UTOPÍAS DISTÓPICAS: PARAÍSOS DE RENEGADOS

En La Habana, desde hace décadas, se dice y se enseña que ocultar la verdad no es mentir. Ya saben, al enemigo ni agua. En ciertos contextos podríamos afirmar que dicha afirmación, valga la redundancia, se sostiene como estrategia de lucha. Pero cuando se trata de organizar una sociedad, de encontrar las formas de vida idóneas para el conjunto (entendido como totalidad, repito, totalidad, de seres que comparten un mismo origen y tiene como rasgo común ser conciencias y no solo creencias), entonces, digo, la verdad se convierte en un estorbo, en un espejismo. Las verdades políticas, religiosas, económicas y hasta, si me apuran, sexuales, se convierten en el caldo de cultivo para seguir propagando eso que se da muy bien a la raza humana, exterminarse unos a otros, y, como no es suficiente, seguir el juego con las demás especies, tanto del reino animal como del reino vegetal.  Veamos.

La Habana, tierra encantada y de sueños prohibidos

UTOPÍAS EN MENTES DÍSCOLAS

Las utopías nacen siempre en mentes díscolas, inconformes, desafiantes. No se acostumbran a lo establecido y no solo quieren otro mundo, sino, por líneas generales, inventan uno. El problema de las utopías no radica en su motivación, sino en acomodarse a su flamante nueva forma de ver las cosas. Sí, el gran pecado de los utópicos es cerrar la puerta a nuevas utopías, a nuevos tiempos. Por decirlo desde otro ángulo, los utópicos olvidan lo perecedero de la vida y de los sueños, y, peor aún, olvidan que cada ser humano y cada generación tiene el deber y derecho de buscar su propio camino para afrontar, de la mejor manera posible, sus propias vidas, sus propios sueños. No todo tiempo pasado fue mejor. Es más, solo se puede vivir el presente. Ni siquiera el futuro, por muy hermoso que se imagine, se puede disfrutar en el hoy y sin el hoy.

Los utópicos nacen, viven y sueñan en tierra de nadie

   Los utópicos díscolos creen luchar por el bien de la humanidad, pero no pueden ver que la humanidad por la que viven, mueren y asesinan, en no pocos casos, está hecha a su medida y, por tanto, sesgada, tergiversada ¿por quién? Por las creencias que sostienen su utopía. En otras palabras, las utopías que nacen de mentes díscolas no beben de la humanidad, sino de una idea sobre la humanidad. Una idea que puede ser muy bonita, pero que al encerrarla en el mundo de las creencias la convierten en ideología y, por tanto, en algo evanescente y tan ilusorio como la utopía misma que la sostiene. Concebir algo que no puede cobrar vida en espacio alguno es, diría Erasmo de Róterdam, una febril locura de adolescente. Todos pasamos por ella, pero no todos pueden superarla.  

LOCOS POR LAS DISTOPÍAS

Las distopías, como fruto del trabajo de mentes distópicas, suelen ser la antesala a infiernos humanos de todo tipo. Las sociedades distópicas beben del desenfreno, de una sobredosis de realidad ¿Pero de qué realidad estamos hablando? De aquella construido en base a miedos de todo tipo. Sí, las mentes distópicas, frente y en contraposición a los idealismos utópicos, no creen en la evolución de la consciencia humana, si por tal entendemos la evolución hacia algún tipo de ética del bienestar que englobe al conjunto humano y que sea acatada como tal por cada uno de sus miembros. No, la mente distópica sabe muy bien que ese fin de una sociedad de iguales nunca llegará, pues el hombre, como diría el ingenuo Hobbes, es un lobo para el hombre. Desde esta perspectiva, los Estados modernos, como los de antaño, no estarían diseñados para un bien común hipotético, sino para evitar que, en estas realidades asimétricas, el hombre se aniquile a sí mismo. La idea fue, y sigue siendo, que era y es preferible que el hombre sea deglutido por el Estado mismo y así evitar el canibalismo entre hermanos. En otras palabras, el Estado, que, no olvidemos, firman con nombres y apellidos, aunque se escuden en instituciones impersonales, el Estado, digo, no garantiza el bienestar del individuo, sino la supervivencia del conjunto social. Desde esta perspectiva, los Estados están más allá del bien y del mal que los individuos y sus locas ideologías puedan tener, su misión es mantener viva esa sociedad deshumanizada que no logra exterminarse gracias a sus esfuerzos institucionales.

