LA PENA DE MUERTE

No hay mayor tragedia para un pueblo humano que aquel que se apropia del valor de la vida. Cuando un ser humano termina con la vida de otro ser humano o comete cualquier vejación contra él, puede entenderse, en el mejor de los casos, como un acto única y exclusivamente suyo. Como una locura de su alma, aunque, en el peor de los casos, haya cometido el crimen con toda saña y no tenga arrepentimiento alguno. Un alma así no merece vivir entre los hombres en sociedad, obviamente. Pero cuando una sociedad devuelve el mal con mal, haciéndose custodio de la vida humana, castigando su crimen con otro crimen maquillado de justicia, solo se está comportando de la misma manera. Las sociedades humanas que no han podido trascender el ojo por ojo, no están llamadas a encontrar un camino hacia la paz y la prosperidad. Podrán justificar, validar, legitimar, su crimen contra el criminal, pero no lograrán nada, salvo la agonía lenta del recuerdo y la imposibilidad de beber la paz del perdón.

La venganza, maquillada de justicia, NO es el camino

La venganza, por muy maquillada que esté bajo el insano concepto de justicia, nunca trae paz para quien la padece. Todo lo contrario, aleja al ser humano que la sufre de la conciencia que es y lo sumerge en la más terrible prisión: la de una memoria que nunca saldrá de su pasado, negándose a crear y vivir nuevos presentes. La pena de muerte en los sistemas de justicia humanos de hoy en día representan el vestigio de una comunidad que no está lista para alcanzar las estrellas, que no está lista para encontrar el camino hacia su origen y hacia el destino que está llamada a alcanzar: el conocimiento que le llevará a aborrecer todo acto contra otra conciencia.

La pena de muerte representa la inmadurez de las sociedades para encontrar su camino hacia la humanidad

LA PENA DE MUERTE: CRÍMENES DE ESTADO

Pueden llamarlo justicia porque los conceptos humanos del derecho solo sirven para camuflar la ignorancia de lo que las conciencias significan en el orbe del universo. Podrán creer que la pena de muerte soluciona un daño social, simple y llanamente porque creen que calma la sed de venganza. No comprenden que la sed de venganza solo puede ser neutralizada con el perdón. Las sociedades humanas no necesitan leyes que divinicen el odio, por más que lo legislen, sino leyes que permitan a los individuos desarrollarse como seres y no como meros viandantes alimentados con creencias fallidas de todo tipo.

El odio se esconde en el castigo de la pena de muerte, por más que lo maquillen

   En estos días pasados se ejecutaron a varios condenados a muerte en Irán y en EEUU. RuholáZam, activista y periodista, fue ahorcado por cargos que solo hablan de la endemoniada teocracia iraní que dice hablar en nombre de un Dios que tiene como hobby mandar a ahorcar a quien ose enfrentar a sus guardianes de la fe. Por otro lado, en la supuesta, según sus propios criterios, mejor democracia planetaria, la de EEUU, varios condenados están siendo ajusticiados en plena transición entre el gobierno Trump y el electo presidente Biden. Brandon Bernard, de 40 años. Siendo adolescente intervino en el asesinato, junto a otros, de dos religiosos. Alfred Bourgeois, de 56 años, asesino a golpes a su propia hija de dos años. A octubre de 2018, según la web diplomatie.gouv.fr, la pena de muerte sigue dictaminando el engreimiento humano en más de cincuenta países. En otra treintena mantienen una moratoria sobre las ejecuciones y en siete han abolido la pena de muerte para delitos de derecho común. Mientras haya un solo país que justifique la pena de muerte como el castigo para crímenes aborrecibles, la conciencia social no puede caminar hacia otro mundo, hacia otro tipo de sociedad, y las conciencias individuales, la esencia del ser humano, seguirá sometida al freno de, quizá, la mayor creencia fallida construida por el ser humano. El problema para eliminar ese flagelo contra el hombre, como conciencia cósmica, va de la mano de la enfermedad propia de las sociedades humanas, a saber, la enfermedad que emerge por estar construida sobre creencias fallidas de todo tipo, desde las religiosas hasta las políticas, pasando por las inocentes creencias populares, como la corrida de toros o la pelea de gallos.

Creencias fallidas de todo tipo, religiosas o políticas, justifican o han justificado, la pena de muerte

LA PENA DE MUERTE: VESTIGIO DE LA INHUMANIDAD DEL HOMBRE

La sociedad humana está cambiando porque gran parte de sus seres están abriéndose a su propia conciencia. Sí, la pena de muerte, como tantas atrocidades realizadas tanto por el individuo como por la sociedad en su conjunto, son motivadas por el insano mundo de las creencias. Se han construido sociedades e individuos basados en creencias que no solo anulan la capacidad creadora de toda conciencia, sino que se clonan, generación tras generación, los errores y horrores que permitan a esos modelos sociales pervivir a pesar de la evolución de conciencias que van surgiendo en su propio seno. No son iluminados aquellos seres que despiertan a su propia conciencia, y a la de los demás, sino son conciencias que, simplemente, han despertado de esa condición de esclavitud a la que el mundo de las creencias les tenía sometidas y quieren comportarse como tales. La pena de muerte, desde esta perspectiva, es otra forma más que los Estados tienen para mantener el control sobre esas conciencias y encuentran en la ley de Talión la justificación “ética” para colorear lo que no admite color alguno. La vida, las distintas formas de vida, es sagrada. Y si una forma de vida, y más una forma de vida con conciencia, comete cualquier crimen aberrante, es obvio que no puede vivir en sociedad mientras no aprenda y sea capaz de concienciar su vida en comunidad, pero la solución no es, jamás lo fue, jamás lo será, quitar la vida del culpable.

Toda conciencia es sagrada aunque sus creencias sean inhumanas

   Por otro lado, no es de extrañar la cantidad de crímenes que dentro de las sociedades humanas se cometen a diario, a nivel individual como a nivel de Estado, piensen en las guerras, por ejemplo, pues solo reflejan esa insana sociedad en la que el ser humano convirtió sus relaciones en infiernos de todo tipo por estar basadas no en la conciencia que son, sino en las creencias que fueron asumidas como verdades últimas y sagradas, como la propia ley del talión.

   ¿Tiene cura el mal humano de deshumanizarse por un puñado de creencias fallidas? ¿Es la pena de muerte el remedio para una sociedad que ha ninguneado la conciencia en detrimento de las creencias? ¿Por qué el ser humano ha convertido un puñado de creencias en dioses de sí mismos? ¿Hasta cuándo la barbarie humana de respaldar una pena de muerte que aleja al ser humano de sí mismo, de su condición de conciencia?

LA INHUMANIDAD DE LAS ECONOMÍAS HUMANAS PARTE I

Antes de comenzar a dar rienda suelta a este pasquín, debo aclarar lo siguiente: por economías entiendo todo tipo de quehacer humano relacionado con el aparato productivo y comercial de una sociedad en un amplio espectro, desde los rubros más inmediatos, como la comida y la salud hasta la venta de publicidad por internet.  Desde esta perspectiva, no hago distinción entre las economías de libre mercado, enclaustradas en todo tipo de capitalismos, de aquellas otras sostenidas y planificadas por Estados autoritarios y/o totalitarios, que da lugar a híbridos económicos tipo China.  Para el autor, todas ellas son economías inhumanas, economías fallidas. Veamos por qué.

Las economías modernas son economías genocidas

CÓMO SURGIERON LAS ECONOMÍAS INHUMANAS

La complejidad de los grupos humanos (Link al canal Kukalot, YouTube) ancestrales fue creciendo a medida que esos grupos antropoides iban nombrando e interpretando el mundo que le rodeaba. Las necesidades más básicas, las que no nacen de la imaginación creadora humana, sino de ritmos biológicos ineludibles, como son el hambre y el sueño, iban abriéndose camino en las distintas formas de mitigarlas. De las cuevas a los palafitos o a las chozas, del nomadismo a la agricultura y ganadería y de estas a la industria de los metales. A la par de estos intentos por mitigar los impulsos naturales del cuerpo, la evolución de la consciencia, de la mente, del ego, también comenzaba su largo y tortuoso camino evolutivo. Este camino de la consciencia es inseparable de la aparición y evolución del lenguaje simbólico como instrumento de dominación. Sí, el lenguaje, desde sus mismos inicios, no solo sirvió para limitar y nombrar el mundo, sino para crear y sostener creencias que irían creando y desarrollando eso que nombramos como cultura, y, entre estas creencias, la creencia de la supremacía del más fuerte. En aquellos principios, los egos aún descansaban en su fuerza bruta. La conquista de la fuerza por el lenguaje comenzaba un largo y tedioso camino que aún sigue fraguándose en estos albores del siglo XXI.

