LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El siglo XX ha representado para el acervo humano el siglo de la muerte y la indiferencia hacia el otro a causa de las ideologías, las ideologías del mal, de la muerte, del desprecio. No es algo novedoso en la historia humana, pues los distintos pueblos y civilizaciones de esta última humanidad, desde los etruscos hasta la moderna china post maoísta, se han caracterizado por las luchas entre ellas y dentro de cada una de ellas, por el dominio, control y opresión de unos hombres sobre otros, de unas “clases sociales” sobre otras, de unos “grupos de interés” sobre otros. Lo que caracterizó al sangriento siglo XX fue el salto científico y tecnológico que fue perfilándose tras las distintas revoluciones industriales. Un salto que culminó con el asesinato de cientos de miles de seres humanos, directa o indirectamente, con la primera bomba atómica lanzada contra seres humanos. Lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki en 1945 representa el paroxismo de la enfermedad del hombre social, a saber, su fanatismo ideológico y el completo olvido del Ser.

Volverse hacia el Ser es reencontrase con la vida

EL OLVIDO DEL SER COMO LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE

   No se trata de hacer un tratado, ni siquiera un panfleto, sobre el salvajismo humano, sino de ir a la fuente que ha originado la decadencia de esta última humanidad. La enfermedad del hombre moderno la podemos rastrear incluso en épocas tan atrasadas tecnológicamente que podemos afirmar con certeza de que no todo tiempo pasado, ni mucho menos, fue mejor.

Contra el virus del odio, solo existe la vacuna del amor y del perdón

El miedo a lo distinto, a la misma naturaleza que iba surgiendo de aquella prístina consciencia que iba nombrando el mundo que le rodeaba, traería como consecuencia un mundo de creencias que se alejaban a pasos agigantados del común origen de toda forma de vida y, primordialmente, de toda conciencia cósmica. En el fondo, todo salvajismo, todo fanatismo, podemos reducirlo a un desconocimiento de la fuente última de la vida. Una fuente que algunos llaman Dios, otros lo llaman leyes universales, otros, simplemente, prefieren no nombrar lo innombrable porque nombrando el Misterio solo podían reconocer la gran ignorancia que tenían y tienen de él. Un desconocimiento que fue sustituido por creencias políticas, sociales y religiosas de todo tipo y queno solo profundizaban las brechas de unos pueblos sobre otros, sino que al hacerlo iban construyendo muros para convertir sus creencias en prisiones para sus adeptos y en patíbulos para sus detractores.

El olvido del Ser es la más peligrosa enfermedad del hombre social

La cultura humana, las culturas humanas, nacieron no con el fin de unir, sino de cercar, de aislarse. Por ello la importancia de estos momentos históricos en los que la globalización tecnológica puede llevar a romper los viejos modelos de opresión cultural. Nunca el hombre ha estado tan cerca del salto de conciencia que necesita para despertar al Ser que es.

CÓMO ENFRENTAR LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El hombre moderno, en una gran mayoría, está enfermo de soledad, miedo y egoísmo porqué los distintos modelos sociales imperantes en todas las latitudes siguen basando su dinámica en tradiciones inhumanas nacidas bajo los signos de la ignorancia. Tradiciones por las que el hombre sigue siendo esclavizado bajo otras formas aún más sutiles, pues, hoy en día, a los esclavos les llaman libres y les hacen creer que lo son y, paradójicamente, la gran mayoría de los seres humanos se lo creen. Tradiciones que podemos rastrear en las distintas formas en que los grupos de poder entienden distintas facetas de la evolución humana, desde la propiedad hasta el trabajo pasando por las relaciones entre el hombre y el Misterio.En cualquier caso, las tradiciones modernas son las que deben enfrentar las generaciones humanas de hoy en día, en especial los más jóvenes, pues ellos son los menos contaminados de la maldad que ha recorrido y recorre la historia humana.

Cada generación tiene el derecho a buscar su propio destino y no vivir de errores pasados

El olvido del Ser llevó al hombre a encadenarse a sus miedos y a esclavizar a todo aquel que no participe de sus creencias. Las semillas del mal estaban listas para alimentar las peores pesadillas de los hombres. Para enfrentar esas tradiciones insanas lo primero que debe hacerse es reconocer, cada quien, en su propia intimidad, que es mucho más que todas las creencias que le han hecho creer que es. Si eres budista, imagínate siendo y actuando en tu entorno como un cristiano o musulmán. Si eres monoteísta, imagínate siendo y actuando como un ateo en tu entorno. Si eres un comunista converso, imagínate siendo y actuando como un empresario modelo en tu entorno. Si eres un empresario explotador, imagínate siendo y actuando como un obrero más de tu fábrica o emporio. Si eres un doctor en ciencias, imagínate siendo y actuando como alguien a quien no le han enseñado a leer y escribir. Si eres un analfabeto convencido del poder de la universidad de la calle, imagínate siendo y actuando como un doctor en ciencias físicas.