Los distópicos viven alimentando al lobo de Hobbes

Puede haber golpes de Estado de todo tipo, pero las distopías, como las utopías, jamás defenderán ni alentarán la desaparición de los Estados. Los Estados saben muy bien que su supervivencia depende de la confianza de la sociedad en ellos y cuando hablo de la supervivencia de los Estados me refiero a la parte carnal, a los hombres de Estado (a lo largo y ancho de todas sus estructuras), pues dichos hombres viven a costa del esfuerzo de los demás por mantener unas estructuras que, en el mejor de los casos, podemos tildarlas de antropófagas. Por eso, los Estados, paradójicamente en una sociedad automatizada, siguen engordando las nóminas de sus esclavos útiles, funcionarios de todo tipo, pues no pueden permitirse llegar al punto de quiebre. Aclaro, esto no tiene nada que ver con quien esté o no gobernando. Blancos o negros, rojos o azules, todos defienden la mano que les da de comer o, como diría un viejo profesor de una vida pasada, los esclavos no saben cómo alcanzar la libertad porque confunden a sus amos con sus cadenas sin darse cuenta que las cadenas reales están tanto en sus mentes de esclavo como en las mentes que los esclavizan. La peor esclavitud, solía terminar diciendo el viejo profesor, es la que te impide ver al esclavista que todos llevamos dentro: nuestras creencias.  

¿Desaparición de los Estados? ¿De qué narices estamos hablando?

PARAÍSOS DE RENEGADOS

Las utopías distópicas son una locura. Intentar cambiar las cosas proponiendo otras que, a sabiendas, serán peores, aunque, obviamente, se diga lo contrario, es, digo, una locura digna de mención por el mencionado, valga la redundancia, Erasmo de Róterdam. Sí, tanto los utópicos como los distópicos saben muy bien que no hay salida al problema del mal humano a través de las creencias. Cualquier sociedad que base su forma de organizarse en torno a creencias, es decir, que estructura la vida de los seres humanos en torno a interpretaciones de la realidad, está condenada al fracaso, mejor dicho, a perpetuar el fracaso, pues este tipo de sociedades vienen fracasando desde la noche de los tiempos. La pregunta del millón es cómo estructurar una sociedad si no es en base a creencias, a interpretaciones de la realidad. Pues sí, hay paraísos para renegados. Hay formas, teóricamente infinitas, de organizar un conjunto social en base a la conciencia y no en base a las creencias. Una sociedad basada en la conciencia no necesita de un Estado que proteja la convivencia, sino necesita de unos códigos de convivencia que sean negociados y aceptados por cada uno de sus miembros. La tecnología blockchain puede ser una herramienta formidable para alcanzar acuerdos entre iguales. Una sociedad basada en la conciencia no necesita de un territorio para enarbolar banderas divisorias, sino necesita una red de internet limpia de creencias fallidas de todo tipo y que fomente la ciencia con conciencia. Una sociedad basada en la conciencia no necesita de economías antropófagas, sino de economías abiertas a la riqueza común del conocimiento. Una sociedad basada en la conciencia no necesita la competencia como instrumento para la evolución a nuevas realidades, sino crear las condiciones para fomentar las capacidades creadoras de todo ser humano. La educación en las sociedades basadas en la conciencia no está dirigida a someter al niño a las estructuras sociales, tal y como hoy en día se desarrolla, sino apoyar al niño a descubrir su potencial creativo y ayudar a su desarrollo, sea el que sea, para su propio beneficio y, no olvidemos, el beneficio social. Ayudar a un niño a desarrollar todo su potencial creativo es ayudar a la supervivencia de la especie. Podríamos seguir, pero este es un simple pasquín. Lo importante a retener es que la idea, en forma de distintas y antagónicas ideologías, la idea, digo, que dice que el hombre está condenado a no salir de sus zonas de confort ideológicas, pues más allá no hay nada, es la gran mentira de las sociedades que fomentan las utopías distópicas, es decir, aquellas que o bien no desean cambiar nada o, paradójicamente, aquellas otras que desean cambiar todo lo superfluo para que no cambia nada en esencia. Las distopías, en suma, buscan nuevos infiernos para salir de los infiernos presentes.

Utopías y distopías jamás alimentarán la extinción de los Estados, pues viven de ellos
¿VALE LA PENA SALIR DE LAS SOCIEDADES DE UTOPÍAS DISTÓPICAS?