Las economías jamás pueden servir para ayudar a esclavizar a unos hombres por otros

ECONOMÍAS INHUMANAS SE ABREN PASO A TRAVÉS DEL YO

¿Sentían envidia aquellos primeros grupos humanos? ¿Cuál o cuáles eran los sujetos de sus envidias, las cosas, los alimentos, las personas? ¿Cómo comenzaron a repartirse las tareas del grupo y, principalmente, cómo comenzaron a entender ellos mismos esa capacidad lingüística que al nombrar el mundo lo iba creando y modelando? En un principio el Yo, como sonido que representaba un poder, nació como fuerza vital y la ley del más fuerte. Tanto el sometimiento de la tribu primigenia, como de aquellos primeros y posteriores grupos humanos culturales, a unos pocos o un único líder era una regla que no tardaría en escribirse. Un ego o unos pocos egos se imponían a un número mayor de egos que seguían las creencias que aquellos otros iban, como dije, imponiendo más que sugiriendo. Desde aquel entonces, la fuerza gregaria de la naturaleza (Link a Kukalot, canal YouTube)se conducía y se nombraba como tradición. Ya desde aquel entonces podemos rastrear la pesada carga del ser humano de salir de esa zona de confort que representa dejar sus decisiones en manos de otros, dejar su libertad anclada y sometida a un puñado de hombres, que, no olvidemos, se nutren de creencias que solo viven por y para ellos.

La economía nace para desarrollar la capacidad creadora humana

   Ya desde aquellos albores podemos rastrear las economías inhumanas de hoy en día. Ya, hoy en día, podemos decir de aquel entonces que los seres humanos estaban condenados a evolucionar económicamente desde unas premisas negativas, falsas y que le impedirían trascender su condición gregaria y, peor aún, les imposibilitaba salir del sometimiento al más fuerte. Los Estados modernos, la totalidad de los estados modernos, con sus economías del descarte, son solo la extrapolación temporal de aquel líder que impuso sus creencias. La fuerza de aquel primer líder la podemos ver hoy en los distintos modelos de Estado con sus ejércitos y aparatos de seguridad imponiéndose. Es más, en los famosos golpes de Estado podemos ver la sustitución de aquel líder alfa por otro y, como en aquel entonces, a veces resultaba, a veces no, aunque siempre dejaba rastros de sangre y mucha sed de venganza.  En estos albores del siglo XXI, en estos finales de esta última humanidad, el cambio de paradigma no llegará. La extinción de estos modelos egocéntricos, egotistas, basados en la fuerza, dará paso a modelos sociales y económicos basados en el nosotros, en la suma de todos y no la imposición de unos pocos al conjunto. El mundo de las creencias dará paso al mundo del conocimiento en base a la ciencia y el mundo del ego dará paso al mundo de la conciencia. Veamos.

Los esclavistas modernos cotizan en bolsa y/o se sientan en despachos políticos

CÓMO SE DEFINEN HOY LAS ECONOMÍAS INHUMANAS COMO ECONOMÍAS FALLIDAS

   Por qué mantengo y sostengo que las economías de hoy en día son economías inhumanas, economías fallidas. Las economías fallidas son todas aquellas que han olvidado una de las reglas básicas de la conciencia y es aquella que dice que la parte influye y se influye del todo y, por ende, todo está entrelazado. Creer que el interés particular, cuando este significa el sufrimiento o la muerte del otro, se puede justificar, validar o legitimar por el poder de la fuerza o el engaño es, en el mejor de los casos, cuando es la ignorancia lo que les lleva a actuar de esa manera, de una estupidez racional mayúscula. Uno de los problemas de esta última humanidad, en el terreno económico, ha sido confundir su propia ignorancia del medio natural en el que se desenvolvían con la idea de que su supervivencia dependía del medio y no de sí mismos, de su capacidad creadora y del conocimiento sobre el medio que iba, poco a poco, desarrollándose. La guerra, el vandalismo, la expropiación como medio de supervivencia fue y es tónica de esta última humanidad. Hoy, maquillada con luces de neón y manuales de partido jugando al Monopoly de la geopolítica, se sigue entendiendo la economía como un acto de pillaje de unos hombres sobre otros. De nada ha servido el crecimiento tecnológico y la ampliación de miras del mundo natural, el hombre de la era del telescopio Hubble se sigue comportando como el hombre de la era ptolemaica, quizá con ocios más diversos, el que los puede pagar, pero encerrados en el mundo de las creencias y, peor aún, en el mundo de la inconsciencia. Jamás el ser humano, la conciencia humana, estuvo tan cerca de despertar a su propia conciencia de Ser y dejar atrás las noches oscuras del alma humana, pero tampoco estuvo tan asediada por el Mal, con mayúscula. Las economías del presenten alimentan ese Mal que está, aparentemente, ganando la batalla para seguir esclavizando al hombre a miedos atávicos. Pero esta victoria es solo eso, aparente. Frente a todo tipo de Estados del Mal, está surgiendo unas generaciones de seres humanos que afrontarán esos miedos que sus ancestros jamás pudieron enfrentar.

Política y economía han cometido el peor de los incesto al dejar abandonado al Hombre
LA MUERTE DE LAS ECONOMÍAS FALLIDAS O COMO SATURNO FUE DEVORADO POR SUS HIJOS

El ser humano, la conciencia humana, está llamado a despertar a su condición de ser conciencia y de ser conciencia cósmica. Los adelantos tecnológicos y científicos de los últimos decenios, con la red de internet como abanderada de esos cambios, no es casualidad ni han nacido para ser unos instrumentos más para dar dividendos en la bolsa de las miserias humanas, coticen en Tokio, el Ibex o en el Down Jones, etc., etc., aunque estén transitando por esos períodos hoy en día. Los adelantos tecnológicos y científicos están desarrollando otra manera de entretejerse la red neuronal humana de las generaciones nacidas bajo el signo de internet, no basada esa red neuronal en miedos a lo otro, al otro, sino en la cooperación con el otro y la búsqueda del interés común y no particular.

La economía del futuro o estará centrada en el ser humano o el ser humano se extinguirá

Las nuevas redes saben que el juego consiste en que el juego no termine y para ello no pueden construirse modelos que se basen en la destrucción del otro jugador, del game end. Las nuevas generaciones reescribirán los conceptos de riqueza, prosperidad, ocio, trabajo e inclusive el tan prostituido concepto de propiedad en base al individuo mismo y no en base a estructuras que han ninguneado al hombre mismo. La idea no es salvar al juego, sino al jugador. Hoy, en estos tiempos de pandemia, de COVID 19, vemos como las estructuras de poder presentes, tanto políticas como económicas, inclusive militares y religiosas, no les importa la suerte de los jugadores, sino que intentan a toda costa salvar el juego actual que tan groseramente les ha enriquecido a lo largo de la corta historia de esta última humanidad. Estos tiempos, digo, están feneciendo porqué las conciencias, despiertas a su condición de Ser, no pueden dejar de ser y el Mal siempre tiene fecha de caducidad allí donde acampa.

RAZÓN DE ESTADO Y EL ESTADO DE LA RAZÓN

Los Estados modernos están en decadencia. Cualesquiera razones que intente legitimar su agonía huele a podrido o, peor aún y más acorde con los tiempos, a gas mostaza. No hay mañana si el ser humano, los neo esclavos modernos, los esclavos integrales, no son capaces de reaccionar a tiempo. Y todo apunta a que el reloj de los hombres llama a su final, aunque somos muchos los que preferiríamos que sonase para su despertar a la conciencia que somos. Veamos.

