GOG Y MAGOG, LA VERSIÓN DEFINITIVA

   La temática que encierra Gog y Magog, en su reciente obra, GOG, de J.J. Benítez, no dejará indiferente a todos aquellos que siguen las huellas de tan prolífico y enigmático escritor español. No se trata de una novela, aunque se pueda leer como tal y logra ese efecto cautivador  en el espíritu de los aficionados a tal género. No se trata de un ensayo, aunque la información astronómica que se plasma en el libro no deja fisuras sobre datos que al común de los mortales le son ajenos.

Y nos los vemos
¿Cuántos han caído? ¿Cuántos son responsables de extinciones masivas en el planeta?

Se trata, intuyo, de algo que el propio J.J. Benítez quisiera que fuese una gran mentira y, a su vez, si fuese cierto, una gran esperanza. Sí, el núcleo de la temática de GOG está vinculada directamente en la figura que lleva persiguiendo a J.J. Benítez desde hace muchos años, Jesús de Nazaret.

GOG Y MAGOG, LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

   Es un tanto ridículo, absurdo y hasta de mal gusto creer muchas verdades a medias que surgen de los sistemas de poder en nuestras sociedades modernas y que solo pretenden seguir adormeciendo los sentidos espirituales que viven y vibran dentro del alma humana. Gog y Magog no representan y se presentan en las literaturas bíblicas como un punto y final para la especie humana, sino, más bien, como un antes y un después. Se suele olvidar, mejor dicho, se enseña a olvidar, el gran poder creador que el hombre, por su propio poder de conciencia, tiene para crear la realidad que quiera. Hasta hoy en día, las civilizaciones humanas nacen, se desarrollan y se extinguen por causas externas a la esencia del individuo mismo. Causas que tiene siempre el aroma a enfrentamientos ideológicos, que, a su vez, son fruto de miedos ancestrales. Sobra decir la vena belicosa que corre por la sangre humana. Sin embargo, esa tendencia al eterno enfrentamiento no solo es un espejismo sembrado por un minúsculo grupo que intentan vivir, de generación en generación, del cuento del poder, sino un estadio que debe superar los hijos de los hombres. No es una opción. Es un proceso ineludible. Gog y Magog vienen a corroborar ese proceso de cambio.

   Jesús, su naturaleza cósmica, que poco a poco va emergiendo en las psiques  adormecidas por los cantos de sirena de tantas ideologías, políticas, religiosas y hasta, si me apuran, científicas, no solo mostró el camino para entrar en el Reino del Padre, sino que anunció las señales de esos tiempos.

Jesús y el cosmos
Jesús y su naturaleza cósmica. Las puertas a Gog y Magog

La incredulidad de los tiempos modernos es más acentuada que en aquellos tiempos fantásticos del cambio de milenio, tanto del mil como del dos mil, en los que se creía que el mundo se terminaría en un abrir y cerrar de ojos. Guerras, cataclismos, hambrunas y sufrimientos humanos y ecológicos ha habido en esta hermosa tierra que navega por el océano cósmico, pero esta vez los anuncios son distintos. Gog se acerca al son de las trompetas del Apocalipsis para un renacer a otros mundos, a otros tiempos, a saber, al universo mismo de donde el hombre procede y al que, conscientemente esta vez, mirará, explorará y regresará. En cierta medida, el despertar a la conciencia conlleva, en una relación recíproca, el despertar al conocimiento que nos proporciona el universo mismo.

UN POCO DE CIENCIA CON CONCIENCIA A TRAVÉS DE GOY Y MAGOG

   Sí, la ciencia de estos últimos siglos está despertando del sueño dogmático de la verdad absoluta para caer de nuevo en la senda de la humildad que lleva a la casa común que tiene el hombre con el resto de conciencias que pueblan el universo. De aquel hijo pródigo que se separó buscando su propio camino, hoy, más que le pese a muchos, no se puede entender la ciencia sin el observador humano, sin la conciencia que observa.