No juzgues quien ha traicionado a su propia humanidad, pues al juzgarlo, te estás juzgando a ti mismo

En fin, imagínate que eres mucho más que las creencias que has recibido y que te han dado una identidad falsa, pues tu yo no trata tanto de lo circunstancial (tus experiencias particulares), sino de lo esencial, lo que hace posible la experiencia de ser.

MÁS ALLÁ DE LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

Si las nuevas generaciones, junto a las más envejecidas que aún conservan la inocencia de ser, logran dar el salto de conciencia necesario para frenar la extinción de la especie humana, otro mundo, otro tipo de hombre, verán la luz. El hombre, como conciencia, como una conciencia cósmica más en este universo en constante transformación, no nace para sufrir, ni para doblegar al otro, ni para vivir entre miedos, sino para crear y disfrutar de la plenitud de la experiencia de ser.

La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana

El conocimiento es el camino, el único camino posible, hacia una conciencia cada vez más consciente de su entrelazamiento con el Todo. Un conocimiento que va mucho más allá de descubrir la estructura cambiante de la materia visible o de la misma materia o energía que llaman oscura, sino del conocimiento que lleva a descubrir la fuente inagotable de la vida en cada conciencia misma.

El bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki representa el uso malévolo del conocimiento y el fracaso como seres sociales

El camino del conocimiento lleva, inevitablemente, al conocimiento de Dios mismo dentro de cada Ser. Un Dios, eso sí, que no descansa en los miedos humanos, sino que da cuenta de la divinidad que toda forma de vida encierra en sí misma por el simple hecho de Ser. El Ser no se puede imponer a la consciencia (por esto mismo, cualquier civilización cósmica que esté ayudando al hombre a su despertar al Ser no puede actuar directamente). El Ser debe aflorar entre la consciencia, abriéndose paso entre esas mil y una creencias fallidas que fueron construyendo una falsa identidad, un falso yo. Un yo que no parta del nosotros, que no asuma a todos como parte de sí mismo para convivir, interactuar e ir creando nuevas experiencias de ser en todo el cosmos, es un yo falso que confunde lo nuestro con el nosotros, es un yo que no ha salido de la prisión del sí mismo, de las creencias fallidas que le han llevado a anularse a sí mismo.

No busques en la tradición la salida hacia un mañana distinto. Las tradiciones, por esencia, solo buscan perpetuarse a sí mismas

   Es la hora de trascender el mundo de las creencias y encaminarse a la senda del Ser. Como individuos, como consciencias, igual que como especie, no hay otro camino. La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana.

¿QUÉ O QUIÉN ES EL DIABLO? DIABLO Y PODER

Comencemos bien. El diablo no es un ente antropomórfico con cuernos, cola y oliendo a azufre por todos los poros de una rojiza piel. No habita un espacio-tiempo difuso y caluroso, el infierno, donde se permitiría la entrada a cualquier mortal sin más visas que la del odio que pudiera haber sembrado en su tiempo de vida.

El demonio se aleja de la Conciencia
El demonio es un estado fallido de la consciencia

No. Seamos claros, precisos e intentemos pensar con cabeza propia y común  y no por creencias fallidas y ajenas. El diablo es una mente humana, una forma de pensar, de actuar, de crear una realidad ajustada a su pensamiento. El diablo, en este planeta, en este mundo, tiene nombre y apellidos, y poder, mucho poder. Veamos.

DIABLO Y PODER, LA OTRA CARA DEL INFIERNO

   Diablo y poder van de la mano, hoy, ayer y mañana, si no se lo impiden las huestes que están despertando del sueño dogmático del poder y de quienes lo detentan. El diablo no es más que el Mal, con mayúscula, el deseo intencional y continuado de hacer daño, de violentar y anular al otro para esclavizarlo o aniquilarlo, según sea el caso y la urgencia para mantener el poder.

La esclavitud que el mal persigue es la tuya
El mal se viste de muchas maneras pero siempre persigue lo mismo, tu esclavitud a él

El Mal se sirve de cualquier ideología, política, religiosa, económica o de cualquier índole. El Mal es contagioso, enciende el deseo, en quien lo sufre, de replicar al Mal con mal. El odio se alimenta del odio que él engendra como Saturno se alimenta de sus hijos. No hay un resquicio de benevolencia en quien ejerce el Mal, su única aspiración es su ejercicio en plenitud, aún hoy en los mercados de la apariencia y del rechazo a lo políticamente incorrecto. Si es necesario el Mal transmutará el lenguaje mismo y lo que ayer era blanco hoy se dice negro. Lo que ayer era justicia hoy se dice infierno. No, el Mal no sabe reconocer, diferenciar, el bien común de su propio beneficio. Todo le pertenece, todo lo quiere para sí. No hay forma de saciar su apetito de sangre. No hay forma de remediar su sordera y ceguera. Para el Mal, el mal son los otros, el infierno son los otros. El paraíso, para el Mal, es verse a sí mismo como señor todopoderoso sobre las consciencias temerosas de él.