Los Estados modernos son vasallos de sus economías

LA SIN RAZÓN DE LOS ESTADOS

Los Estados modernos son vasallos de sus modelos económicos y estos son, a su vez, los causantes últimos del genocidio humano que están viviendo y padeciendo los hombres en esta última humanidad. Se han levantado altares a verdades y creencias fallidas y se ha sepultado la sed del hombre que clama su libertad en consumismos de todo tipo, desde los ideológicos a la 5G. Las economías, y no importa el modelo de Estado que sostengan, desde el nuevo imperio socialista chino a la tambaleante democracia norteamericana, pasando por la autocracia rusa, la avarienta Europa, los populismos americanos o los imberbes Estados africanos, están al servicio del mal, no del bienestar común de los seres humanos. Y la casta política les hace banda sonora. Digo que están al servicio del mal porque, a todas luces, han antepuesto las estructuras que han formado por encima del hombre mismo, del hombre de carne y hueso. Unas estructuras que, a su vez, están al servicio de esa casta de seres equivocados que dicen ser líderes y que solo se apoyan en la fuerza bruta que les acompañan. Y lo de bruta, sin generalizar porque toda generalización es fanatismo y el fanatismo es una enfermedad mortal en el hombre, les cae muy bien a esos hombres de armas que no ven más allá de su bayoneta.

Los sistemas económicos modernos son causantes del genocidio económico

QUÉ HA DESHUMANIZADO A LAS ECONOMÍAS

Las creencias. Las creencias han levantado esta última humanidad en base a miedos, desconfianza y mucho odio, muchísimo odio. Las creencias no hablan del ser, de la conciencia que todos compartimos, sino de la forma en la que cada uno va viendo el mundo. Las creencias son una forma de ver y ya, hoy en día, todos sabemos que las apariencias engañan. Al cerebro humano poco le importa si lo que cree ver es cierto o no, si es verdadero o no, si es útil o no, si esclaviza o libera, si se lo enseñas, lo toma como cierto, verdadero, útil y liberador.

Los Estados modernos están en decadencia. Su crimen, el olvido del Hombre

Se han construido sociedades basada en creencias y (link a YouTube) no en la conciencia humana. Se ha confundido la conciencia con éticas de todo tipo y con religiones disfrazadas de dioses demasiado humanos. Se ha identificado el ego, la mente, el yo, con el conjunto de creencias heredadas, cada cual la suya, y se ha enterrado a la conciencia en los altares del olvido. En suma, se dice, se inocula, se inyecta en ese cerebro ingenuo, que, como dije, se deja engañar muy bien, que tu identidad, lo que eres, son tus creencias. Olvida el mundo de las creencias que ellas son posibles gracias a la conciencia, cuya esencia es ser libertad creadora, libertad de ser.

EL PROBLEMA DE LAS ECONOMÍAS MODERNAS

No importa el sesgo de las economías. Ya dijimos que ellas son el causante del genocidio humano de hoy en día, como lo ha sido a lo largo de la evolución humana. Hoy en día, como ayer, son dos los problemas bases de las economías, a saber, uno el de la propiedad y otro el del dinero, muy ligados ambos conceptos. Veamos muy someramente a estos dos contertulios.

   Las creencias fallidas (link a YouTube) comenzaron su estrategia insana, pero muy útil para sus propósitos opresores, cuando comenzaron a apropiarse de la tierra. No a disfrutar, compartir, trabajar, sacar frutos de ella, sino cuando a alguien o a un grupo se le ocurrió decir “esto es mío, este pedazo de tierra es mío”. Junto a la tierra le puede ir añadiendo todos los bienes terrenales que se les ocurran, el agua, el sol, etc., y todos aquellos otros creados por esa conciencia humana, por esa capacidad creadora que todo, repito, todo ser humano es, cuando les dejan, y en donde puede echar desde la azada, la rueda, las vasijas de barro, los puertos USB y todo lo que usted conozca, lo use o no, disfrute o no de ello y todo aquello que nunca conocerá. La propiedad nació no con un carácter temporal, sino como una posesión, que, para más inri, podía ser legada.

El dinero, de ser un instrumento para el comercio, se convirtió en cadenas para esclavizar al hombre

   El dinero nació para facilitar todo tipo de trasvases de propiedades, desde la tierra hasta el trasvase de conejos por morcillas.  El dinero, en cualquier tipo de soporte, desde la sal al oro o las novedosas criptomonedas, viene a legitimar el mismo concepto de propiedad. Si usted encuentra una sociedad, en este o en otro planeta, que no tenga dinero, tenga por seguro que tampoco tendrá un sentido de la propiedad como posesión, como pertenencia absoluta. Ahora bien, el dinero es, por decirlo de un modo entendible, una consecuencia lógica de la propiedad. El intercambio de propiedades, popularmente conocida como comercio, necesita un instrumento de intercambio, el bendito, apreciado y necesario dinero. Ahora bien, aquí comienza los problemas, uno, el valor de las cosas ¿Cuántos conejos valen dos gallinas? ¿Cuántas horas de trabajo (de tu vida) vale un IPhone?Y todo lo que usted pueda imaginar.

Aprecio el dinero porque sé el precio a pagar por no tenerlo (Héctor Gallo)

Dos, el precio del dinero en sí mismo. Sí, la creación de los bancos modernos, en su devenir histórico, comenzaron a comerciar con el dinero mismo y a darle un valor a lo que, en principio, solo era un instrumento de intercambio. Nacieron las deudas. En estas sociedades insanas, un niño, al nacer, ya viene endeudado. En otras palabras, en vez de nacer para desarrollar a plenitud su conciencia creadora, viene a pagar las deudas de un sistema de creencias que ha ninguneado al hombre y lo han puesto al servicio de la propiedad y el dinero, mejor dicho, al servicio de los propietarios de la propiedad y el dinero, llámese o entiéndase como Reserva federal, Comité del Politburó del partido o con las siglas que ustedes gusten. 

SEGUNDA PARTE: SOLUCIONES PARA EL SIGLO XXI A LAS ECONOMÍAS ENFERMAS DE SIEMPRE

¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

Siguen sin comprender. Galopan al abismo y la polvareda les impide ver hacia dónde van. A lo lejos se escucha y se siente el repicar de unas campanas y alguien pregunta ¿Por quién doblan las campanas? Hemingway, el viejo, desde una mar en un extraño y lejano planeta no duda en contestar: las campanas doblan por ti, mi amigo lector.

Las campanas están sonando por la humanidad

  ¿Son tiempos de incertidumbre o son tiempos que ya estaban señalados? No hay que ser muy avispado para entender que uno de los efectos de la modernidad en este incipiente siglo XXI es la desconfianza hacia el otro y lo otro que intenta maquillarse con pactos y acuerdos de todo tipo. Desconfianza hacia el otro que es distinto y hacia lo otro que no entendemos o, peor aún, nos molesta. El hombre cultural, el hombre enfrascado en su tradición, se siente, hoy en día y hoy como ayer, en la más inquietante congoja. El hombre cultural descansa sobre unos pilares muy frágiles, incapaces de soportar el correr de los tiempos, a saber, sobre el pilar económico. La economía lo es todo, vienen a decir. Y desde esta venta poco o nada importa si la economía es de libre mercado maquillada de variopintos capitalismos, está sujeta a la planificación de un Estado totalitario o es un híbrido entre los dos modelos. La economía, los distintos modelos económicos, están llevando a la sociedad humana hacia un abismo ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en las entrañas económicas para que esto suceda?

Las economías están llevando al Hombre hacia un abismo

   Han olvidado al hombre. La maldad que acarrea las estructuras impersonales creadas por los distintos modelos de Estado ha calado en el pensamiento humano como una esponja que absorbe toda el agua de una fuente hasta secarla. La sociedad económica ha olvidado la esencia de la sociedad misma, su humanidad y, tras ella, el común denominador de todas las diferentes formas de ver y entender la vida, la conciencia humana. Uno puede preguntarse por qué sucedió esto y la respuesta está en la misma raíz de la evolución de esta última humanidad, a saber, los miedos. Miedo al otro, miedo a la escasez de la naturaleza, miedo a lo desconocido, etc., etc. Y los miedos, más que engendrar solidaridad y colaboración, lo que engendran son explotación y opresión. Solo el conocimiento les hará libres a los seres humanos de sus cadenas. Pero ¿de qué conocimiento estamos hablando?

