

   CÓMO EXPLICA LA CIENCIA OFICIAL EL EFECTO PLACEBO

   Encogiéndose de hombres. De que vuelan, vuelan, dicen los increyentes sobre  las meigas. El efecto placebo puede rastrearse en la época moderna en las artes de un médico y químico escoces, William Cullen, que por 1722 recetó a sabiendas una sustancia inocua a un paciente por el simple placer de complacer al enfermo ante una enfermedad que se creía incurable. Sin embargo, como he dicho antes, el efecto placebo es simple y llanamente la consecuencia del poder creador que cada conciencia tiene en sí misma y por su misma intrínseca condición creadora.

carrera hacia el negocio de la salud
La salud corre hacia el negocio

La conciencia no habita en la consciencia, en la autoconsciencia, es el pilar sobre la que descansa esta última. La conciencia es, desde esta perspectiva, la mano creadora de Dios o, si se quiere, del conjunto de fenómenos que llamamos leyes naturales. Sin embargo, esta visión de ser capaces de crear, de ser capaces de curarnos con el poder de la mente, no vende en un mundo donde la enfermedad es un negocio muy bueno y tremendo negocio. Lo mismo podríamos decir de las guerras ¿Acaso el ser humano está condenado a mutilarse y matarse mutuamente con sus semejantes? ¿Acaso no es el negocio de las armas los que crean, mantienen y fomenta, hoy en día, todo tipo de ideologías irreconciliables? Se cree en el poder del dinero y no en el de la mente. Esto es ridículo.

    La ciencia “oficial”, que, a la postre, lamentándolo mucho, vive de las migajas que los centros de poder económico les otorgan, tienen  la imperiosa necesidad de negar y condenar a todo aquel “bicho raro” , a toda aquel hereje de la ciencia “oficial” que se salga por la tangente y desafíe con su cambio de rumbo al sistema imperante.

El amor todo lo cura
Hay seres que se niegan a dejar de ser hombres

Esta posición la vemos en científicos de la talla de Luc Montagnier, premio nobel de medicina en 2008, y que reconoció los efectos nocivos de vacunas contra el propio organismo humano y, más aún, se atrevió a decir que el virus del temido HIV/VIH puede ser eliminado de una forma natural por el cuerpo. Podemos nombrar también a Bruce Lipton, eminente biólogo que, tras darse cuenta del error que cometía la ciencia genética, comenzó a separarse de la matriz académica para sembrar semillas de nuevos seres que se atrevan a enfocar la ciencia desde una óptica espiritual, mental, si se quiere. La epigenética, la nueva ciencia de la genética, donde Bruce Lipton brilla de una manera magistral, nace, quién lo iba a decir, para afianzar la libertad humana  y no para encadenar al hombre al negocio de los determinismos que condenan al hombre a negarse a sí mismo y a su poder creador.

CUANDO LA ORACIÓN SE VUELVE EFECTO PLACEBO

   Hay que recordar que el efecto placebo tiene su origen en el ámbito religioso en un intento de complacer a Dios a través de la oración y aunque las religiones oficiales están preñadas en demasía de institucionalidad, burocratismo y sed de poder terrenal, no es menos cierto que entre tanta hierba mala hay semillas buenas. Y entre estas semillas está el poder de la oración. No hay que alarmarse.

Encuentro con Dios
Orar no tiene credos

Orar es meditar, un encuentro en la intimidad del ser que ora con quien supuestamente le va guiando, el ego, el yo biográfico, la experiencia que vamos siendo. Orar es el encuentro con el Dios que habita en cada uno de nosotros porque, no olvidemos, el ser humano no es una perla separada del Todo y mucho menos una pobre partícula condenada a ser como un efímero leptón en medio del acelerador de partículas del CERN. Al orar creamos nuevas relaciones, nuevos vínculos entre la conciencia creadora y el universo que vamos creando  a través de nuestros pensamientos.

Construyendo tu mundo
Al ver, lo crees…al creer, lo creas…

Para los increyentes, no importa que crean o no en un poder creador último, al orar a su manera, a sus dioses particulares o a la nada misma, crearán su propia realidad. En fin, el efecto placebo no se reduce a la medicina, sino a la realidad misma. Otra cosa, muy distinta, son los mil efectos nocivos producto de mil y una creencias fallidas que limitan, bombardean y anulan la capacidad creadora humana. Pero esto es otra historia.

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