   ¿Por qué existe el Mal? ¿Qué Dios pudo permitir que unas criaturas por Él creadas fuesen tan dañinas? ¿Por qué permite que los diablos salgan con la suya en no pocas ocasiones? Si no existiera el Mal, el mal se inventaría a sí mismo, se crearía a sí mismo simple y llanamente porque tanto el diablo como el santo son libres de Ser.

Tú eres la esencia del universo
Tú eres mucho más que tus creencias políticas, religiosas o de cualquier índole…tú eres Conciencia de Ser y compartes con el universo esa esencia

Ser es libertad, no la libertad que nace de la razón, de los egos, de las creencias fallidas, sino la que nace de la misma noción que nos hace Ser, a saber, Dios mismo. Esa libertad que nos permite crear todo aquello que seamos capaces de imaginar y al imaginar modelar como realidad a través del pensamiento. Ser libre es poder ser distinto a Dios mismo. Dios no creo el mal, creo criaturas que pudieran ser todo lo opuesto a lo que Él es. Pero esa libertad de ser Mal no conlleva el bienestar de Ser, pues el Mal se aleja del Todo, se aleja de cada parte del Todo y  ese alejamiento solo crea un vacío de ser. Un vacío que nunca podrá dejar de sentir mientras siga ejerciendo el Mal. No extraña el que no pocos lacayos del Mal no terminen sus días en ningún infierno porque ellos mismos son el infierno, y lo saben, y mueren sabiéndolo.

No devuelvas mal con mal
Si rechazas el odio con odio, has perdido la batalla

Las víctimas, contagiadas por su veneno mortal, exigen justicia, claman a Dios, quieren ver muerto a esos agentes del dolor, pero desconocen que ese deseo de replicar al mal con mal, la ley del ojo por ojo, diente por diente, los aleja de Dios y no solo los aleja de Dios, sino les aleja de sí mismo, de la divinidad que son, de los hijos de Dios que son. En ese instante, es cuando el Mal, realmente, vence al Bien, al Amor.

DIABLO Y PODER SE PASEAN POR EL CIELO

   ¿Acaso el Mal es intocable, no se puede luchar contra él? ¿Acaso las víctimas del Mal deben agachar la cabeza y dejar que la guillotina del odio les caiga sobre su cuello? El Mal no se vence con la misma receta que él usa para inyectar odio, so pena de caer en su juego macabro.

El odio y sus huellas
El rencor es la manifestación de un odio que late en potencia

La humanidad lleva jugando a ese macabro juego desde el comienzo de los eones. La humanidad es una sociedad enferma de odio y no hay forma de revertir ese estado con las mismas armas con las que le inocularon ese virus. No. Solo es posible revertir el Mal con su completo exterminio y para lograrlo solo es posible a través del despertar humano a la Conciencia de Ser. No hay otro camino, no hay otra salida. Ese despertar no está contaminado de creencias fallidas, todo lo contrario, es una trascendencia de ese mundo de creencias que fueron fabricadas por los egos a través de la historia humana. El despertar a la Conciencia de Ser significa el encuentro del hombre consigo mismo después de desnudar su alma y su ego frente al espejo de los otros. Las creencias han separado a los hombres en nombre de sí mismas. En el mundo de las creencias el hombre se ha esclavizado a ellas porque estas han tergiversado el origen común de la humanidad.

no te engañen las zonas de confort
Las zonas de confort no te alejan del mal, lo maquillan.

Desde las creencias religiosas, que se han apoderado del concepto de Dios para crear dioses a imagen y semejanza de los hombres, hasta las creencias políticas, que se han valido de mil y un miedos a la muerte, al dolor, a la fuerza del más violento, los hombres han sucumbido al poder de unos hombres sobre otros por el desconocimiento de su común origen. La ignorancia los ha convertido en esclavos, unos de otros y, peor aún, de sí mismos. El Mal siempre se viste de ignorancia por parte de quien lo recibe, de quien lo sufre. Incapaz de entender esa actitud de ciertos seres que han elegido el camino del Mal como libertad de Ser, se escondan en una ideología política, religiosa, económica o cualquier otra, la víctima del mal se siente impelida a devolver el golpe desde su ignorancia con las mismas armas con las que le inocularon ese virus mortal. Sin embargo, como he dicho, esa no es la solución. Devolver golpe con golpe solo profundizará tu herida.