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO O POR QUÉ LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI

   No se trata del conocimiento de la naturaleza, del mundo que vivimos, sino del conocimiento que te lleva a reconocerte como conciencia de Ser en este magnífico universo. Ese conocimiento hacia dentro es el que va permitir el desarrollo del conocimiento que llamamos científico. Sí, se ha adelantado mucho en el último siglo en ese mirar dentro de la materia, pero no es nada comparado con el mundo que está por venir y este universo que se mostrará en todo su esplendor y dejará al descubierto los secretos de una vida que no se agota en sí misma. El reconocimiento como conciencias más allá del mundo de las creencias será la muerte de las ideologías, políticas, religiosas o de cualquier índole que lleve al hombre a alejarse de su origen común. El conocimiento hacia dentro no vendrá de la mano de las hegemonías del poder, sean políticas, religiosas, económicas o de cualquier orden opresor, sino de la mano de un bichito que dirá a la maldad humana, las campanas doblan por ti.

El cambio solo puede llegar de tu mano

EL CORONAVIRUS Y EL POR QUÉ LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI

   Eres libertad de ser. No estás atado a ninguna creencia. Tú tienes el poder de decidir reencontrarte con la conciencia que eres y que compartes con el resto de conciencias que te acompañan en este viaje maravilloso. No estás atado al tañido de unas campanas y menos a aceptar que las campanas doblan por ti. No obstante, esa decisión a la que te enfrentas, de reencontrarte a ti mismo en estas sociedades enfermas, deshumanizadas, es una tarea que nadie puede hacer por ti. Las ideologías, las creencias, te marcan un camino exigiendo que camines por sus sendas para esclavizarte a ellas, a su forma parcial e interesada de ver el mundo, pero este encuentro con la conciencia que eres solo tiene un camino, un destino y una brújula, tú mismo.

Las creencias esclavizan

   Pero la Conciencia Universal, algunos la llaman “Dios”, “sabe” perfectamente que las hegemonías humanas del poder, esas conciencias insanas, que han olvidado su esencia y no desean volver a ella, jamás permitirán que las conciencias humanas esclavizadas aúnen sus voces en una sola. Las hegemonías del mal se nutren de las diferencias, necesitan enfrentar a unos hombres a otros, pero sus horas están contadas. Lo que ellas, las distintas formas de Estado y poder, impiden, un virus les obligará a hacer. Un esclavista solo deja el látigo con el que domina si ve en peligro su propia vida.

   El planeta se detiene para que tú, como conciencia de ser que eres, puedas reflexionar sobre el futuro que está por llegar. Quizá los miedos que te han sembrado durante toda tu vida intenten dominarte de nuevo y quieras volver rápidamente a tus zonas de confort, que muchos llaman “su normalidad”. Otros, los más, sin saber que son esclavos, gritarán a los cuatro vientos que quieren volver a sus grilletes, a sus celdas de trabajo, quieren volver a su normalidad. Otros, en cambio, alzarán sus voces para dejar fluir lo que está por llegar.

Para ti, por quién doblan las campanas.

LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El siglo XX ha representado para el acervo humano el siglo de la muerte y la indiferencia hacia el otro a causa de las ideologías, las ideologías del mal, de la muerte, del desprecio. No es algo novedoso en la historia humana, pues los distintos pueblos y civilizaciones de esta última humanidad, desde los etruscos hasta la moderna china post maoísta, se han caracterizado por las luchas entre ellas y dentro de cada una de ellas, por el dominio, control y opresión de unos hombres sobre otros, de unas “clases sociales” sobre otras, de unos “grupos de interés” sobre otros. Lo que caracterizó al sangriento siglo XX fue el salto científico y tecnológico que fue perfilándose tras las distintas revoluciones industriales. Un salto que culminó con el asesinato de cientos de miles de seres humanos, directa o indirectamente, con la primera bomba atómica lanzada contra seres humanos. Lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki en 1945 representa el paroxismo de la enfermedad del hombre social, a saber, su fanatismo ideológico y el completo olvido del Ser.

Volverse hacia el Ser es reencontrase con la vida

EL OLVIDO DEL SER COMO LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE

   No se trata de hacer un tratado, ni siquiera un panfleto, sobre el salvajismo humano, sino de ir a la fuente que ha originado la decadencia de esta última humanidad. La enfermedad del hombre moderno la podemos rastrear incluso en épocas tan atrasadas tecnológicamente que podemos afirmar con certeza de que no todo tiempo pasado, ni mucho menos, fue mejor.

Contra el virus del odio, solo existe la vacuna del amor y del perdón

El miedo a lo distinto, a la misma naturaleza que iba surgiendo de aquella prístina consciencia que iba nombrando el mundo que le rodeaba, traería como consecuencia un mundo de creencias que se alejaban a pasos agigantados del común origen de toda forma de vida y, primordialmente, de toda conciencia cósmica. En el fondo, todo salvajismo, todo fanatismo, podemos reducirlo a un desconocimiento de la fuente última de la vida. Una fuente que algunos llaman Dios, otros lo llaman leyes universales, otros, simplemente, prefieren no nombrar lo innombrable porque nombrando el Misterio solo podían reconocer la gran ignorancia que tenían y tienen de él. Un desconocimiento que fue sustituido por creencias políticas, sociales y religiosas de todo tipo y queno solo profundizaban las brechas de unos pueblos sobre otros, sino que al hacerlo iban construyendo muros para convertir sus creencias en prisiones para sus adeptos y en patíbulos para sus detractores.

El olvido del Ser es la más peligrosa enfermedad del hombre social

La cultura humana, las culturas humanas, nacieron no con el fin de unir, sino de cercar, de aislarse. Por ello la importancia de estos momentos históricos en los que la globalización tecnológica puede llevar a romper los viejos modelos de opresión cultural. Nunca el hombre ha estado tan cerca del salto de conciencia que necesita para despertar al Ser que es.

CÓMO ENFRENTAR LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El hombre moderno, en una gran mayoría, está enfermo de soledad, miedo y egoísmo porqué los distintos modelos sociales imperantes en todas las latitudes siguen basando su dinámica en tradiciones inhumanas nacidas bajo los signos de la ignorancia. Tradiciones por las que el hombre sigue siendo esclavizado bajo otras formas aún más sutiles, pues, hoy en día, a los esclavos les llaman libres y les hacen creer que lo son y, paradójicamente, la gran mayoría de los seres humanos se lo creen. Tradiciones que podemos rastrear en las distintas formas en que los grupos de poder entienden distintas facetas de la evolución humana, desde la propiedad hasta el trabajo pasando por las relaciones entre el hombre y el Misterio.En cualquier caso, las tradiciones modernas son las que deben enfrentar las generaciones humanas de hoy en día, en especial los más jóvenes, pues ellos son los menos contaminados de la maldad que ha recorrido y recorre la historia humana.

Cada generación tiene el derecho a buscar su propio destino y no vivir de errores pasados

El olvido del Ser llevó al hombre a encadenarse a sus miedos y a esclavizar a todo aquel que no participe de sus creencias. Las semillas del mal estaban listas para alimentar las peores pesadillas de los hombres. Para enfrentar esas tradiciones insanas lo primero que debe hacerse es reconocer, cada quien, en su propia intimidad, que es mucho más que todas las creencias que le han hecho creer que es. Si eres budista, imagínate siendo y actuando en tu entorno como un cristiano o musulmán. Si eres monoteísta, imagínate siendo y actuando como un ateo en tu entorno. Si eres un comunista converso, imagínate siendo y actuando como un empresario modelo en tu entorno. Si eres un empresario explotador, imagínate siendo y actuando como un obrero más de tu fábrica o emporio. Si eres un doctor en ciencias, imagínate siendo y actuando como alguien a quien no le han enseñado a leer y escribir. Si eres un analfabeto convencido del poder de la universidad de la calle, imagínate siendo y actuando como un doctor en ciencias físicas.

