CERTERAS INCERTIDUMBRES: APUNTES SOBRE LA PANDEMIA

Respetado destino

   Tal y como suelen decir, pocos aprenden por experiencia ajena. Nadie es tonto ni lerdo, aunque le paguen por ello, sino, simple y llanamente, que, en una sociedad de sordos, escuchar es un lujo y para aprender es necesario primero oír y después escuchar, es decir, tras recibir la información, saber tratarla con el debido respeto, aunque no nos guste lo que oímos. El problema humano, uno de los tantos, radica en no querer oír ni escuchar cualquier cosa que vaya contra las creencias inoculadas desde la más tierna infancia o aquellas otras que fuimos adquiriendo, más por experiencia ajena que por propia iniciativa. Solemos imitar más de lo que reconocemos e imitar no es malo, va en los propios genes, sino que hay que saber encontrar el modelo adecuado. Decía que muchos intentan convencer al otro de sus errores, sin siquiera admitir que él mismo pueda estar equivocado, y, más que convencer, lo que se busca es vencer en esas lides del “yo tengo la razón”.

Las ideologías están muriendo para dar paso al mundo de las ideas sin grilletes, querido Don Miguel

Pocos están dispuestos a rectificar porque, les han enseñado, equivocarse es de tontos. Nunca tan lejos de la realidad. Equivocarse es el camino hacia la dirección correcta. De la incertidumbre a la certeza por el camino de los errores. Sin querer me desvié de lo que iba a contar. Suele pasarme más a menudo de lo que debiera, pero es otro de los problemas humanos, demasiado humanos, dejarse llevar por la pasión. Volvamos al núcleo de este post sin mañanas. Iba a escribir sobre las especulaciones de los tiempos presentes.

¿Hay vacunas contra el odio? Sí y son gratis, a saber, el amor.

   Si algo ha logrado la pandemia presente no es haber activado mayores controles sobre la población ordenados desde las estructuras del poder político, que sin duda alguna lo ha hecho y se intensificará con el pasar del tiempo, ni de mostrar la verdadera cara de las economías antropófagas, que sin duda la está mostrando, por mucho que la maquillen de ayudas de todo tipo, como si el ser humano llegase a este mundo a esperar ayudas económicas para su desarrollo, sino haber encendido en la psique colectiva las alarmas de una posible extinción humana. Parece ridículo ¿no? ¿Cómo nos vamos a extinguir ahora, cuando estamos a punto de navegar con 6G? ¿Cómo extinguirse ahora si apenas me faltan 30 años para terminar de pagar la hipoteca? ¿Cómo extinguirse ahora si no he disfrutado de mi primer polvo? (esto solo para adolescentes. Si no es adolescente y es su caso, la extinción en ciernes puede ser un remedio más que un peligro) ¿Cómo extinguirse ahora si me falta nada para conseguir este o aquello o lo de más allá? (el más allá sin segundas intenciones) ¿Cómo extinguirse ahora si no he escuchado el último hit de…? ¿Cómo extinguirse ahora si estamos llegando a…a dónde? ¿Qué sociedades humanas queremos seguir manteniendo por el peso de las tradiciones cuando, ante una amenaza real, lo único que seguimos haciendo es mirar por el sí mismo, por lo nuestro, por los nuestros, sin saber que el nosotros o es “todos” o no se salva nadie?  ¿Qué sociedades humanas queremos seguir manteniendo cuando tantos imploran volver a normalidades que solo han fustigado, vilipendiado, ninguneado a tantos miles de millones de seres pertenecientes a la especie humana?

SOS ¿Dónde está mi zona de confort?

Mirar a las zonas de confort como salidas de emergencia no va a solucionar ni el problema particular de cada quien y mucho menos el problema como especie. Si algo está enseñando la pandemia es que el futuro humano no está en manos de sí mismo, pues su inercia a la autodestrucción no es capaz de refrenarla o cambiarla de curso ni siquiera la posibilidad real de una extinción masiva.

   Escribiendo de todo un poco y para cerrar este post sin pretensiones de mañanas por venir, aclaremos algunos pequeños detalles:

a) Hasta la fecha, no hay cura para la covid19 ni la habrá. Las vacunas, en el mejor de los casos, será un paliativo, pero nunca una cura. El virus, bajo nuestro humilde ver, no vino para acomodarse, sino para comenzar la señal del fin de los tiempos, que, recordemos, es un nuevo renacer. El vino nuevo no se echa en odres viejos.

Las vacunas son y serán un paliativo, no una cura. La Pandemia son tiempos, no un acertijo.

b) Seguir preocupándose por el origen del virus es un ejercicio racional de estupidez humana, pues, en el caso –que no es el caso-, de que hubiera sido un virus fabricado por el ser humano, lo único que vendría a corroborar es hasta qué punto el mal ideológico se ha apoderado de las relaciones humanas.

Los chivos expiatorios de las ideologías fallidas

c) Querer o creer que la solución a esta pandemia es una cuestión solo científica, o sanitaria, es de una ingenuidad tremenda. Es seguir ciego de las tradiciones que ponen el acento de la vida no en el ser humano, sino en las creencias. La ciencia si no está abierta al espíritu, que nada tiene que ver con religiones de todo color, es una ciencia ciega y, como dice el Maestro, un ciego no puede guiar a otro ciego. Algún ingenuo seguirá creyendo que Jesús de Nazaret es el hijo de un Dios iracundo, celoso, y se negarán a ver a un Jesús llegado de los cielos. Ya sabemos, lo que el hombre no ha logrado, nadie en el universo conocido lo puede alcanzar. Como diría algún poeta amigo, ver para creer.

d) Querer o creer que la solución a esta pandemia es una cuestión política, de lo que emane del sancta sanctorum de la prostituida élite mundial, no es una ingenuidad, es una ceguera total debido a los cantos de sirena de unas tradiciones ideológicas preñadas del mal, perdón, del Mal, con mayúscula. Pues el mal con minúscula es fruto de la ignorancia, que es el que bebe el común de los mortales, pero con mayúscula es fruto de la libertad de las conciencias. Cuando una conciencia política olvida su humanidad al olvidar la humanidad de toda conciencia, se convierte en alevín de demonio. Sí, el demonio existe, pero no es de este mundo. Los demonios de este mundo son humanos, demasiado humanos, pero esto es otro cantar.

jamás escucharán a las conciencias humanas. Sus ideologías los vuelven sordos y agresivos

e) Querer o creer que la solución a esta pandemia es una cuestión de religiones humanas con sus dioses humanos y sus guardianes díscolos no es una cuestión de ingenuidad o ceguera, sino de fanatismos. Las religiones humanas nacieron de miedos, muchos de ellos sembrados desde los mismos orígenes de la evolución humana. Desde nuestro humilde ver, refugiarse en esperanzas creadas para perpetuar miedos de todo tipo, no llevará a parte alguna, sino que sumergirá más y más al ser humano en el caos que se vivirá en estos finales.

Quien busca dioses humanos para encontrar una solución a la pandemia, no encontrará sino la desidia humana

d) El caos del fin de los tiempos, repito, es un caos del que emergerá un nuevo orden, una nueva humanidad. Y como los increyentes son muchos, pues ni modo, que el tiempo sea, como humanamente se sabe, el juez de estas palabras.

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