Sumergidos en la molécula de la vida
Espiral de la vida

Siempre fue así, siempre será así, pues la creación de la realidad no puede separarse de la conciencia creadora de la que emerge el espacio tiempo que da sentido humano a los procesos de cambio. Ya los antiguos griegos conocían del espejismo de la mente y empezaron a buscar más allá de los sentidos lo que subyace a ellos mismos. El agua, el fuego, la tierra, el aire se fue convirtiendo  en algo más que unos elementos materiales para convertirse en elementos relacionales. La materia no tenía sentido sin las relaciones que surgían entre ellas y es el sujeto humano quien, a través de su psique, es capaz de encontrar lo que sus ojos no ven y, hoy diríamos, más que encontrar, crear.

   Gog y Magog son ciencia desde el punto de vista que aborda un hecho que no solo es posible, sino, lo más acuciante, probable. En la sociedad moderna se pierde la pista a los cielos y al lugar de la tierra en el universo. Preocupadas las últimas civilizaciones en cómo explotar los recursos de tan noble planeta como es la Tierra y cómo los hombres dominarse mutuamente entre sí bajo los falsos prismas de ideologías de todo tipo, olvidan y hacen olvidar a sus integrantes que los hijos de los hombres no solo no están solos en este universo infinito, sino que la semilla de lo que son, su particular ADN,

La vida recorre el espacio
La vida recorre el cosmos

ni siquiera pertenece a este mundo. Hay que ser un poco engreídos para mantener la posición de una tierra primigenia en el orden de la vida. Hay que ser muy vacuos para pensar en un Dios tan débil para crear una criatura tan bestial como es la criatura humana. Pero, como decía, Gog no viene para destruir, sino para reconstruir. Como se plasma en un pasaje, Gog no solo sería portador de destrucción, sino de vida. Así es.

POR QUÉ LEER GOG PARA ENTENDER A GOG Y MAGOG

   Más allá del placer de leer a J.J. Benítez, que siempre es un gusto, al menos para quien escribe y de seguro para otra legión de seguidores suyos, Gog y Magog no son solo elementos de una estructura literaria sin ton ni son. No son leyendas mitológicas que habríamos heredado como fábulas para encantar a nuestros miedos, sino que son relatos atemporales que advierten de lo ineludible, un cataclismo cósmico.

Recuerdos
Memorias olvidadas

Es tan corta la vida humana que, junto a una especie de atrofia de la anamnesis, esa capacidad de recordar vidas pasadas, pareciera que la vida cósmica de este hermoso planeta azul fuese algo ajeno a la conciencia de cada individuo en su propio tiempo vital. El hombre de nuestros días, en su gran mayoría, vive sumergido en su propia modernidad, intentando sobrevivir a los cantos de sirena de todo tipo de consumismos, desde los materiales a los ideológicos, que ha olvidado mirar las estrellas con los ojos del corazón. No solo eso, sino que ha confundido  a mensajeros siderales con linajes humanos, demasiado humanos. El más notable, la figura de Jesús de Nazaret.

  A nadie, con un mínimo de sed por conocer sus propios orígenes más allá del linaje familiar, y serpeando la siempre tergiversada y manipulada teoría de la evolución, puede extrañarle que el hombre, que la especie humana, junto a los millones de especies que pululan por el maravilloso planeta azul, es hijo de las estrellas y que el cosmos, en su conjunto, es una danza cósmica donde el proceso de la vida no se detiene con la muerte. La vida es creación y esta se desarrolla en eternos procesos de cambio y transformación. La muerte es un espejismo de la consciencia cuando aún no ha bebido de la conciencia que es.

   Leer GOG, de J.J. Benítez, con una mente abierta puede ser el detonante para comenzar a ver y entender el mundo no desde la perspectiva catastrofista que invade las redes y que sumergen al individuo en más miedos, si cabe, de los que le siembran a diario todo tipo de poderes, sino para comenzar a fijarse que la luz que vino a traer Jesús de Nazaret no es de este mundo, sino que proviene del Reino del Padre.

despertar leyendo
Libros para despertar

Ese Reino cósmico donde hace ya muchos eones conoció la esencia de la creación y del Padre y Madre que es Amor. Leer GOG es, en cierta medida, comenzar a navegar por los espacios infinitos del universo de la mano de  J.J. Benítez, uno de los mayores y más sinceros defensores del Jesús que vive más allá de la Iglesia terrenal.