No juzgues quien ha traicionado a su propia humanidad, pues al juzgarlo, te estás juzgando a ti mismo

En fin, imagínate que eres mucho más que las creencias que has recibido y que te han dado una identidad falsa, pues tu yo no trata tanto de lo circunstancial (tus experiencias particulares), sino de lo esencial, lo que hace posible la experiencia de ser.

MÁS ALLÁ DE LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

Si las nuevas generaciones, junto a las más envejecidas que aún conservan la inocencia de ser, logran dar el salto de conciencia necesario para frenar la extinción de la especie humana, otro mundo, otro tipo de hombre, verán la luz. El hombre, como conciencia, como una conciencia cósmica más en este universo en constante transformación, no nace para sufrir, ni para doblegar al otro, ni para vivir entre miedos, sino para crear y disfrutar de la plenitud de la experiencia de ser.

La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana

El conocimiento es el camino, el único camino posible, hacia una conciencia cada vez más consciente de su entrelazamiento con el Todo. Un conocimiento que va mucho más allá de descubrir la estructura cambiante de la materia visible o de la misma materia o energía que llaman oscura, sino del conocimiento que lleva a descubrir la fuente inagotable de la vida en cada conciencia misma.

El bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki representa el uso malévolo del conocimiento y el fracaso como seres sociales

El camino del conocimiento lleva, inevitablemente, al conocimiento de Dios mismo dentro de cada Ser. Un Dios, eso sí, que no descansa en los miedos humanos, sino que da cuenta de la divinidad que toda forma de vida encierra en sí misma por el simple hecho de Ser. El Ser no se puede imponer a la consciencia (por esto mismo, cualquier civilización cósmica que esté ayudando al hombre a su despertar al Ser no puede actuar directamente). El Ser debe aflorar entre la consciencia, abriéndose paso entre esas mil y una creencias fallidas que fueron construyendo una falsa identidad, un falso yo. Un yo que no parta del nosotros, que no asuma a todos como parte de sí mismo para convivir, interactuar e ir creando nuevas experiencias de ser en todo el cosmos, es un yo falso que confunde lo nuestro con el nosotros, es un yo que no ha salido de la prisión del sí mismo, de las creencias fallidas que le han llevado a anularse a sí mismo.

No busques en la tradición la salida hacia un mañana distinto. Las tradiciones, por esencia, solo buscan perpetuarse a sí mismas

   Es la hora de trascender el mundo de las creencias y encaminarse a la senda del Ser. Como individuos, como consciencias, igual que como especie, no hay otro camino. La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana.

¿QUÉ O QUIÉN ES EL DIABLO? DIABLO Y PODER

Comencemos bien. El diablo no es un ente antropomórfico con cuernos, cola y oliendo a azufre por todos los poros de una rojiza piel. No habita un espacio-tiempo difuso y caluroso, el infierno, donde se permitiría la entrada a cualquier mortal sin más visas que la del odio que pudiera haber sembrado en su tiempo de vida.

El demonio se aleja de la Conciencia
El demonio es un estado fallido de la consciencia

No. Seamos claros, precisos e intentemos pensar con cabeza propia y común  y no por creencias fallidas y ajenas. El diablo es una mente humana, una forma de pensar, de actuar, de crear una realidad ajustada a su pensamiento. El diablo, en este planeta, en este mundo, tiene nombre y apellidos, y poder, mucho poder. Veamos.

DIABLO Y PODER, LA OTRA CARA DEL INFIERNO

   Diablo y poder van de la mano, hoy, ayer y mañana, si no se lo impiden las huestes que están despertando del sueño dogmático del poder y de quienes lo detentan. El diablo no es más que el Mal, con mayúscula, el deseo intencional y continuado de hacer daño, de violentar y anular al otro para esclavizarlo o aniquilarlo, según sea el caso y la urgencia para mantener el poder.

La esclavitud que el mal persigue es la tuya
El mal se viste de muchas maneras pero siempre persigue lo mismo, tu esclavitud a él

El Mal se sirve de cualquier ideología, política, religiosa, económica o de cualquier índole. El Mal es contagioso, enciende el deseo, en quien lo sufre, de replicar al Mal con mal. El odio se alimenta del odio que él engendra como Saturno se alimenta de sus hijos. No hay un resquicio de benevolencia en quien ejerce el Mal, su única aspiración es su ejercicio en plenitud, aún hoy en los mercados de la apariencia y del rechazo a lo políticamente incorrecto. Si es necesario el Mal transmutará el lenguaje mismo y lo que ayer era blanco hoy se dice negro. Lo que ayer era justicia hoy se dice infierno. No, el Mal no sabe reconocer, diferenciar, el bien común de su propio beneficio. Todo le pertenece, todo lo quiere para sí. No hay forma de saciar su apetito de sangre. No hay forma de remediar su sordera y ceguera. Para el Mal, el mal son los otros, el infierno son los otros. El paraíso, para el Mal, es verse a sí mismo como señor todopoderoso sobre las consciencias temerosas de él.

   ¿Por qué existe el Mal? ¿Qué Dios pudo permitir que unas criaturas por Él creadas fuesen tan dañinas? ¿Por qué permite que los diablos salgan con la suya en no pocas ocasiones? Si no existiera el Mal, el mal se inventaría a sí mismo, se crearía a sí mismo simple y llanamente porque tanto el diablo como el santo son libres de Ser.

Tú eres la esencia del universo
Tú eres mucho más que tus creencias políticas, religiosas o de cualquier índole…tú eres Conciencia de Ser y compartes con el universo esa esencia

Ser es libertad, no la libertad que nace de la razón, de los egos, de las creencias fallidas, sino la que nace de la misma noción que nos hace Ser, a saber, Dios mismo. Esa libertad que nos permite crear todo aquello que seamos capaces de imaginar y al imaginar modelar como realidad a través del pensamiento. Ser libre es poder ser distinto a Dios mismo. Dios no creo el mal, creo criaturas que pudieran ser todo lo opuesto a lo que Él es. Pero esa libertad de ser Mal no conlleva el bienestar de Ser, pues el Mal se aleja del Todo, se aleja de cada parte del Todo y  ese alejamiento solo crea un vacío de ser. Un vacío que nunca podrá dejar de sentir mientras siga ejerciendo el Mal. No extraña el que no pocos lacayos del Mal no terminen sus días en ningún infierno porque ellos mismos son el infierno, y lo saben, y mueren sabiéndolo.

No devuelvas mal con mal
Si rechazas el odio con odio, has perdido la batalla

Las víctimas, contagiadas por su veneno mortal, exigen justicia, claman a Dios, quieren ver muerto a esos agentes del dolor, pero desconocen que ese deseo de replicar al mal con mal, la ley del ojo por ojo, diente por diente, los aleja de Dios y no solo los aleja de Dios, sino les aleja de sí mismo, de la divinidad que son, de los hijos de Dios que son. En ese instante, es cuando el Mal, realmente, vence al Bien, al Amor.

DIABLO Y PODER SE PASEAN POR EL CIELO

   ¿Acaso el Mal es intocable, no se puede luchar contra él? ¿Acaso las víctimas del Mal deben agachar la cabeza y dejar que la guillotina del odio les caiga sobre su cuello? El Mal no se vence con la misma receta que él usa para inyectar odio, so pena de caer en su juego macabro.

El odio y sus huellas
El rencor es la manifestación de un odio que late en potencia

La humanidad lleva jugando a ese macabro juego desde el comienzo de los eones. La humanidad es una sociedad enferma de odio y no hay forma de revertir ese estado con las mismas armas con las que le inocularon ese virus. No. Solo es posible revertir el Mal con su completo exterminio y para lograrlo solo es posible a través del despertar humano a la Conciencia de Ser. No hay otro camino, no hay otra salida. Ese despertar no está contaminado de creencias fallidas, todo lo contrario, es una trascendencia de ese mundo de creencias que fueron fabricadas por los egos a través de la historia humana. El despertar a la Conciencia de Ser significa el encuentro del hombre consigo mismo después de desnudar su alma y su ego frente al espejo de los otros. Las creencias han separado a los hombres en nombre de sí mismas. En el mundo de las creencias el hombre se ha esclavizado a ellas porque estas han tergiversado el origen común de la humanidad.

no te engañen las zonas de confort
Las zonas de confort no te alejan del mal, lo maquillan.