DIABLO Y PODER, LOS INFIERNOS

   A muchos les costará creer en los infiernos religiosos y tienen razón. También es inconcebible un “castigo” eterno, pues el Mal, al ser un Estado de la conciencia, puede ser eterno pero no permanece en la eternidad de quien lo ejerce ni de quien lo sufre, pues, tarde o temprano, el Mal cansa, se agota, no encuentra su razón de ser.

Ángeles debatiendo
Si quieres alejarte del demonio, piensa, vive, actúa conforme a la ley del Amor

El alejamiento del Padre, de Dios, de las otras conciencias que se entrelazan en este universo vivo de Conciencia, no tiene sentido ya para quien se refugio en esa libertad de Ser y la ejerció incorrectamente. Tarde o temprano, todas las ovejas vuelven a casa, a la casa del Padre. La experiencia de Ser no siempre va acompañada de una grata sensación de Ser, de una plena consciencia de la maravilla de la vida en este universo infinito.

   Cuando alguien te reclame y te diga gritando que el diablo no existe porque Dios no existe, recuérdale que reconocerás al diablo por los infiernos que habita y a Dios por todo el amor que puedes ver en esos infiernos.

Tú eres luz para ti mismo y para los demás
No te dejes vencer por la oscuridad del mal, se Luz

Cada vez que veas una víctima de violación sexual, de guerras, del maltrato por su pareja, de explotación en su trabajo, de niños hambrientos y sedientos, de enfermos que se mueren por un medicamento que no pueden pagar, de gobiernos despóticos que solo alimentan ideologías del mal,  víctimas, en fin, de la indiferencia en estas sociedades humanas que han hecho de los infiernos sus zonas de confort, recuerda entonces que solo el Amor te hace libre. Solo el Amor, sí, con mayúscula, te puede hacer despertar a tu Conciencia de Ser y comenzar a amar a aquello que a gritos pide que lo odies porque el mal solo se alimenta del mal. La oscuridad no soporta la luz porque donde hay luz, la oscuridad deja de existir. La luz es conocimiento, es no dejarse vencer ni por el odio ni por la resignación ni por la apatía, es conocimiento de Ser. Nunca permitas que apaguen la luz que eres. Nunca permitas que demonios de todo sesgo te conquisten.

EL ODIO EN LA NATURALEZA HUMANA

Comencemos bien. El odio es el deseo, consciente, intencional, de hacer el mal. El sujeto que odia, al activar ese deseo, es capaz de cometer los más inimaginables actos contra el objeto odiado. Sí, objeto. El sujeto que enciende en sí el ánimo de dañar a otro semejante no lo ve como tal, lo reduce a un objeto, lo cosifica, le anula su humanidad. Lo que desconoce el sujeto que odia es que al hacerlo se cosifica a él mismo, pierde su humanidad. No hace falta poner ejemplos de actos de odio, los hay por doquier en el periplo de la historia humana. Incluso podríamos tildar la propia historia humana como la historia de la evolución del odio.

Somos más que lo que la sociedad nos dicta
– El odio es un producto social que anida y se desarrolla en el hombre de carne y hueso

El deseo que enciende el odio ha sido y es común al conjunto de los seres desde la noche de los tiempos, pero su forma de manifestarlo ha ido cambiando a medida que las sociedades iban desarrollándose técnica y políticamente  y creciendo en complejidad. El odio se puede encender a nivel de individuo como colectivamente. Las guerras no son más que el contagio del odio a nivel colectivo. Ahora bien ¿es consustancial el odio a la naturaleza humana o a la naturaleza social del ser humano? ¿Qué factores influyen en la activación de ese deseo de hacer el mal? ¿Se podría erradicar el odio de la naturaleza humana?

   LA NATURALEZA DEL ODIO DESDE EL BALCÓN DE LA BIOLOGÍA

  El ya viejo debate creado sobre la posibilidad de que el odio esté o no inscrito en nuestros genes, no tiene base alguna desde el último salto de la genética, la epigenética. Factores externos, a saber, ambientales, alimenticios, etc., así como afectos espirituales, como el amor,  pueden influir en la activación o no de determinados genes e, incluso, estos cambios ser transmitidos a las generaciones venideras. Por decirlo de una manera un tanto poética, el ADN podría ser leído de distinta manera en dependencia de su audiencia o, desde una poesía cuántica, el ADN puede ser expresado de distinta manera en dependencia de quién lo observe. Aún en el supuesto de que hubiese un “gen del odio” o un conjunto de ellos que activaran  ese deseo de hacer daño, por ejemplo al sentir envidia, no, necesariamente, conlleva que no se pueda modificar anulando sus efectos al activar cambios en el entorno del individuo. Otra cosa distinta es, una vez encendido el odio, cómo controlar esa cascada biológica, ese torrente neuronal de sinapsis enloquecidas,  que hace a un ser humano convertirse en una bestia y llegar a cometer atrocidades sin parangón en otras especies, que se sepa. También aquí la epigenética podría decir muchas cosas.