Suelo llamar a esas sociedades de la conciencia como eutopías, el buen lugar, el lugar bueno para la vida. Suena a utopía ¿no?

Otro mundo es posible, las eutopías, pero no son de este mundo

   Las sociedades basadas en creencias basan el concepto de libertad en el tener, en el hacer, en el decir, etc., etc. Los Estados basados en creencias defienden la libertad, cada cual la suya, la que se impone y se socializa, como el último grito del humano vivir. Para nuestro humilde ver, la libertad no es una cuestión de poseer, tener, decir, etc., etc., sino de Ser. La libertad de Ser es la que te lleva a desarrollar todo el potencial creador que cada conciencia tiene en sí misma. La primera libertad, la que nutren los modernos Estados fallidos, que son todos, no solo los que están en listas negras de países incoloros, y que buscan a través de ella facilitar a los individuos el acceso a consumos de todo tipo, a la libre expresión, etc., cada cual a su manera, no es una libertad que pueda desarrollarse porque no todo está permitido: no todo se puede expresar aludiendo la libertad de pensamiento, no todo se puede consumir aludiendo al poder económico, etc., etc. Las libertades basadas en creencias están limitadas por las propias creencias, que son siempre sesgadas por visiones parciales espacio-temporales de la realidad. La libertad que nace en la conciencia no tiene más límites que su propio desarrollo y no están limitadas por realidad alguna, sino son constructoras de la realidad. La libertad basada en creencias limita la ciencia a sus propios beneficios, mientras la libertad basada en la conciencia no limita la ciencia, sino crea ciencia con conciencia.

El mayor esclavista del hombre son sus creencias

   Estoy seguro que sociedades basadas en la conciencia y no en las creencias es el único futuro posible de la humanidad, pero, como nazareno que soy, tengo una visión parcializada de cómo se llegará a ese futuro. No creo que las sociedades modernas, con todas sus fronteras y creencias, puedan desarrollar un cambio real de rumbo sin una fuerza mayor que les impulse al cambio. No creo que, llegado los días del cambio, todos estén preparados para una sociedad eutópica, pues el único requisito para poder transitar por una sociedad así es llegar a ella a través del amor y el descernimiento y no a través de los miedos. Justamente, las sociedades basadas en las creencias han llegado a su locura por haberse construido a través de fomentar todo tipo de miedos. Así todo, como digo, soy optimista. El Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, está a las puertas.

IMPRESIONES SOBRE LA COVID 19. SIN ÁNIMO DE OFENDER

Antes de comenzar este pequeño pasquín quisiera decir un par de cosas. La primera es una petición. Pido disculpas a quien pueda ofender de alguna manera lo que se escriba en este folio, jamás es mi intención. Respeto toda conciencia por muy errada o alejadas que estén, bajo mi sentir, sus creencias o ideas de mis ideas. La segunda es dejar sentado que soy un Nazareno, es decir, un seguidor y servidor del llamado Jesús de Nazaret y, por consiguiente, la óptica, parte de la óptica de este libelo, tiene su impronta, su huella. Aclaro que no soy un intérprete del Jesús teológico, eclesiástico. Soy seguidor y servidor de tamaña conciencia cósmica que fue enviado a este mundo con una clara misión, a saber, salvar a los hombres de sí mismos y guiarlos hacia las estrellas, su verdadero hogar. Aclarado esto, si gustan, les invito a leer estas humildes impresiones.

Soy Nazareno y, como tal , con una visión parcializada de los tiempos presentes


SARS COV 2

Poco sabe el hombre de hoy en día de estas pequeñas entidades biológicas que están en este mundo desde mucho antes de aparecer el homo sapiens. Así todo, en las últimas décadas se ha adelantado muchísimos sobre el estudio de estas entidades. Por un lado, se sabe que, en el mundo, en todos los reinos vivos, los virus están por doquier y que no todos los virus son patógenos, es decir, no todos hacen daño, sobre todo un daño mortal. Los hay incluso beneficiosos para un desarrollo óptimo de la vida y hay investigadores que plantean que la evolución del mono al hombre, el salto más mágico y misterioso de las últimas teorías sobre la aparición del animal humano, fue posible gracias a los virus. Por extraño que parezca, algún tipo de virus podrían haber sido la causa de ciertas mutaciones en el genoma de aquellos homínidos que favorecerían el lenguaje simbólico y, ya sabemos, el lenguaje es la puerta a la consciencia y al desarrollo del conocimiento. De los árboles de las estepas africanas a las estrellas gracias a unos virus, quién lo diría hace solo unas décadas atrás. Es más, quién se lo diría a Darwin.  