Desde las creencias religiosas, que se han apoderado del concepto de Dios para crear dioses a imagen y semejanza de los hombres, hasta las creencias políticas, que se han valido de mil y un miedos a la muerte, al dolor, a la fuerza del más violento, los hombres han sucumbido al poder de unos hombres sobre otros por el desconocimiento de su común origen. La ignorancia los ha convertido en esclavos, unos de otros y, peor aún, de sí mismos. El Mal siempre se viste de ignorancia por parte de quien lo recibe, de quien lo sufre. Incapaz de entender esa actitud de ciertos seres que han elegido el camino del Mal como libertad de Ser, se escondan en una ideología política, religiosa, económica o cualquier otra, la víctima del mal se siente impelida a devolver el golpe desde su ignorancia con las mismas armas con las que le inocularon ese virus mortal. Sin embargo, como he dicho, esa no es la solución. Devolver golpe con golpe solo profundizará tu herida.

DIABLO Y PODER, LOS INFIERNOS

   A muchos les costará creer en los infiernos religiosos y tienen razón. También es inconcebible un “castigo” eterno, pues el Mal, al ser un Estado de la conciencia, puede ser eterno pero no permanece en la eternidad de quien lo ejerce ni de quien lo sufre, pues, tarde o temprano, el Mal cansa, se agota, no encuentra su razón de ser.

Ángeles debatiendo
Si quieres alejarte del demonio, piensa, vive, actúa conforme a la ley del Amor

El alejamiento del Padre, de Dios, de las otras conciencias que se entrelazan en este universo vivo de Conciencia, no tiene sentido ya para quien se refugio en esa libertad de Ser y la ejerció incorrectamente. Tarde o temprano, todas las ovejas vuelven a casa, a la casa del Padre. La experiencia de Ser no siempre va acompañada de una grata sensación de Ser, de una plena consciencia de la maravilla de la vida en este universo infinito.

   Cuando alguien te reclame y te diga gritando que el diablo no existe porque Dios no existe, recuérdale que reconocerás al diablo por los infiernos que habita y a Dios por todo el amor que puedes ver en esos infiernos.

Tú eres luz para ti mismo y para los demás
No te dejes vencer por la oscuridad del mal, se Luz

Cada vez que veas una víctima de violación sexual, de guerras, del maltrato por su pareja, de explotación en su trabajo, de niños hambrientos y sedientos, de enfermos que se mueren por un medicamento que no pueden pagar, de gobiernos despóticos que solo alimentan ideologías del mal,  víctimas, en fin, de la indiferencia en estas sociedades humanas que han hecho de los infiernos sus zonas de confort, recuerda entonces que solo el Amor te hace libre. Solo el Amor, sí, con mayúscula, te puede hacer despertar a tu Conciencia de Ser y comenzar a amar a aquello que a gritos pide que lo odies porque el mal solo se alimenta del mal. La oscuridad no soporta la luz porque donde hay luz, la oscuridad deja de existir. La luz es conocimiento, es no dejarse vencer ni por el odio ni por la resignación ni por la apatía, es conocimiento de Ser. Nunca permitas que apaguen la luz que eres. Nunca permitas que demonios de todo sesgo te conquisten.

EL ODIO EN LA NATURALEZA HUMANA

Comencemos bien. El odio es el deseo, consciente, intencional, de hacer el mal. El sujeto que odia, al activar ese deseo, es capaz de cometer los más inimaginables actos contra el objeto odiado. Sí, objeto. El sujeto que enciende en sí el ánimo de dañar a otro semejante no lo ve como tal, lo reduce a un objeto, lo cosifica, le anula su humanidad. Lo que desconoce el sujeto que odia es que al hacerlo se cosifica a él mismo, pierde su humanidad. No hace falta poner ejemplos de actos de odio, los hay por doquier en el periplo de la historia humana. Incluso podríamos tildar la propia historia humana como la historia de la evolución del odio.

Somos más que lo que la sociedad nos dicta
– El odio es un producto social que anida y se desarrolla en el hombre de carne y hueso

El deseo que enciende el odio ha sido y es común al conjunto de los seres desde la noche de los tiempos, pero su forma de manifestarlo ha ido cambiando a medida que las sociedades iban desarrollándose técnica y políticamente  y creciendo en complejidad. El odio se puede encender a nivel de individuo como colectivamente. Las guerras no son más que el contagio del odio a nivel colectivo. Ahora bien ¿es consustancial el odio a la naturaleza humana o a la naturaleza social del ser humano? ¿Qué factores influyen en la activación de ese deseo de hacer el mal? ¿Se podría erradicar el odio de la naturaleza humana?

   LA NATURALEZA DEL ODIO DESDE EL BALCÓN DE LA BIOLOGÍA

  El ya viejo debate creado sobre la posibilidad de que el odio esté o no inscrito en nuestros genes, no tiene base alguna desde el último salto de la genética, la epigenética. Factores externos, a saber, ambientales, alimenticios, etc., así como afectos espirituales, como el amor,  pueden influir en la activación o no de determinados genes e, incluso, estos cambios ser transmitidos a las generaciones venideras. Por decirlo de una manera un tanto poética, el ADN podría ser leído de distinta manera en dependencia de su audiencia o, desde una poesía cuántica, el ADN puede ser expresado de distinta manera en dependencia de quién lo observe. Aún en el supuesto de que hubiese un “gen del odio” o un conjunto de ellos que activaran  ese deseo de hacer daño, por ejemplo al sentir envidia, no, necesariamente, conlleva que no se pueda modificar anulando sus efectos al activar cambios en el entorno del individuo. Otra cosa distinta es, una vez encendido el odio, cómo controlar esa cascada biológica, ese torrente neuronal de sinapsis enloquecidas,  que hace a un ser humano convertirse en una bestia y llegar a cometer atrocidades sin parangón en otras especies, que se sepa. También aquí la epigenética podría decir muchas cosas.

El Ser te aleja de la naturaleza del odio
Despertar al Ser te aleja del odio

Ahora bien, esto solo viene a corroborar lo que se sabe desde siempre, la libertad humana descansa en el espíritu y no puede encadenarse a la materia. La libertad es, ante todo, libertad de Ser y no libertad de pensar, actuar, expresarse, etc., etc. El espíritu, el Ser, no está encerrado en la materia, la permea, la impregna. Pero la materia, en sí, tampoco está determinada, sujeta, anclada a determinadas relaciones consigo misma y en la interacción con “otras materias”. Hasta un electrón, por decirlo de una manera anti-académica, tiene poder de elección.

   El hecho de pensar que hay comportamientos humanos fijos, inamovibles, que pueden ser proyectados incluso a un conjunto de seres, no está inscrito ni en la libertad de Ser del ser humano, que, no olvidemos, nace del espíritu, ni está inscrito en la biología que nos hace actuar de una u otra manera en dependencia no solo de nuestros genes, sino del ambiente donde el individuo se desenvuelve. Todo cambio no solo es posible, sino ineludible, pues, en el fondo, la vida misma es una danza cósmica en la que nada vuelve a ser lo que fue.

El Conocimiento del Ser te llevará al camino de la libertad
Conocer sin prejuicios es crear creencias alienadas con el Ser

Heráclito lo tenía muy claro y no necesitó un acelerador de partículas para acceder a una de las leyes universales básicas, a saber, no hay leyes universales fijas. Necesitamos leyes fijas para aprehender no la “realidad” en sí, sino la forma de hablar de ellas. Dicho de otra manera, las leyes que quieren encerrar al hombre en la materia son cambiantes porque la misma “realidad” es cambiante. Pero esto es harina de otro costal.

