LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El siglo XX ha representado para el acervo humano el siglo de la muerte y la indiferencia hacia el otro a causa de las ideologías, las ideologías del mal, de la muerte, del desprecio. No es algo novedoso en la historia humana, pues los distintos pueblos y civilizaciones de esta última humanidad, desde los etruscos hasta la moderna china post maoísta, se han caracterizado por las luchas entre ellas y dentro de cada una de ellas, por el dominio, control y opresión de unos hombres sobre otros, de unas “clases sociales” sobre otras, de unos “grupos de interés” sobre otros. Lo que caracterizó al sangriento siglo XX fue el salto científico y tecnológico que fue perfilándose tras las distintas revoluciones industriales. Un salto que culminó con el asesinato de cientos de miles de seres humanos, directa o indirectamente, con la primera bomba atómica lanzada contra seres humanos. Lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki en 1945 representa el paroxismo de la enfermedad del hombre social, a saber, su fanatismo ideológico y el completo olvido del Ser.

Volverse hacia el Ser es reencontrase con la vida

EL OLVIDO DEL SER COMO LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE

   No se trata de hacer un tratado, ni siquiera un panfleto, sobre el salvajismo humano, sino de ir a la fuente que ha originado la decadencia de esta última humanidad. La enfermedad del hombre moderno la podemos rastrear incluso en épocas tan atrasadas tecnológicamente que podemos afirmar con certeza de que no todo tiempo pasado, ni mucho menos, fue mejor.

Contra el virus del odio, solo existe la vacuna del amor y del perdón

El miedo a lo distinto, a la misma naturaleza que iba surgiendo de aquella prístina consciencia que iba nombrando el mundo que le rodeaba, traería como consecuencia un mundo de creencias que se alejaban a pasos agigantados del común origen de toda forma de vida y, primordialmente, de toda conciencia cósmica. En el fondo, todo salvajismo, todo fanatismo, podemos reducirlo a un desconocimiento de la fuente última de la vida. Una fuente que algunos llaman Dios, otros lo llaman leyes universales, otros, simplemente, prefieren no nombrar lo innombrable porque nombrando el Misterio solo podían reconocer la gran ignorancia que tenían y tienen de él. Un desconocimiento que fue sustituido por creencias políticas, sociales y religiosas de todo tipo y queno solo profundizaban las brechas de unos pueblos sobre otros, sino que al hacerlo iban construyendo muros para convertir sus creencias en prisiones para sus adeptos y en patíbulos para sus detractores.

El olvido del Ser es la más peligrosa enfermedad del hombre social

La cultura humana, las culturas humanas, nacieron no con el fin de unir, sino de cercar, de aislarse. Por ello la importancia de estos momentos históricos en los que la globalización tecnológica puede llevar a romper los viejos modelos de opresión cultural. Nunca el hombre ha estado tan cerca del salto de conciencia que necesita para despertar al Ser que es.

CÓMO ENFRENTAR LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

El hombre moderno, en una gran mayoría, está enfermo de soledad, miedo y egoísmo porqué los distintos modelos sociales imperantes en todas las latitudes siguen basando su dinámica en tradiciones inhumanas nacidas bajo los signos de la ignorancia. Tradiciones por las que el hombre sigue siendo esclavizado bajo otras formas aún más sutiles, pues, hoy en día, a los esclavos les llaman libres y les hacen creer que lo son y, paradójicamente, la gran mayoría de los seres humanos se lo creen. Tradiciones que podemos rastrear en las distintas formas en que los grupos de poder entienden distintas facetas de la evolución humana, desde la propiedad hasta el trabajo pasando por las relaciones entre el hombre y el Misterio.En cualquier caso, las tradiciones modernas son las que deben enfrentar las generaciones humanas de hoy en día, en especial los más jóvenes, pues ellos son los menos contaminados de la maldad que ha recorrido y recorre la historia humana.

Cada generación tiene el derecho a buscar su propio destino y no vivir de errores pasados

El olvido del Ser llevó al hombre a encadenarse a sus miedos y a esclavizar a todo aquel que no participe de sus creencias. Las semillas del mal estaban listas para alimentar las peores pesadillas de los hombres. Para enfrentar esas tradiciones insanas lo primero que debe hacerse es reconocer, cada quien, en su propia intimidad, que es mucho más que todas las creencias que le han hecho creer que es. Si eres budista, imagínate siendo y actuando en tu entorno como un cristiano o musulmán. Si eres monoteísta, imagínate siendo y actuando como un ateo en tu entorno. Si eres un comunista converso, imagínate siendo y actuando como un empresario modelo en tu entorno. Si eres un empresario explotador, imagínate siendo y actuando como un obrero más de tu fábrica o emporio. Si eres un doctor en ciencias, imagínate siendo y actuando como alguien a quien no le han enseñado a leer y escribir. Si eres un analfabeto convencido del poder de la universidad de la calle, imagínate siendo y actuando como un doctor en ciencias físicas.

No juzgues quien ha traicionado a su propia humanidad, pues al juzgarlo, te estás juzgando a ti mismo

En fin, imagínate que eres mucho más que las creencias que has recibido y que te han dado una identidad falsa, pues tu yo no trata tanto de lo circunstancial (tus experiencias particulares), sino de lo esencial, lo que hace posible la experiencia de ser.

MÁS ALLÁ DE LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SOCIAL

Si las nuevas generaciones, junto a las más envejecidas que aún conservan la inocencia de ser, logran dar el salto de conciencia necesario para frenar la extinción de la especie humana, otro mundo, otro tipo de hombre, verán la luz. El hombre, como conciencia, como una conciencia cósmica más en este universo en constante transformación, no nace para sufrir, ni para doblegar al otro, ni para vivir entre miedos, sino para crear y disfrutar de la plenitud de la experiencia de ser.

La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana

El conocimiento es el camino, el único camino posible, hacia una conciencia cada vez más consciente de su entrelazamiento con el Todo. Un conocimiento que va mucho más allá de descubrir la estructura cambiante de la materia visible o de la misma materia o energía que llaman oscura, sino del conocimiento que lleva a descubrir la fuente inagotable de la vida en cada conciencia misma.

El bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki representa el uso malévolo del conocimiento y el fracaso como seres sociales

El camino del conocimiento lleva, inevitablemente, al conocimiento de Dios mismo dentro de cada Ser. Un Dios, eso sí, que no descansa en los miedos humanos, sino que da cuenta de la divinidad que toda forma de vida encierra en sí misma por el simple hecho de Ser. El Ser no se puede imponer a la consciencia (por esto mismo, cualquier civilización cósmica que esté ayudando al hombre a su despertar al Ser no puede actuar directamente). El Ser debe aflorar entre la consciencia, abriéndose paso entre esas mil y una creencias fallidas que fueron construyendo una falsa identidad, un falso yo. Un yo que no parta del nosotros, que no asuma a todos como parte de sí mismo para convivir, interactuar e ir creando nuevas experiencias de ser en todo el cosmos, es un yo falso que confunde lo nuestro con el nosotros, es un yo que no ha salido de la prisión del sí mismo, de las creencias fallidas que le han llevado a anularse a sí mismo.

No busques en la tradición la salida hacia un mañana distinto. Las tradiciones, por esencia, solo buscan perpetuarse a sí mismas

   Es la hora de trascender el mundo de las creencias y encaminarse a la senda del Ser. Como individuos, como consciencias, igual que como especie, no hay otro camino. La especie humana está llegando a un punto de no retorno que no tiene mañana.