El Ser te aleja de la naturaleza del odio
Despertar al Ser te aleja del odio

Ahora bien, esto solo viene a corroborar lo que se sabe desde siempre, la libertad humana descansa en el espíritu y no puede encadenarse a la materia. La libertad es, ante todo, libertad de Ser y no libertad de pensar, actuar, expresarse, etc., etc. El espíritu, el Ser, no está encerrado en la materia, la permea, la impregna. Pero la materia, en sí, tampoco está determinada, sujeta, anclada a determinadas relaciones consigo misma y en la interacción con “otras materias”. Hasta un electrón, por decirlo de una manera anti-académica, tiene poder de elección.

   El hecho de pensar que hay comportamientos humanos fijos, inamovibles, que pueden ser proyectados incluso a un conjunto de seres, no está inscrito ni en la libertad de Ser del ser humano, que, no olvidemos, nace del espíritu, ni está inscrito en la biología que nos hace actuar de una u otra manera en dependencia no solo de nuestros genes, sino del ambiente donde el individuo se desenvuelve. Todo cambio no solo es posible, sino ineludible, pues, en el fondo, la vida misma es una danza cósmica en la que nada vuelve a ser lo que fue.

El Conocimiento del Ser te llevará al camino de la libertad
Conocer sin prejuicios es crear creencias alienadas con el Ser

Heráclito lo tenía muy claro y no necesitó un acelerador de partículas para acceder a una de las leyes universales básicas, a saber, no hay leyes universales fijas. Necesitamos leyes fijas para aprehender no la “realidad” en sí, sino la forma de hablar de ellas. Dicho de otra manera, las leyes que quieren encerrar al hombre en la materia son cambiantes porque la misma “realidad” es cambiante. Pero esto es harina de otro costal.

LAS CREENCIAS DEL ODIO Y SU NATURALEZA MUTANTE

   La naturaleza del odio no viene dada por nuestro Ser, por el espíritu que somos, sino por el mundo de las creencias, es decir, por el mundo del ego, de la razón, de la mente. Qué es una creencia. Una creencia es una idea, lingüística, imaginativa, auditiva o simbólica, acerca de algo o de alguien. Es una forma de ver, entender e interactuar con ese algo o alguien. Esto último es muy importante, pues reflejaría el núcleo práctico de las creencias, a saber, son pautas de comportamiento. No te comportarás de la misma manera ante alguien de otro color de piel si eres un ser con una creencia igualitaria a si eres un racista. Creo que está claro.

Tú eres el objeto de tu odio
Cuando sientas el llamado a odiar, recuerda que tú eres la diana

Toda creencia viene marcada por un comportamiento. Hay creencias relevantes, positivas, neutras y fallidas. La naturaleza del odio se nutre de estas últimas. Una creencia fallida es, no importa el contexto, toda aquella que te lleva a anular a otra conciencia de Ser. Una creencia fallida te encierra en tu propio mundo, en tu propia “verdad”. Ese encerrarse en tu mundo conlleva, obviamente, no solo convertirte en centro del mundo, pues tu creencia es para ti el centro del mundo, sino el alejamiento de todos aquellos y de todo aquello que no cae bajo tu forma de ver y entender el mundo e interactuar con él.  Esta actitud egocéntrica, egoísta, pudiera parecer de lo más “natural”, de lo más acorde con lo que los sentidos nos dicen, pues esa creencia fallida ha llegado originalmente del mundo de los sentidos, pero los sentidos engañan, nos delatan, nos confunden.

Solo el amor te hace libre
Amar es el antídoto natural contra el odio

Los sentidos no fueron “hechos” para “guiar” al hombre, sino para acompañar al hombre en su medio, para ayudarlo en su vida encarnada. Ahora bien, cuando conviertes tus creencias fallidas en verdades absolutas y lo impones en tu ámbito y no solo lo impones, sino lo transmites, lo legas a las nuevas generaciones, estás sentando las bases no solo de la tradición, la que sea, sino del futuro enfrentamiento con otras tradiciones. Las creencias fallidas nacieron para enfrentarse. Ejemplo de ellas son todas las ideologías, del sesgo que sean y en ámbitos tan distintos como pueden ser la política y la religión, por poner dos ámbitos bien conocidos.