LAS CREENCIAS DEL ODIO Y SU NATURALEZA MUTANTE

   La naturaleza del odio no viene dada por nuestro Ser, por el espíritu que somos, sino por el mundo de las creencias, es decir, por el mundo del ego, de la razón, de la mente. Qué es una creencia. Una creencia es una idea, lingüística, imaginativa, auditiva o simbólica, acerca de algo o de alguien. Es una forma de ver, entender e interactuar con ese algo o alguien. Esto último es muy importante, pues reflejaría el núcleo práctico de las creencias, a saber, son pautas de comportamiento. No te comportarás de la misma manera ante alguien de otro color de piel si eres un ser con una creencia igualitaria a si eres un racista. Creo que está claro.

Tú eres el objeto de tu odio
Cuando sientas el llamado a odiar, recuerda que tú eres la diana

Toda creencia viene marcada por un comportamiento. Hay creencias relevantes, positivas, neutras y fallidas. La naturaleza del odio se nutre de estas últimas. Una creencia fallida es, no importa el contexto, toda aquella que te lleva a anular a otra conciencia de Ser. Una creencia fallida te encierra en tu propio mundo, en tu propia “verdad”. Ese encerrarse en tu mundo conlleva, obviamente, no solo convertirte en centro del mundo, pues tu creencia es para ti el centro del mundo, sino el alejamiento de todos aquellos y de todo aquello que no cae bajo tu forma de ver y entender el mundo e interactuar con él.  Esta actitud egocéntrica, egoísta, pudiera parecer de lo más “natural”, de lo más acorde con lo que los sentidos nos dicen, pues esa creencia fallida ha llegado originalmente del mundo de los sentidos, pero los sentidos engañan, nos delatan, nos confunden.

Solo el amor te hace libre
Amar es el antídoto natural contra el odio

Los sentidos no fueron “hechos” para “guiar” al hombre, sino para acompañar al hombre en su medio, para ayudarlo en su vida encarnada. Ahora bien, cuando conviertes tus creencias fallidas en verdades absolutas y lo impones en tu ámbito y no solo lo impones, sino lo transmites, lo legas a las nuevas generaciones, estás sentando las bases no solo de la tradición, la que sea, sino del futuro enfrentamiento con otras tradiciones. Las creencias fallidas nacieron para enfrentarse. Ejemplo de ellas son todas las ideologías, del sesgo que sean y en ámbitos tan distintos como pueden ser la política y la religión, por poner dos ámbitos bien conocidos.

LA NATURALEZA DEL ODIO Y LAS SOCIEDADES

   Sí, la naturaleza del odio no es, mantengo, consustancial al individuo. No me apoyo en la epigenética o en mi conocimiento de la naturaleza humana para tal aseveración, sino por una premisa mayor, a saber, el espíritu o Ser se manifiesta en la conciencia encarnada como libertad de Ser. La libertad de Ser no determina, no obliga, no impone a la conciencia encarnada un comportamiento particular, ni positivo ni negativo, sino plenamente es una libertad de hacer.

Tú tienes el poder de vencerte a ti mismo
No busques fuera el odio, busca dentro de ti y extermínalo

Las creencias que construye el hombre a través de sus facultades cognitivas, a través de lo que él puede o no interpretar en ese ping pong entre sus sentidos y la realidad por él asimilada, nada tienen que ver con el Ser que es, con el espíritu que es. Como quien dice, es otro baile, otra canción. Confundir el Ser con las creencias, con el pensamiento que crea las creencias, es propio de un hombre ensimismado y enfocado solo en la parte mental de esa unidad que el hombre es, a saber, espíritu-mente-cuerpo. El ser humano es mucho más que el cúmulo de creencias que es capaz de elaborar, que los billones de células que conforman el organismo, que sus logros y errores, que lo acumulado y aprendido. El ser humano es una gota del Padre buscándose a sí mismo en medio de este infinito universo.

   Ahora bien, si el odio no nace, propiamente, del individuo, sino que se manifiesta en él, de dónde surge, cómo se fomenta, cómo se esparce. Veamos. Para Aristóteles el hombre es un animal político, un animal social.

El odio como filosofía de la vida
Muchos no se plantean pienso, luego existo, sino odio, luego existo

El hombre en comunidad, y no puede entenderse el hombre como una figura, un ente, abstracto, idealizado, es un hombre cuya primera andadura es la de creyente, creador y portador de creencias. Si de algún modo hubiera que definir la conciencia, humana o cósmica, habría que partir de esa condición de creyente. Creer es crear. Crear es Ser. No importa, de momento, el contenido. Y tampoco se puede confundir esa condición de creyente con el apremio de tener que estar moviéndose en busca de sobrevivir al medio. Las creencias son interpretaciones que pasan por el filtro de una mente con capacidad de tener no solo autoconsciencia, sino de separar conscientemente el “mundo” de sí misma y proyectar sobre el mundo su propia mente, su propio relato del mundo. Pero esto es harina de otro costal. Si el odio no nace en el individuo, sino que se manifiestan en él, dónde nace. En las sociedades.

LAS SOCIEDADES DEL ODIO Y LA NATURALEZA HUMANA

   El odio es un producto de la naturaleza social del ser humano.  El odio, como producto social, se pierde en la noche de los tiempos.  El odio, la primera creencia que desató el odio, la primera piedra que se lanzó para matar, el primer Caín, fue suficiente para poner en marcha esa maquinaria grotesca que el tiempo fue afinando para justificar, validar, legitimar e imponer todo acto de inhumanidad.

creencias fallidas y la ilusión del Ser
Las creencias fallidas nacen de los miedos humanos a lo desconocido

Sí, las éticas del odio, las diversas moralidades del odio, fueron emergiendo en las más variopintas civilizaciones a través de la historia de la evolución humana. El odio se convirtió en la moneda de curso legal para el intercambio humano. El Amor, su contraparte, fue convirtiéndose en cada generación en una utopía cada vez menos creíble y menos apetecible. No importa cuántos Maestros pudieron haber caminado entre los hijos de los hombres, el ser humano ha seguido  olvidando su naturaleza divina para adentrarse en el corazón mismo de los infiernos. No hay mayor infierno para una conciencia de Ser que olvidar su propia naturaleza y cada vez que el odio se manifiesta en el ego, en la mente racional, se aleja de ella.

Ciencia versus odio
Las tecnologías pueden revertir la flecha histórica en los sembradíos del odio

Ahora bien, si es la sociedad la que hace emerger y transmitir el “gen” del odio a sus individuos ¿por qué no se ha logrado erradicar de ellas? Si el odio no es un carácter intrínseco de la naturaleza humana ¿por qué el hombre se contagia tan fácilmente de él?

   El camino hacia el despertar de la conciencia de Ser ha evolucionado, dentro de sociedades que jamás tuvieron como pilar, como núcleo de su desarrollo, la misma noción de Ser como Conciencia de Ser, han evolucionado, digo, bajo el imperativo del miedo y del desconocimiento. Las sociedades modernas, como las que se crearon en todo el pasado periplo humano, han basado su desarrollo en el miedo. Miedo al otro, miedo a sí mismas como conjunto social, miedo a lo desconocido, a lo diferentes. Este miedo, si bien fue “entendible” en los primeros tiempos de aquella primera conciencia que fue capaz de proyectarse fuera de sí y mirar los cielos con asombro, hoy, a las puertas del Despertar, ya no tiene razón de ser. Pero las sociedades siguen obligando a sus individuos a mirarse así mismo y mirar al otro con miedo, con temor.

manipulaciones
Disfrazar el odio con palabras de amor no hacen bueno a quien las pronuncia, sino más cruel

Esta actitud descansa en el modelo concreto que se creó como mecanismo de engranaje social, las jerarquías, las estructuras jerárquicas, las instituciones que irían encauzando al individuo en su sociedad. Estas instituciones, estas jerarquías, obviamente, no fueron creadas desde y para el Ser, sino para el dominio, el control, la manipulación de unos hombres sobre otros. Se intentó dominar el miedo a través de estructuras que generasen, a su vez, mayores miedos. Los Estados mismos, el Poder en general, así como las innumerables religiones fueron desarrolladas para inyectar miedos en aras de controlar a los individuos. Las sociedades descansan no en un horizonte común bajo la brújula del Ser que todos comparten, sino en el dominio de unos hombres sobre otros. Aunque las condiciones para despertar a una sociedad distinta se estén dando en estos tiempos de desarrollo científicos y tecnológicos humanos sin parangón en otros tiempos, las sociedades que hay que cambiar se siguen alimentando sobre las bases de aquellos modelos esclavistas y de control.