Los virus pudieron facilitar la aparición del lenguaje

TIENEN INTENCIONES LOS VIRUS

Por extraño que parezca casi todo el ambiente académico contestaría que no, que los virus no tienen más intenciones que las instrucciones genéticas para reduplicarse y conquistar el mundo. En muchos casos, ni siquiera los consideran seres vivos, pues aluden a la necesidad que tienen de conquistar un huésped para, de una forma parasitaria y a veces mortal para el huésped, llegar a tales fines. No estoy de acuerdo, pues, hasta donde llega mi forma de clasificar, casi todo ente animal necesita una contraparte para dejar su impronta genética. Pero, obviamente, los especialistas en estudiar y clasificar a estos virus, tienen más peso a la hora de clasificarlos como quieran y entiendan. Más importante, bajo mi humilde óptica, es saber para qué están aquí, por qué aparecen o por qué fueron “sembrados”, “colocados”, en aquella primitiva sopa terráquea. En otras palabras, aun aceptando que los virus no tengan intenciones, quizá quienes los “sembraron” sí las tenían. Estas preguntas ya esconden, en cierta medida, una petición de principio, es decir, da por sentado que la vida no se originó en este planeta azul, sino que vino del cosmos. En otras palabras, que hay un diseño “inteligente” detrás de ello y no es producto de un incesto entre el azar y el tiempo. Tampoco se trata la pregunta por encontrar lo que humanamente llamamos, de distintas formas y a través de la historia humana, Dios. La “inteligencia” por la que me pregunto quizá sí tenga la respuesta de la naturaleza de Dios. Y, desde esta óptica, da pavor pensar en la cantidad de muertos que han sembrado todo tipo de creencias humana por defender la idea de un dios al que no conocen ni pueden conocer humanamente. Como diría el Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, no conocen a Dios y esclavizan y matan en su nombre. Ver para creer.

¿Tienen intenciones los virus?

SUPONGAMOS QUE LOS VIRUS SON MÁS QUE VIRUS

¿Hasta dónde podrá llegar la pandemia? La historia humana, en esta última humanidad, en las más diversas latitudes, está salpicada de relatos pandémicos de todo alcance. Algunos ejemplos pueden ser la peste antonina o plaga de Galeno (siglo II D.C), producida por el virus de la viruela o del sarampión, la peste negra (siglo XIV) causada por la bacteria Yersina Pestis, La peste de Sevilla (siglo XVII), La mal llamada Gripe Española (siglo XX), etc., etc.   De todas se ha salido, por muy alto que fuese el precio. Pero, hoy en día ¿estamos mejor preparados para enfrentar tamaña amenaza? ¿Es Sars Cov 2 realmente el problema?  Nadie, medianamente leído u observador de la realidad global, pudiera dudar de los adelantos en la medicina, pero, y es muy grave lo que se dirá, la medicina se ha convertido en un negocio más en este mundo desenfrenadamente alocado y, como tal, puede ser objeto de especulación. A tal punto que sin enfermedades o con curas no “oficiales”, se acaba los buenos beneficios del negocio de la enfermedad. Alguien podrá decir que nadie se enferma por gusto, y tiene mucha razón, no toda. Normalmente la gente se enferma por desconocimiento, por ignorancia, bien de qué le causa la enfermedad, bien, detectado el problema, porque no reacciona a la supuesta y gravosa, en muchos casos, cura. Las curas gratuitas, las que dependen del mismo individuo, suelen ser puestas bajo sospecha y ser tratadas como supersticiones o cosas de atávicas ignorancias. Obviamente, se entiende que cada quien defienda lo suyo, pero al hacerlo, olvidan que el ser humano está condenado a salvarse todos o perecer todos juntitos. Y les aseguro, como Nazareno, que estamos más cerca de la extinción que de la salvación y la culpa no la tienen los bichitos. Veamos.

Los virus como guardianes de las especies ¿una locura?