LA NATURALEZA DEL ODIO Y LAS SOCIEDADES

   Sí, la naturaleza del odio no es, mantengo, consustancial al individuo. No me apoyo en la epigenética o en mi conocimiento de la naturaleza humana para tal aseveración, sino por una premisa mayor, a saber, el espíritu o Ser se manifiesta en la conciencia encarnada como libertad de Ser. La libertad de Ser no determina, no obliga, no impone a la conciencia encarnada un comportamiento particular, ni positivo ni negativo, sino plenamente es una libertad de hacer.

Tú tienes el poder de vencerte a ti mismo
No busques fuera el odio, busca dentro de ti y extermínalo

Las creencias que construye el hombre a través de sus facultades cognitivas, a través de lo que él puede o no interpretar en ese ping pong entre sus sentidos y la realidad por él asimilada, nada tienen que ver con el Ser que es, con el espíritu que es. Como quien dice, es otro baile, otra canción. Confundir el Ser con las creencias, con el pensamiento que crea las creencias, es propio de un hombre ensimismado y enfocado solo en la parte mental de esa unidad que el hombre es, a saber, espíritu-mente-cuerpo. El ser humano es mucho más que el cúmulo de creencias que es capaz de elaborar, que los billones de células que conforman el organismo, que sus logros y errores, que lo acumulado y aprendido. El ser humano es una gota del Padre buscándose a sí mismo en medio de este infinito universo.

   Ahora bien, si el odio no nace, propiamente, del individuo, sino que se manifiesta en él, de dónde surge, cómo se fomenta, cómo se esparce. Veamos. Para Aristóteles el hombre es un animal político, un animal social.

El odio como filosofía de la vida
Muchos no se plantean pienso, luego existo, sino odio, luego existo

El hombre en comunidad, y no puede entenderse el hombre como una figura, un ente, abstracto, idealizado, es un hombre cuya primera andadura es la de creyente, creador y portador de creencias. Si de algún modo hubiera que definir la conciencia, humana o cósmica, habría que partir de esa condición de creyente. Creer es crear. Crear es Ser. No importa, de momento, el contenido. Y tampoco se puede confundir esa condición de creyente con el apremio de tener que estar moviéndose en busca de sobrevivir al medio. Las creencias son interpretaciones que pasan por el filtro de una mente con capacidad de tener no solo autoconsciencia, sino de separar conscientemente el “mundo” de sí misma y proyectar sobre el mundo su propia mente, su propio relato del mundo. Pero esto es harina de otro costal. Si el odio no nace en el individuo, sino que se manifiestan en él, dónde nace. En las sociedades.

LAS SOCIEDADES DEL ODIO Y LA NATURALEZA HUMANA

   El odio es un producto de la naturaleza social del ser humano.  El odio, como producto social, se pierde en la noche de los tiempos.  El odio, la primera creencia que desató el odio, la primera piedra que se lanzó para matar, el primer Caín, fue suficiente para poner en marcha esa maquinaria grotesca que el tiempo fue afinando para justificar, validar, legitimar e imponer todo acto de inhumanidad.

creencias fallidas y la ilusión del Ser
Las creencias fallidas nacen de los miedos humanos a lo desconocido

Sí, las éticas del odio, las diversas moralidades del odio, fueron emergiendo en las más variopintas civilizaciones a través de la historia de la evolución humana. El odio se convirtió en la moneda de curso legal para el intercambio humano. El Amor, su contraparte, fue convirtiéndose en cada generación en una utopía cada vez menos creíble y menos apetecible. No importa cuántos Maestros pudieron haber caminado entre los hijos de los hombres, el ser humano ha seguido  olvidando su naturaleza divina para adentrarse en el corazón mismo de los infiernos. No hay mayor infierno para una conciencia de Ser que olvidar su propia naturaleza y cada vez que el odio se manifiesta en el ego, en la mente racional, se aleja de ella.

Ciencia versus odio
Las tecnologías pueden revertir la flecha histórica en los sembradíos del odio

Ahora bien, si es la sociedad la que hace emerger y transmitir el “gen” del odio a sus individuos ¿por qué no se ha logrado erradicar de ellas? Si el odio no es un carácter intrínseco de la naturaleza humana ¿por qué el hombre se contagia tan fácilmente de él?