La sordera del poder
Jamás la humanidad gritó más fuerte contra el odio, pero jamás el poder fue tan sordo

El hombre moderno, el milenials que está llegando a su mayoría de edad, no entiende y el gregarismo que, como especie animal, se quiere seguir imponiendo, choca contra estos milenials que, de una u otra  manera, saben que han nacido para ser libres de Ser ellos mismos, por mucho que sus padres y la sociedad les sigan diciendo que son diferentes de los otros. Hoy en día no es tan fácil para las estructuras de poder seguir contagiando de odio a las nuevas generaciones porque su naturaleza gregaria está mutando para tener control de sí misma. No es tarea fácil para las nuevas conciencias porque las conciencias sobre las que descansa el poder real de las estructuras sociales (sean los Estados, las religiones, el aparato económico, etc.) siguen siendo guiadas por los mismos vicios humanos, el egoísmo, el fanatismo, la envidia, etc. En estos momentos históricos, en estos albores del siglo XXI, las nuevas generaciones siguen siendo guiados por ciegos caminando al borde de un abismo.

Olvido de sí mismo
Si olvidas de dónde vienes, estás llamado a llegar a donde no quieres llegar

La batalla por la libertad de la humanidad de las garras del odio no está en la creación de espejismos, como son, por ejemplo, el consumismo desmedido, verdadero canto de sirena para los jóvenes milenials o, peor aún, en la aparición de neototalitarismos de todo sesgo que lo único que están es creando escenarios donde el mismo ser humano pida a gritos seguir encarcelados a sus propios miedos en detrimento de un Estado protector. La suerte está echada. Solo desconocemos cuál será. Lo desconocemos porque el cambio no vendrá de la mano de la sociedad, del poder social, sino del individuo, de cada individuo, de la fuerza que podrá surgir del despertar de un conjunto de individuos que haga desviar la inercia que está llevando al hombre en sociedad hacia su aniquilación.

LAS PRIMERAS CREENCIAS IRRACIONALES

Creencias irracionales bajo lupa

EN EL COMIENZO SON CREENCIAS IRRACIONALES

   No nacemos con una mente en blanco, como si se tratase de un libro  a ser escrito por nuestra experiencia a lo largo de la vida. Creencias irracionales de todo tipo nos acompañan desde el mismo vientre materno. Sin hablar de otro tipo de memorias, de otras vidas, los primeros recuerdos  siempre señalan a nuestros padres y al entorno emocional de ellos. A su vez, dichos entornos emocionales paternos se retroalimentan de su herencia y así sucesivamente. La mayor parte de la población humana no solo nace con un cúmulo ostentoso de creencias de todo tipo, sino que las mantienen a lo largo de su vida sin cuestionarse un ápice de ellas.

Todo comienza con el final
En el comienzo está el camino

Nos identificamos con aquello que creemos y las primeras creencias asimiladas como propias son las de los seres que, de una u otra forma, positiva o negativamente, nos han cuidado durante los primeros años de vida. Puede parecer natural este proceso. Y, en cierta medida, lo es. El problema, obviamente, radica no en los cuidados amorosos que la mayor parte de los seres humanos reciben tras su nacimiento, sino en las creencias que los acompañan y la semilla del mal que pueden esconder, en sus mismas entrañas, tras éticas y comportamientos que señalan dónde está el bien y el mal, cómo llegar a uno y evitar el otro  y cuánto ha de sacrificarse para defender a uno del otro.

LAS CREENCIAS IRRACIONALES ¿ESTÁN TAN EXTENDIDAS?

   Puede parecer una pregunta capciosa, pero si miramos los comportamientos humanos a lo largo de la historia del hombre, no podemos más que ratificar que creencias irracionales anidan en toda cultura y en la mayor parte de la individualidad. No es baladí, en estos tiempos de comunicación virtual, sentirse contagiado por la sensación de malestar que impregna la red a causa de mil y un comportamientos humanos, comenzando por el de supuestos líderes políticos, religiosos o de cualquier otro ámbito, que no solo dejan que desear para ser tildados de humanos, sino que a todas luces muestran un odio hacia lo diferente, hacia lo distinto a ellos. Una sensación que conduce a multiplicar las preguntas

Creencias irracionales
El miedo se contagia de generación a generación

¿Qué lleva al hombre a comportarse como lo hace? ¿Se puede ser tan bestia como algunos individuos reflejan con sus comportamientos y quedarse indiferente? ¿Es el miedo a la muerte, al sufrimiento más bien, lo que lleva a paralizar la respuesta a muchos comportamientos infrahumanos? ¿Cómo ven a sus semejantes aquellos que no aceptan creencias distintas a las que ellos profesan? ¿Qué sucede en la mente de un hombre que causa sufrimiento y dolor a sus semejantes de una forma consciente y con regocijo? ¿Es todo cuestión de genes? ¿Es todo ello una consecuencia en la forma de educar? ¿Puede llamarse educación una forma de educar que anule o incite al odio de lo distinto? ¿Es la cultura de la muerte, del descarte, de la indiferencia al otro, la causa de que las creencias se vuelvan irracionales o, al contrario, es el hombre un ser irracional que se escuda en las culturas para racionalizar y “justificar” su comportamiento cruel? ¿Qué aflora primero el odio o la indiferencia? …

CÓMO SEMBRAMOS CREENCIAS IRRACIONALES EN NUESTROS HIJOS

   Cómo puede leerse líneas atrás, la complejidad de las creencias irracionales no se salva solo con seguir las tradiciones inconscientes que no se cuestionan el origen de tanto odio sembrado y cosechado a lo largo del mundo. La forma que este proceso se avala es a través de la socialización, la cual no es más que la sumisión al poder de turno y la entrega del alma humana sin cuestionar si aquello que se hereda está bien o mal más allá de del bien o mal con el que fueron etiquetados.

Sembrando miedos
El miedo se siembra

   Sembramos creencias irracionales en nuestros hijos, y de tal forma les impedimos desarrollar su ser y su capacidad creadora, y lo hacemos cada vez que imponemos nuestras creencias, nuestro modelos, por mucho que los padres digamos que lo hacemos por amor y con amor, que es lo que nos han enseñado y los educamos así por su bien. Hay amores que matan en nombre de la tradición y, peor aún, asesinan a lo más preciado que podemos dejar en este mundo, nuestros hijos. Un rasgo de la irracionalidad humana y que es frecuentemente transmitido es aquel que dice, abierta o soterradamente, que los hijos pertenecen a los padres, obviando la independencia que tiene todo ser humano al nacer. Hay padres que confunden, la tradición les ha llevado a ello, responsabilidad y cuidados con pertenencia, con posesión, con propiedad. Los modelos educativos modernos, los que parten del poder, no son más que mecanismos diseñados para mantener la esclavitud de los seres humanos en aras de la tradición esclavista moderna. Este modelo no es el que hay que cambiar, pues, a todas luces, solo puede destruirse a sí mismo por sí mismo. El modelo educativo al que el individuo, en cualquiera de sus papeles, tiene acceso, es al de la casa, al familiar y desde dicha atalaya sí  es posible ir cambiando ese malestar en la cultura y, sobre todo, creando conciencia que haga despertar al Ser del letargo impuesto por los egos del poder y la tradición. En este modelo familiar el primer paso para romper la inercia que impone un sinfín de creencias irracionales que frenan el desarrollo espiritual de los hijos es trascender ese modelo de transmisión de cultura y tradición. La duda es el camino y el respeto la respuesta. No se trata de destruir aquellos modelos que se han vuelto obsoletos, sino trascenderlos. No podemos olvidar que las creencias irracionales, sobre todo las que van contra el desarrollo del espíritu humano, emergen como fruto del ego y, por tanto, siempre estarán presentes en esta como en cualquier cultura, en este como en cualquier otro tiempo. Pero esto es harina de otro costal.