Pero más allá del negocio de la salud, la pregunta que me hacía sobre si realmente Sars Cov 2 es el problema, va dirigida hacia otros predios. Esta Pandemia está dejando claro que no importa los adelantos científicos, en todos los órdenes, sino que el mayor obstáculo para enfrentar y vencer al virus radica en la misma enfermedad humana que le azota desde su nacimiento, a saber, la indiferencia hacia el otro, hacia el dolor ajeno. Quizá los virus, como mantengo personalmente, son más que virus y son detectores del mal humano y cuando esté se dispara, aquellos reaccionan. No son castigos divinos, serían, más bien, mecanismos de control. Mecanismos sujetos a la inteligencia de quienes sembraron la vida en este planeta y no de un dios colérico y déspota. Dios, diría el Maestro de Maestros, no se dedica a tareas de limpieza, sino solo de crear nuevas formas de conciencia. Pero esto es otro cantar. La realidad es que lo importante es llegar a vencer el virus humano de la maldad, de la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. Sufrimiento, no olvidemos, en la mayor parte de los casos causados por esas formas de organizar la economía y que se han olvidado del hombre mismo. Las llamo economías antropófagas.

¿SALDREMOS DE ESTA?

No. Al menos no por la vía convencional. Siento comunicar esto desde mi condición de Nazareno, fiel al Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, pero no puedo ser de otro modo, pues también soy parte de ese Reino que no es de este mundo. Pero, lo importante no es quién les habla, pues en el fondo, todos somos hijos de las estrellas y de ese Dios benevolente y que su atributo principal, humanamente hablando, es el conocimiento que respalda su Amor. Por eso el perdón es el instrumento para rectificar. El Dios del Maestro, nuestro Dios, no suspende exámenes, hace repetir las pruebas hasta que al final, terminas aprendiendo. Los seres están “diseñados” para experimentar la vida en toda su majestuosidad creadora, no para destruirla. Los infiernos, en este mundo humano, los construyen los hombres que están alejados de sus conciencias, mejor dicho, de ser conscientes de su conciencia de Ser.

La pandemia está dejando claro el verdadero problema humano, el virus que puede terminar con la especie, la indiferencia hacia el otro

Los hombres han construido formas de organizarse en torno a miedos, ignorancia, y todo tipo de estructuras insanas en base a creencias que han divinizado. El problema no está en haber caído, pues su periplo vital lleva en sí mismo la búsqueda del conocimiento y tal búsqueda es un camino. El problema es que no han usado la tecnología del perdón para poder subsanar los errores cometidos a lo largo de su evolución. En vez del perdón, han afilado las lanzas de sus creencias y con ellas han asesinado a todo enemigo posible. El ojo por ojo ha sido y es la tónica, aunque hoy lo maquillemos con individualismo de todo tipo. No podemos salir de esta sin antes entrar a la cripta del perdón. Para volver a las estrellas, se necesitan primero viajar, cada uno en su intimidad, al interior de su corazón. Por eso mantengo que no hay salida a este mal humano desde las estructuras sociales actuales. Solo, con el regreso del Nazareno, será posible despertar y fijar la mirada en el corazón humano. Él, la mayor conciencia que ha pasado y pasará por este mundo, será con su Segunda Venida, el encargado para dar la señal para que comiencen los nuevos tiempos. Mientras, Sars Cov 2 como cualquier otro desastre que pueda ocurrir, y ocurrirá, solo sirve para comprender que los tiempos del mal se están agotando y que mirar hacia otra parte o refugiarse en mil zonas de confort, vestidas con normalidades de todo tipo, no es la salida. No hay salida, repito, si no hay un reconocimiento de la conciencia de ser y, junto a él, la actitud de Ser por encima de la actitud que exigen creencias fallidas de todo tipo.

COMORBILIDAD, SARS COV 2, LA BOLSA DE VALORES Y LA ESPADA DE DAMOCLES

¿Qué relación pudiera existir entre el virus llamado Sars Cov 2, las economías antropófagas del presente humano y la extinción de los dinosaurios?

   Todo en el universo está entrelazado, directa o indirectamente, es decir, aunque no podamos ver las amenazas o los beneficios que pudieran existir en nuestro alrededor, lo cierto es que están. A nivel científico podemos relacionar lo antedicho con la famosa materia oscura. No tenemos idea, humanamente hablando, de lo que pudiera ser, pero hemos podido saber que impregna, por no decir que permea, todo el universo.