   El camino hacia el despertar de la conciencia de Ser ha evolucionado, dentro de sociedades que jamás tuvieron como pilar, como núcleo de su desarrollo, la misma noción de Ser como Conciencia de Ser, han evolucionado, digo, bajo el imperativo del miedo y del desconocimiento. Las sociedades modernas, como las que se crearon en todo el pasado periplo humano, han basado su desarrollo en el miedo. Miedo al otro, miedo a sí mismas como conjunto social, miedo a lo desconocido, a lo diferentes. Este miedo, si bien fue “entendible” en los primeros tiempos de aquella primera conciencia que fue capaz de proyectarse fuera de sí y mirar los cielos con asombro, hoy, a las puertas del Despertar, ya no tiene razón de ser. Pero las sociedades siguen obligando a sus individuos a mirarse así mismo y mirar al otro con miedo, con temor.

manipulaciones
Disfrazar el odio con palabras de amor no hacen bueno a quien las pronuncia, sino más cruel

Esta actitud descansa en el modelo concreto que se creó como mecanismo de engranaje social, las jerarquías, las estructuras jerárquicas, las instituciones que irían encauzando al individuo en su sociedad. Estas instituciones, estas jerarquías, obviamente, no fueron creadas desde y para el Ser, sino para el dominio, el control, la manipulación de unos hombres sobre otros. Se intentó dominar el miedo a través de estructuras que generasen, a su vez, mayores miedos. Los Estados mismos, el Poder en general, así como las innumerables religiones fueron desarrolladas para inyectar miedos en aras de controlar a los individuos. Las sociedades descansan no en un horizonte común bajo la brújula del Ser que todos comparten, sino en el dominio de unos hombres sobre otros. Aunque las condiciones para despertar a una sociedad distinta se estén dando en estos tiempos de desarrollo científicos y tecnológicos humanos sin parangón en otros tiempos, las sociedades que hay que cambiar se siguen alimentando sobre las bases de aquellos modelos esclavistas y de control.

La sordera del poder
Jamás la humanidad gritó más fuerte contra el odio, pero jamás el poder fue tan sordo

El hombre moderno, el milenials que está llegando a su mayoría de edad, no entiende y el gregarismo que, como especie animal, se quiere seguir imponiendo, choca contra estos milenials que, de una u otra  manera, saben que han nacido para ser libres de Ser ellos mismos, por mucho que sus padres y la sociedad les sigan diciendo que son diferentes de los otros. Hoy en día no es tan fácil para las estructuras de poder seguir contagiando de odio a las nuevas generaciones porque su naturaleza gregaria está mutando para tener control de sí misma. No es tarea fácil para las nuevas conciencias porque las conciencias sobre las que descansa el poder real de las estructuras sociales (sean los Estados, las religiones, el aparato económico, etc.) siguen siendo guiadas por los mismos vicios humanos, el egoísmo, el fanatismo, la envidia, etc. En estos momentos históricos, en estos albores del siglo XXI, las nuevas generaciones siguen siendo guiados por ciegos caminando al borde de un abismo.

Olvido de sí mismo
Si olvidas de dónde vienes, estás llamado a llegar a donde no quieres llegar

La batalla por la libertad de la humanidad de las garras del odio no está en la creación de espejismos, como son, por ejemplo, el consumismo desmedido, verdadero canto de sirena para los jóvenes milenials o, peor aún, en la aparición de neototalitarismos de todo sesgo que lo único que están es creando escenarios donde el mismo ser humano pida a gritos seguir encarcelados a sus propios miedos en detrimento de un Estado protector. La suerte está echada. Solo desconocemos cuál será. Lo desconocemos porque el cambio no vendrá de la mano de la sociedad, del poder social, sino del individuo, de cada individuo, de la fuerza que podrá surgir del despertar de un conjunto de individuos que haga desviar la inercia que está llevando al hombre en sociedad hacia su aniquilación.

LAS PRIMERAS CREENCIAS IRRACIONALES

Creencias irracionales bajo lupa

EN EL COMIENZO SON CREENCIAS IRRACIONALES

   No nacemos con una mente en blanco, como si se tratase de un libro  a ser escrito por nuestra experiencia a lo largo de la vida. Creencias irracionales de todo tipo nos acompañan desde el mismo vientre materno. Sin hablar de otro tipo de memorias, de otras vidas, los primeros recuerdos  siempre señalan a nuestros padres y al entorno emocional de ellos. A su vez, dichos entornos emocionales paternos se retroalimentan de su herencia y así sucesivamente. La mayor parte de la población humana no solo nace con un cúmulo ostentoso de creencias de todo tipo, sino que las mantienen a lo largo de su vida sin cuestionarse un ápice de ellas.

Todo comienza con el final
En el comienzo está el camino

Nos identificamos con aquello que creemos y las primeras creencias asimiladas como propias son las de los seres que, de una u otra forma, positiva o negativamente, nos han cuidado durante los primeros años de vida. Puede parecer natural este proceso. Y, en cierta medida, lo es. El problema, obviamente, radica no en los cuidados amorosos que la mayor parte de los seres humanos reciben tras su nacimiento, sino en las creencias que los acompañan y la semilla del mal que pueden esconder, en sus mismas entrañas, tras éticas y comportamientos que señalan dónde está el bien y el mal, cómo llegar a uno y evitar el otro  y cuánto ha de sacrificarse para defender a uno del otro.

LAS CREENCIAS IRRACIONALES ¿ESTÁN TAN EXTENDIDAS?

   Puede parecer una pregunta capciosa, pero si miramos los comportamientos humanos a lo largo de la historia del hombre, no podemos más que ratificar que creencias irracionales anidan en toda cultura y en la mayor parte de la individualidad. No es baladí, en estos tiempos de comunicación virtual, sentirse contagiado por la sensación de malestar que impregna la red a causa de mil y un comportamientos humanos, comenzando por el de supuestos líderes políticos, religiosos o de cualquier otro ámbito, que no solo dejan que desear para ser tildados de humanos, sino que a todas luces muestran un odio hacia lo diferente, hacia lo distinto a ellos. Una sensación que conduce a multiplicar las preguntas

Creencias irracionales
El miedo se contagia de generación a generación

¿Qué lleva al hombre a comportarse como lo hace? ¿Se puede ser tan bestia como algunos individuos reflejan con sus comportamientos y quedarse indiferente? ¿Es el miedo a la muerte, al sufrimiento más bien, lo que lleva a paralizar la respuesta a muchos comportamientos infrahumanos? ¿Cómo ven a sus semejantes aquellos que no aceptan creencias distintas a las que ellos profesan? ¿Qué sucede en la mente de un hombre que causa sufrimiento y dolor a sus semejantes de una forma consciente y con regocijo? ¿Es todo cuestión de genes? ¿Es todo ello una consecuencia en la forma de educar? ¿Puede llamarse educación una forma de educar que anule o incite al odio de lo distinto? ¿Es la cultura de la muerte, del descarte, de la indiferencia al otro, la causa de que las creencias se vuelvan irracionales o, al contrario, es el hombre un ser irracional que se escuda en las culturas para racionalizar y “justificar” su comportamiento cruel? ¿Qué aflora primero el odio o la indiferencia? …

CÓMO SEMBRAMOS CREENCIAS IRRACIONALES EN NUESTROS HIJOS

   Cómo puede leerse líneas atrás, la complejidad de las creencias irracionales no se salva solo con seguir las tradiciones inconscientes que no se cuestionan el origen de tanto odio sembrado y cosechado a lo largo del mundo. La forma que este proceso se avala es a través de la socialización, la cual no es más que la sumisión al poder de turno y la entrega del alma humana sin cuestionar si aquello que se hereda está bien o mal más allá de del bien o mal con el que fueron etiquetados.

Sembrando miedos
El miedo se siembra

   Sembramos creencias irracionales en nuestros hijos, y de tal forma les impedimos desarrollar su ser y su capacidad creadora, y lo hacemos cada vez que imponemos nuestras creencias, nuestro modelos, por mucho que los padres digamos que lo hacemos por amor y con amor, que es lo que nos han enseñado y los educamos así por su bien. Hay amores que matan en nombre de la tradición y, peor aún, asesinan a lo más preciado que podemos dejar en este mundo, nuestros hijos. Un rasgo de la irracionalidad humana y que es frecuentemente transmitido es aquel que dice, abierta o soterradamente, que los hijos pertenecen a los padres, obviando la independencia que tiene todo ser humano al nacer. Hay padres que confunden, la tradición les ha llevado a ello, responsabilidad y cuidados con pertenencia, con posesión, con propiedad. Los modelos educativos modernos, los que parten del poder, no son más que mecanismos diseñados para mantener la esclavitud de los seres humanos en aras de la tradición esclavista moderna. Este modelo no es el que hay que cambiar, pues, a todas luces, solo puede destruirse a sí mismo por sí mismo. El modelo educativo al que el individuo, en cualquiera de sus papeles, tiene acceso, es al de la casa, al familiar y desde dicha atalaya sí  es posible ir cambiando ese malestar en la cultura y, sobre todo, creando conciencia que haga despertar al Ser del letargo impuesto por los egos del poder y la tradición. En este modelo familiar el primer paso para romper la inercia que impone un sinfín de creencias irracionales que frenan el desarrollo espiritual de los hijos es trascender ese modelo de transmisión de cultura y tradición. La duda es el camino y el respeto la respuesta. No se trata de destruir aquellos modelos que se han vuelto obsoletos, sino trascenderlos. No podemos olvidar que las creencias irracionales, sobre todo las que van contra el desarrollo del espíritu humano, emergen como fruto del ego y, por tanto, siempre estarán presentes en esta como en cualquier cultura, en este como en cualquier otro tiempo. Pero esto es harina de otro costal.