En el universo, desde el ámbito humano, está casi todo por descubrir

COMORBILIDAD

La salud no es la ausencia de enfermedad en el cuerpo y en la mente, sino el equilibrio entre la conciencia y la consciencia, entre el Ser y el No Ser, entre la vida encarnada y el espacio tiempo que estás llamado a construir como tu realidad ¿Qué significa todo esto que suena a metafísica? Pues que sin importar si tú, como forma de vida consciente, no has encontrado el significado de la existencia, de tu existencia, dicho significado existe. En otras palabras, por mucho que te niegues y hagas con tu cuerpo y tu mente los mayores desastres, lo que eres, la vida que eres, siempre buscará la forma de encauzarte a tu verdadera esencia. En otras palabras, las enfermedades que pudieran asolar tu cuerpo y tu mente tienen un mensaje para ti o, en bastantes casos, un mensaje para aquellos que te rodean. Sí, acuérdense, no somos islas en un océano cósmico, sino el agua que da forma al océano o, más afín con el cosmos, somos luz que da vida a la oscuridad.

La salud es el equilibrio entre la conciencia y la consciencia

SARS COV 2

Aprender no es mirar hacia fuera, sino ver desde dentro el afuera. En otras palabras, aprender significa buscar el equilibrio entre el Ser y la encarnación en cada presente, pues la existencia tiene un magnífico don, nunca permanece quieta, sino que el cambio, el movimiento, diría el viejo Aristóteles, es su esencia. ¿Qué significa todo esto que suena a una mutación metafísica? Los virus no son una amenaza. Los virus son formas de vida que buscan mantenerse activos, mantenerse vivos, y son el ejemplo mayúsculo de que todo en la vida del universo está entrelazado. Qué hace que un virus salga de su entorno, es decir, qué hace que cambie de huésped, que busque nuevos espacios vitales y conquiste el mundo donde se desarrolla. Quizá la respuesta no está en el virus, sino en el huésped. Quizá la pregunta no es qué hacen los virus, sino qué hacen los huéspedes para que los virus se sientan atraídos hacia él.

La mayor amenaza viral para el hombre es el hombre mismo

LA BOLSA DE VALORES

Las mariposas coloridas vuelan a través del aire dibujando formas maravillosas en él, pero desconocen el aire. Los seres humanos han construido sociedades económicas antropófagas, donde el ser humano se alimenta del dolor de otro ser humano, pero ¿desconoce lo que está haciendo? ¿Qué vuelve a un ser humano, a una conciencia llamada a ser creadora, un instrumento que es capaz de causar sufrimiento, dolor y muerte a sus congéneres? ¿Qué cosifica al hombre? Las creencias, que emergen, la mayor parte de las veces, por miedos y que se transmiten, la mayor parte de las veces, maquilladas de verdades absolutas. Las creencias se visten de todo tipo de ideologías, religiosas, políticas o económicas, pero, frente a las mariposas, cuyos colores dan vida al paisaje, las ideologías siembran muerte al enfrentar a unos seres con otros seres, haciéndoles creer que no tienen alas para volar por sí mismos, sino que necesitan de ellas, de las ideologías, para ser ellos mismos. La bolsa de valores no destruye economías, sino seres humanos. La bolsa de valores no enriquece al ser humano, sino lo empobrece a ojos del universo y de tantas conciencias que lo pueblan. La bolsa de valores si enriquece algo, son las miserias humanas y a los miserables que las fomentan, avalan y negocian con ellas.  

Las economías antropófagas son la mayor amenaza vírica para el hombre

LA ESPADA DE DAMOCLES

Hay una amenaza constante sobre la especie humana, desde los albores de los tiempos de esta última humanidad, y se llama inconsciencia. La inconsciencia se viste de indiferencia, olvido, menosprecio e incluso del deseo de exterminio del otro, de quien es, o aparenta ser, diferente. La espada de Damocles se levanta contra una humanidad que ha olvidado su origen, la conciencia que es y la Conciencia Suprema de la que procede. La espada de Damocles se levanta contra una humanidad que se ha divinizado a sí misma y ha construido dioses a la medida de sus creencias e ideologías. La espada de Damocles caerá sobre una especie que ha olvidado su lugar en el universo, pero, sobre todo, ha olvidado buscarse a sí misma en cada ser humano y en las demás formas de vida de este hermoso planeta. Una morada habilitada para su desarrollo y no para ser destruida, como lo está haciendo esta última humanidad. La espada de Damocles caerá sobre esta última humanidad por la falla del hombre en encontrar el camino a su conciencia más allá de sus creencias y no importa si es un virus o una debacle económica por causa de economías antropófagas.

La humanidad está llamada a sentir la espada de Damocles en sus entrañas

Así todo, hay una esperanza y se llama Jesús de Nazaret, la conciencia que vino de más allá de las estrellas a salvar al hombre de su inconsciencia. Pero esto es otra historia.